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TIRO CON ARCO

No disparen al pianista

Dani Villagrasa Beltrán
domingo 17 de julio de 2016, 18:08h

Hacía buena noche para pasear por Madrid. Al final de la calle Almirante, hacia Recoletos, ya se distinguía la terraza del Café Gijón en la que nunca nos habíamos sentado. Tampoco adentro, en la sala, donde a esas horas no había ya nadie. No es cierto que ya no se vaya a los cafés, lo que ocurre es que ya no se llaman así. Los hipsters van a lugares como La Bicicleta, en Malasaña, a echar la tarde delante de sus ordenadores portátiles. A mirar y dejarse ver. Lo que sí que es cierto es que la tertulia como tal ya no existe. Toda la tertulia de hoy está en Internet. Pero bueno, un poco por casualidad, nos hicimos con una mesa afuera, bajo esos humidificadores que nos duchaban a cada momento.

Subido a una tarima, un pianista tocaba melodías muy reconocibles, el muzak de fondo que sirve de colchón sonoro para las conversaciones y las risas. Están siempre, estos pianistas, en las terrazas un tanto atildadas o en los halls de los hoteles caros, tocando invariablemente las mismas canciones fáciles de tatarear que nadie escucha. Pase lo que pase, siguen tocando impertérritos, como ajenos al mundo, en otro plano de la realidad. Ya estaban en aquellas cantinas del oeste americano que hemos visto en las películas –el Gijón lo hemos leído en los libros- en las que, en medio de tremendos tiroteos y refriegas de botellas rotas y taburetes por los aires, siguen tocando impasibles, como si la cosa no fuera con ellos. Sin fallar una nota, sin dejarse llevar, aunque solo sea un momento, por melodías que realmente les gusten. Tocando siempre lo mismo, como si la música fuera un castigo, ante un público indiferente.

No sé cómo salió en la conversación que el Vesubio seguía activo y que era el volcán más vigilado de Europa. Que los sismólogos pueden avisar de que va a haber una erupción inminente, pero en esa ciencia lo inminente puede tardar uno o cinco u ocho meses. “¿Crees que habría gente que se quedaría?” Y me quedé pensando.

Sí, supongo que hay gente que se quedaría. Un poco como los pianistas de las cantinas del lejano oeste siguen tocando entre el fragor de la balacera o como esos turcos que se quedaban de pie en el Puente del Bósforo, en Estambul, mientras los militares golpistas lanzaban ráfagas de disparos este viernes. También el cámara se quedaba detrás de su aparato para que pudiéramos verlo los insomnes, de madrugada. A veces, ‘te toca’ estar ahí y no quieres irte, o no puedes irte, o las dos cosas.

Yo me voy a descansar unos días. Felices vacaciones a los que las tengan.
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