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El próximo Consejo Europeo

domingo 15 de junio de 2008, 21:05h
La agenda del próximo Consejo Europeo, convocado para los días 19 y 20 de junio, ha sufrido un radical cambio, ya que las discusiones sobre energías, aumento de los precios e inmigración han sido pospuestas para tratar un tema más delicado: el futuro de Europa tras el rechazo irlandés al Tratado de Lisboa. El nuevo tratado había sido pactado para que la Unión Europea resultase más adecuada a las nuevas realidades. Sin embargo, Irlanda, único país que ha decidido celebrar un referéndum, ha votado a favor del “no”; lo más preocupante es que es una señal de que si se celebrasen consultas populares en otros países europeos, el resultado sería, probablemente, similar. “No se puede construir Europa sin el consenso de los ciudadanos”: parece evidente que la UE se ha convertido en una estructural institucional lejana y casi abstracta, poco atractiva para los ciudadanos europeos. Los mandatarios de los países miembros no deben minusvalorar el malestar de la población europea, incapaz de identificarse con un proyecto distante y “oculto”. Sin las necesarias explicaciones, los tratados se perciben como una penalización o de dudosa utilidad. De hecho, un referéndum sobre asuntos europeos, como certifica la escasa participación irlandés, resulta poco atractivo y sin arraigo en la propia realidad cotidiana.

Los jefes de Estado y de Gobierno deberán idear una manera para obviar las dificultades consecuentes al resultado irlandés y salvar Europa de una renovada crisis de confianza. Las recetas aplicadas en el pasado no parecen viables o, al menos, no de forma rápida. La tentación de seguir adelante “como si nada hubiera pasado” es muy grande: los líderes europeos reconocen la necesidad de realizar nuevas reformas para que la UE ampliada funcione. Pese a que el presidente francés Nicolás Sarkozy, artífice del Tratado de Lisboa y ocupante de la presidencia de la Unión a partir de julio, sigue tachando el no irlandés como “un incidente que no tiene que convertirse en una crisis”, el problema podría agrandarse frente a las resistencias británicas y checas, países que aún no han ratificado el tratado y que nunca se han mostrados entusiastas para este proyecto.

Finalmente, en la próxima cumbre parece probable que se discuta de los mecanismos necesarios para seguir adelante con el proceso de ratificación parlamentaria, teniendo en cuenta las presiones franco-alemanas para atravesar esta vía y sobre todo que quedan sólo ocho países por ratificar. Si los 26 completarían la ratificación antes del final del año (como estaba previsto), Irlanda se encontraría contra las “cuerdas” y, frente a la máxima presión, tendrá que pensar una manera para aprobar el Tratado. Sin embargo, de momento parece que la Eurocopa sea la única institución europea que goza del respaldo popular y del consenso político.
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