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TRIBUNA

La Misión

sábado 09 de julio de 2016, 19:31h

Quien haya visitado las misiones españolas de California no habrá visto otra cosa que una iglesia y un jardín adosado, más bien pequeño, y se irá con la idea simplista de que la Misión era algo así como una parroquia donde se enseñaba a los indios a rezar.

Cuán lejos de la realidad se halla esta percepción. Porque la Misión es uno de los grandes monumentos humanísticos de la historia, algo que la Leyenda Negra se ha obstinado en ocultar.

Si en el resto de la América española la ocupación y colonización del territorio se basó en la conquista militar inicial, en el de los Estados Unidos actuales los primeros ocupantes fueron los misioneros. El sistema funcionaba de la manera siguiente: un grupo de frailes, acompañados por una pequeña escolta de soldados avanzaban sobre el terreno, y allí donde comprobaban la existencia de tribus nativas se asentaban, les convocaban y les convencían para levantar entre todos una Misión.

Pero la Misión no consistía solamente en una iglesia y un patio, que era lo que primero se construía. Alrededor de ambos se erigían los edificios para alojar en régimen de internado a los indios nativos. Se construían también aulas, talleres, potreros, cobertizos y todo lo necesario para el aprendizaje y para erigir una comunidad autosuficiente. Y más allá de la parte edificada había campos de cultivo, pastos para el ganado, bosques maderables… todo adscrito al funcionamiento de la Misión.

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La Misión era un gran núcleo para el aprendizaje y la incorporación de los indios a la cultura occidental

Y es que el objeto de la Misión era no solo cristianizar a los indígenas. Era, por encima de todo, trasladarles los conocimientos de la cultura occidental: agricultura, ganadería, oficios (herrería, carpintería, talabartería, cerámica, textiles…), artes (música, teatro, danza…), así como la enseñanza del idioma español y de aritmética. La Misión era así una suerte de núcleo de capacitación y de desarrollo regional, y era normal que ocupara decenas de miles de hectáreas.

El horario de la Misión era muy estricto y reglamentado, resultado de la rica experiencia acumulada por los franciscanos, la Orden que en general intervino en los Estados Unidos. Los casi dos mil indios acogidos a la Misión eran gobernados por solo dos frailes, que distribuían sabiamente los tiempos: Había lugar para el trabajo, para el aprendizaje, para el esparcimiento, para el deporte y para el cultivo de las artes. Y, muy a tener en cuenta, por mandato de las Leyes de Indias, el tiempo asignado al trabajo no podía exceder de seis horas.

Al cabo de diez años se había producido un notable cambio en los indios adscritos a la Misión: no solo estaban evangelizados, sino que estaban incorporados a la cultura occidental, de la que conocían sus saberes y sus técnicas. Estaban, por tanto, preparados para autoadministrarse, y eso era precisamente lo que ocurría: la Misión se convertía en pueblo autónomo, gestionado ya por los propios indios. El patio de la iglesia se transformaba en la plaza mayor del nuevo pueblo. Muchas de las grandes ciudades de Estados Unidos deben su origen a una Misión: San Diego, San Francisco, San Antonio… Y en cuanto a los abnegados padres, cumplido su objetivo se trasladaban doscientos kilómetros y procedían a fundar una nueva Misión.

¿No es admirable? Pues así se desarrolló en líneas generales la colonización española de los Estados Unidos. Más tarde llegaban colonos privados que instalaban haciendas en los territorios previamente pacificados por los franciscanos.

Y así ocurrió que cuando España tuvo que abandonar el territorio en el proceso de emancipación de las Américas, los angloamericanos, que avanzaban desde el Este, no se encontraron con tribus salvajes como había acecido en los territorios de la costa atlántica, sino con indios ya civilizados, y no pudieron tratarlos como habían hecho antes los ingleses de las Trece Colonias británicas, brutalmente desplazadores de los nativos, en política diametralmente opuesta a la de integración practicada por España. Solo los nativos que no habían sido culturizados en las misiones españolas fueron las víctimas de las conocidas batallas entre colonos e indios en el oeste de los Estados Unidos.

El resultado es evidente: Al este del Misisipi, donde habitaron los ingleses, apenas quedan indios. Al oeste del gran río, el área más acendradamente española, los indios han sobrevivido, y hoy forman comunidades plenamente integradas en la nación estadounidense. Esta labor de supervivencia de las tribus indias es obra de España y de sus misioneros, porque era España quien enviaba, costeaba y mantenía a los misioneros y a las misiones.

Borja Cardelús

Hispanista y escritor

BORJA CARDELÚS es hispanista y escritor

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