El fin de semana es aquella parte de la misma que se convierte en larga y tediosa por cuanto se sufre la ausencia del stress, se incrementan las horas de sueño, incita a trasnochar, a cantar y viajar y demás cansinas actividades. Pero particularmente el finde obliga a poner en movimiento las neuronas para idear planes con los que ocupar tantísimo tiempo disponible. ¡Con lo fácil que es madrugar, trabajar, comer, trabajar, dormir!
Mi modesta, pero generosa, pretensión es actuar de samaritano para tanta gente adocenada por la modorra, carente de programa con el que afrontar el durísimo viernes noche unido a los interminables sábado y domingo.
En todo caso no es aconsejable que nuestro lector sume en mismo fin de semana todos los planes que aquí se proponen, a riesgo de sufrir ictericia, coma etílico o cualquier enfermedad neurológica.
Un buen sábado debería comenzar por hacerse un Mercadona o un Carrefour, con carrito 3 x 3 de provisiones de tracción en las ruedas delanteras. Tras depositar en el maletero del coche las viandas y demás productos, se puede tomar una pizza industrial con cola de barril o una burger imperial con patatas sabor a hiel. Justo por el tiempo suficiente para alcanzar el cénit del placer que lleva por nombre… Ikea, el Thor contemporáneo, deambulando por sus pasillos de diseño manierista.
Quedarse en el sillón con un cajón de palomitas no es tampoco una mala salida, por más que produzca alguna hinchazón. La televisión con una de Bruce Willis a mediodía seguida de un cine de barrio, de la repetición de un programa de supervivientes y de un espacio en el que luchar a ver quién grita más alto o quién miente mejor… no está mal tampoco.
Aunque también es posible calarse los cascos siete horas consecutivas para escuchar rap, a ser posible a volumen rompedor. O ponerse un serial de entrevistas a jugadores de fútbol con sus grandes aportaciones a la lingüística. O salir por carretera a la hora correcta para pillar el atasco de ida… y si es posible el de vuelta, eso sí ataviado con chancletas y camiseta de tirantes. Pero la mejor opción es el compendio de todos los planes, un macrocentro comercial con niños por doquier, máquinas tragaperras cantarinas, mesas de deglutientes de gambas de laboratorio, tiendas en rebajas y desfiles de miles de personas dándose codazos para avanzar.
Continuará.