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GANA RAJOY

martes 28 de junio de 2016, 10:23h
El pasado 28 de abril, Luis María Anson publicó en el diario El Mundo el artículo, con este mismo título...

El pasado 28 de abril, Luis María Anson publicó en el diario El Mundo el artículo, con este mismo título, que reproducimos a continuación. Vale la pena releerlo ahora, dos meses después.

El resultado de las elecciones del 20 de diciembre debe resumirse así: 123 diputados a favor de Mariano Rajoy; 227 diputados en contra. El presidente supo difuminar el descalabro de los 63 escaños perdidos y se dio cuenta de que solo unas nuevas elecciones podían evitar que lo escabecharan. Planteó una gran coalición entonces inviable, se negó a que le vapulearan en una sesión de investidura, atizó las disensiones internas de los otros partidos, los lanzó a las contradicciones internas, los desgastó en negociaciones estériles y los cubrió de miseria. Y ganó la partida. Salvo una finta de última hora, el pueblo español se dispone a pagar la carísima factura económica de las nuevas elecciones -200 millones de euros en cifras reales- y dedicar el último domingo de junio a visitar las nuevas urnas que han venido a certificar el fracaso de los partidos políticos.

Mariano Rajoy encontró apoyo indirecto en la actitud de Felipe González y otros barones del PSOE, sobre todo Susana Díez, que prohibieron a Pedro Sánchez el acuerdo con Podemos. El líder socialista tenía claro, y así lo manifestó, la constitución de lo que él llamaba Frente Progresista, es decir, un Frente Popular, en el que, según González, el partido comunista Podemos pasokizaría al PSOE. Pedro Sánchez intentó entonces la pirueta de pactar con Ciudadanos y esperar en la investidura la abstención de Podemos con el señuelo de que lo principal era desmontar a Rajoy de la presidencia del Gobierno. No consiguió su propósito porque Pablo Iglesias, fracasado el proyecto de Frente Popular con una suculenta supervicepresidencia para él, se alineó en la carrera hacia las nuevas elecciones. Creía entonces, y tal vez sigue creyendo, que la alianza de los dos partidos comunistas, el clásico, Izquierda Unida, y el del siglo XXI, Podemos, significaría el sorpasso, relegando a un tercer lugar al PSOE. Iglesias tiene ahora muy difícil la suma de confluencias, incluida la de Izquierda Unida, pero está claro que va a intentar consumar la maniobra.

No reconocer la habilidad de Mariano Rajoy en los últimos cuatro meses sería perder el sentido de la objetividad. Por el momento, ha salvado la cara y la silla curul de Moncloa. A España le hubiera convenido que el PP apoyara a Pedro Sánchez en la segunda sesión de investidura. El PP se habría quedado con el control del legislativo en el Congreso y en el Senado, evitando nuevas elecciones y el feroz desgaste de los partidos. En Rajoy, como en Sánchez, como en Iglesias, predominó el personalismo y el interés partidista sobre el interés general. El espectáculo circense al que los partidos políticos han sometido al pueblo español entre estúpidas cabriolas y piruetas absurdas ha acentuado el asco generalizado con que la sociedad española distingue a la clase política.

Mariano Rajoy ha ganado el primer tiempo del partido y cree que, por miedo, se producirá una reacción del electorado que se abstuvo el 20-D, lo que permitiría al centro derecha -PP y Ciudadanos- encaramarse con mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. Tal vez tenga razón el presidente, aunque son muchos los analistas que razonan sus dudas sobre lo que puede ocurrir en el segundo tiempo del partido que se está jugando sobre el estadio ibérico.