POCO A POCO
De cobardes e ineptos
Borja M. Herraiz
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borjamotaelimparciales/10/5/10/22
lunes 18 de julio de 2016, 17:41h
Actualizado el: 18/07/2016 18:34h
Nada, que la Unión Europea y su inefable equipo diplomático no aprenden. En los últimos tiempos, ni han sabido gestionar la inestabilidad en Oriente Medio, ni han metido mano en el avispero libio, ni han sabido estar a la altura de la mayor crisis migratoria desde la II Guerra Mundial, ni han sabido capear el temporal del Brexit.
A Federica Mogherini ni está ni se le espera. A medio camino entre la torpeza mayúscula y la inoperancia reiterativa, la 'ministra' de Asuntos Exteriores de la UE no da una a derechas y el pasado viernes, con el mundo entero mirando a lo que acontecía en Turquía, volvió a evidenciar las gravísimas carencias diplomáticas de esta familia comunitaria nuestra construida a golpe de fachada y del revés.
No fue hasta que Barack Obama en persona -no su portavoz, no su jefe de gabinete, no su primo- condenó enérgicamente el intento golpista (Rusia e Irán también se apresuraron a hacerlo en defensa de su amigo Erdogan) cuando Bruselas se mojó y lo rechazó de pleno también. A buenas horas, mangas verdes. Hasta entonces, sólo un tibio comunicado repleto de eufemismos apelando al respeto a las instituciones democráticas, que en plena asonada militar suena casi a "Señores, dense ustedes de palos pero no salpiquen que acabamos de limpiar", por parte del gabinete de la italiana fue el único síntoma de que alguien seguía de guardia a esas horas en la capital comunitaria.
Si la prudencia o la responsabilidad hubiesen sido la motivación detrás de la demora a la hora de tomar partido, podría hasta dejarse pasar. Pero, no nos engañemos, fue puro y duro oportunismo. De haber triunfado el golpe, me atrevo a apostar a que la UE no habría visto con malos ojos el derrocamiento de un líder que, aunque elegido democráticamente por los turcos, ha optado por la deriva autoritaria y confesional lejos de los principios de Ataturk, padre fundador del país.
Es inaceptable que un acontecimiento de semejante magnitud, que tiene por protagonista a un socio estratégico para la UE en una región y en un momento tan convulsos y tratándose de un vecino tan relevante como incómodo a la vez, coja a todo el aparato diplomático comunitario en fuera de juego. La falta de eficacia y eficiencia en el seno de las instituciones europeas, cuyo presupuesto se cifra en miles de millones de euros que salen de nuestros bolsillos, clama al cielo y un día de estos nos costará algo más que la enésima cara pintada por parte de Washington, Moscú o Pekín.
No podemos aspirar a ser un actor de primer orden cuando se llega tarde y mal a cualquier tablero de juego. El hacer de pez rémora con las decisiones de la Casa Blanca no sólo pone de manifiesto cobardía, sino una asombrosa falta de previsión y clarividencia a la hora de abordar crisis que, esta vez, nos pillan a las puertas mismas de nuestras fronteras comunitarias, por lo que no es descabellado calificarlas como propias.
No es de extrañar que afloren los países que quieran recuperar las riendas de su política exterior ajenos a los desmanes de Bruselas. Mucho menos asombra que el primero en tomar esta línea haya sido Reino Unido. Hace tiempo que la UE empezó a cavar su propia tumba creyendo que el lavarse las manos y dejar que otros arreglen el desaguisado es lo correcto o, como poco, lo más beneficioso.
Si Bruselas de verdad quiere creerse aquello de ser un actor geopolítico de primer orden tiene que tomar cartas en el asunto, ser diligente, meter el bisturí donde requiera y bajar a las trincheras de la diplomacia a enfangarse con los problemas derivados de la intrincada política internacional actual. De nada sirve regodearnos en pasados donde éramos el epicentro del mundo. Es hora de hacerse valer y estar a las duras y a las maduras, con voz propia, rotunda e implicada. Nada de quedar de ineptos y cobardes, que es lo que proyectamos hoy en día para desesperación y vergüenza de muchos.
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Jefe de Internacional de El Imparcial
BORJA M. HERRAIZ es jefe de Internacional en El Imparcial
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