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TRIBUNA

Mariano nos quiere gobernar

jueves 21 de julio de 2016, 20:18h

Ciertamente me dio mucha grima al ver las imágenes de Mariano Rajoy en los medios audiovisuales reclamando su derecho a gobernar, el mismo día de la investidura de Ana Pastor como Presidenta del Congreso; mejor dicho, solicitando, casi con lamentos, su supuesto derecho a gobernar el país, dando lástimas a su parentela política y a todo el vecindario de diputados en los pasillos del Congreso. Me recordó aquella famosa canción de “Maria Cristina me quiere gobernar”, que tan famosa se hizo, si bien por otras razones, pues -como todos saben-, al morir el Rey Fernando VII, dejó como Regente a su esposa María Cristina mientras su hija, Isabel II, de tan sólo tres años de edad, llegara ser nombrada Reina de España. Canción que luego también se aplicó, cambiando la letra, a “Francisco Franco me quiere gobernar y los ministros le siguen la corriente”.

No considero que deba aplicarse tal copla a Mariano Rajoy, pues las circunstancias nada tienen que ver con la situación de la Regente María Cristina que se casó, pocos meses después de quedar viuda del Rey, con el sargento de su guardia de corps con tanto ardor matrimonial y pasional, que hasta tuvo ocho hijos durante ese matrimonio regencial, que no regio.

No le deseo a Mariano Rajoy que permanezca más tiempo como Presidente en funciones, sino que se aclare de una vez por todas la situación política en España, pues se hace preciso, justo y necesario –como ahora se dice- que se configure ya un gobierno estable y eficaz para sacar a España de la postración en que nos encontramos. Pero, para ello no bastan las buenas intenciones, los anhelos y suspiros dirigiendo al foro palabras como las susodichas por el propio Rajoy, que desea gobernar; pues, para que no caigan en saco roto, es preciso hacer algo más. Deberán acercarse posturas y bajarse todos del burro ególatra, ofreciéndole algo de paja comestible para que se levante y eche a andar. Diría más, no basta que eche a andar sino a correr de lo lindo, pues están esperando muchos para conocer por donde van a ir los senderos de quien tenga que dirigir el país.

Y es que no sólo al Presidente en funciones le dan tales arranques de deseos irrefrenables de gobernar, pues para tal fin u objetivo se presentan todos los líderes de los diversos partidos políticos en la carrera electoral. Si no, que se lo pregunten a Pedro Sánchez, que ya no cabe en la silla de diputado, moviéndose a izquierda y derecha, mirando a uno u otro lado y repitiendo las palabras que le salieron de su subconsciente del “ahora o nunca”, al preguntarle en la pasada y breve undécima legislatura, sobre qué título pondría a una película, como la que vivía en sus momentos políticos, dando a expresar su afán para conseguir la silla curial de presidente del Gobierno, sabiendo que la oportunidad sólo se presenta una vez en la vida y adiós muy buenas, si se le escapa. Lo mismo cabe decir de Pablo Iglesias, quien ya se veía como Vicepresidente, repartiendo ministerios y prebendas a todo quisque, en la pasada y brevísima legislatura, -como quien dice, llegar y besar el santo- sin poder alcanzarlo, culpando de todo ello al mismísimo Pedro Sánchez, a quien continúa tirándole los tejos para ver si a la segunda va la vencida.

Pues bien, no espere el Presidente del Gobierno en funciones a que le pongan fáciles las cosas tales grupos políticos, abanderados por personas que están en las antípodas del PP. Para ello, tendrá no sólo que pedir milagros, sino realizarlos. Ya no bastan prestidigitadores ni cirios a Santa Rita, como abogada de los imposibles, sino algo más que sólo Mariano Rajoy pueda ofrecer a la concurrencia para sacar el embrollo adelante. Una de tales premisas ya se ha cumplido al conseguir que Ana Pastor fuera aceptada como Presidenta del Congreso, aun a la contra de muchos de sus oponentes.

Ahora le toca el turno para conseguir para sí el nombramiento como Presidente del Gobierno y no sólo manifestando su deseo de que quiere gobernar el país, pues muchas son las acepciones que la RAE dispone sobre la palabra gobernar, y no me refiero a la que indica que consiste en “Manejar a alguien y ejercer una fuerte influencia sobre él”, sino a la de saber dirigir y guiar un país; si bien, previamente, tendrá que ejercer una sabia influencia sobre aquellos que necesita para conseguirlo.

Por favor, le pido al Presidente en funciones que no se refiera otra vez públicamente a qué está dispuesto para que le dejen gobernar, rebajándose hasta tal punto con lamentos impropios de un dirigente. No sea que le canten aquella copla, que pudiera convertirse otra vez en otro hit parade. Plantee más bien qué es lo que está dispuesto a hacer para guiar el país y llevarlo adelante, a fin de que le otorguen la confianza para su investidura. De lo contrario, si continúa con tal guisa, no le seguiré la corriente, porque ¡no quiero que diga la gente que Don Mariano nos quiere gobernar!

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