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TRIBUNA

Lecturas de vacaciones (III). La Guerra Civil ¿cómo pudo ocurrir?, de Julián Marías

Alejandro San Francisco
martes 19 de julio de 2016, 20:23h
Actualizado el: 19/07/2016 20:47h

Los días cercanos al 18 de julio evocan muchas cosas en España y además extiende su significado a otros lugares del mundo. Después de todo es una fecha que desde 1936 tuvo un impacto inmediato no sólo en la península, sino que traspasó sus límites hasta despertar preocupaciones y compromisos -incluso de vida- en muchos otros lugares. Sea por razones políticas o religiosas, por los mitos que involucró y los significados que tenía -o se le asignaban- la Guerra Civil Española marcó a toda una generación y su desarrollo y resultados determinaron a la España que efectivamente conocimos en el siglo XX, con toda su estela de logros y dolores.

Han pasado 80 años y muchos recuerdan. Pero también hay quienes proyectan y procuran renovar el significado de la república, aunque en medio de una nueva monarquía y de mucha agua que ha pasado bajo el puente. Y muchos muertos, y sangre y odios. Pero también grandeza, vitalidad, esperanza. Y seguramente -como resultado que querría haber evitado muchas cosas- un país que hoy es considerablemente mejor que aquel que se enfrentó en guerra fratricida hace ocho décadas.

Son muchas las lecturas que se podrían recomendar sobre la guerra civil. Quizá cada uno tenga su preferencia, sus inclinaciones o sus propias pasiones e incluso obsesiones. Además las aproximaciones al asunto son variopintas: desde la literatura -poesía o novela, por ejemplo- a la historia, pasando por la ciencia política o la filosofía. En fin, podemos "ir a la guerra" por muchos caminos. Pero me parece que hay un texto que, por lo breve y profundo, merece un lugar entre las lecturas recomendadas sobre el gran conflicto fratricida: es la obra de Julián Marías, La Guerra Civil. ¿Cómo pudo ocurrir? (Madrid, Fórcola Ediciones, 2012, con Prólogo de Juan Pablo Fusi).

Se trata, sabemos, de una de las figuras más luminosas del pensamiento español en el siglo XX, que además vivió y sufrió en carne propia el conflicto, como escribe en el Volumen 1 de sus Memorias (Madrid, Páginas de Espuma, 2008). Años después decidió reflexionar sobre la guerra civil, preguntándose por las razones del absurdo de su existencia, planteando una aproximación notoriamente difícil: "La única manera de que la guerra civil quede absolutamente superada es que sea plenamente entendida, que se vea cómo y por qué llegó a producirse". Para ello resulta crucial comprender cuándo y cómo comenzó "la idea de la radical discordia" que condujo al estallido del conflicto, pero no mirada como una simple discrepancia, sino que "la voluntad de no convivir, la consideración del 'otro' como inaceptable, intolerable, insoportable". Para ello había varios elementos circulando por la sociedad española, como el anticlericalismo o el clasismo, a lo que se sumó lo que Marías denomina la "oposición automática", es decir una capacidad apriorista de oponerse a todo.

Todo eso, que ya era bastante, fue completado por un problema mayor: en España no existía "entusiasmo, conciencia de una empresa activa, capaz de arrastrar como un viento a todos los españoles y unirlos a pesar de sus diferencias y rencillas". Todo ello cristalizó en medio de dos fracasos: el fracaso "de la sublevación" que chocó contra el fracaso "de sublevarla": "La prolongación de los dos fracasos, sin rectificación ni arrepentimiento, fue la guerra civil".

Las consecuencias morales quedaron a la vista, como era la aceptación de todo con tal de que fuera "de mi lado", a lo que sigue el "envilecimiento" propio de las distorsiones morales, la sed de venganza, la repetición del odio, que se manifestaba en forma de propaganda o de retórica bélica, que aparecía edificada sobre la "justicia" o incluso sobre el amor patrio. Como dice Marías, millones de españoles vivían enloquecidos de "entusiasmo patriótico, dedicados a destruir a España por amor a ella". Paradójico y real, como la guerra civil misma. Odio que se prolongó después de terminada la guerra, pero sin que muriera "el espíritu de guerra".

Finalmente, concluye el filósofo español, no basta con comprender la guerra, sino también su prolongación, lo que nos lleva a un último peligro: "que nos vuelvan a contar la guerra desde la otra beligerancia, desde las otras mentiras". No basta hacer o ganar la guerra, sino que es preciso "edificar adecuadamente la paz". Esta es la empresa del presente: "darnos cuenta de que necesitamos vencer a la guerra, curarnos, sin recaída posible, de esa locura biográfica, es decir, social" que llegó hace algunas décadas.

Hay frases lapidarias que merecerían una reflexión mayor: "el republicanismo se encontró sin porvenir desde el primer día"; o la paradoja de que en un momento de extraordinaria calidad intelectual se produjera "una retracción de la inteligencia pública"; el -peligroso- "mimetismo de movimientos políticos extranjeros", como el comunismo y el fascismo, que se insertan en el momento europeo de propensión a la violencia; la existencia de "un heroico cansancio" y una "infinita desilusión". En fin, muchas ideas y conceptos sobre los cuales vale la pena volver para comprender, considerando que es un libro para “pensantes” y no para “militantes”.

Conviene recordar, como señala Juan Pablo Fusi en el Prólogo, que "Marías vivió la guerra al lado de la República -siempre consideró que los agresores habían sido los sublevados- pero de manera crítica". Pero no está ahí lo más importante, sino en otra afirmación de Fusi o Marías, o ambos: el gran drama de España, o bien la causa última de la guerra civil, "fue la división moral del país". Una cuestión de fondo que muchas veces se mira de lado o sencillamente se olvida.

Si la causa última de una guerra civil es "la división moral" de un país es, en parte, porque la edificación de un proyecto político es una tarea moral -una lucha virtuosa por un bien común-, con lo cual la destrucción de una empresa colectiva también representa una falla moral muy grande. Por lo mismo, volver sobre la guerra civil no es simplemente hacer un ejercicio histórico, sino además una labor de pensamiento profundo y de acción positiva. Conocer y comprender la Guerra Civil Española es una tarea todavía abierta, y leer esta obra de Julián Marías es un camino posible para emprender el desafío.

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