www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

El contexto de Mariló

Juan José Vijuesca
miércoles 03 de agosto de 2016, 20:34h

No me gustan los contextos por aquello de tener que estar una vez dentro y otra vez fuera, según conveniencia. Así es como se cogen los resfriados. Soy más de evitar enredos y utilizar el castellano de verdad, ese de llamar al pan, pan, y al vino, vino y dejarme de dobles entendederas. Hace unos días he leído que el señor Iglesias (Don Pablo), al parecer ha dicho que azotaría a Mariló Montero hasta hacerla sangrar. ¡Caramba! (léase en aguda exclamación), uno se queda boquiabierto y en el quicio de la Inquisición cuanto menos.

Confieso que yo soy muy de Mariló, no tengo el placer de conocerla en persona, pero me cae bien. Es una chica maja y tiene su donaire cuando se sale del guion, pero ese tipo de despistes, ocurrencias o meteduras de pata resultan banales cuando se actúa con naturalidad de oficio. Y dicho esto, que no viene a cuento de lo otro, pero queda bien, pues está claro que la ofensa hecha por el señor Iglesias es un acto de violentos deseos hacia la integridad de un semejante con el agravante de concurrir la condición de mujer, dicho en ese mismo castellano al uso, que Don Pablo se ha lucido en toda regla. Y es que esto de la violencia de género nos tiene a todos en un brete y claro, la sensibilidad es cosa que tenemos a flor de piel.

Uno se equivoca y pide perdón, que como sabrán es un accesorio que viene unido al propio ombligo (de ahí la frase de mirarse el ombligo) , de manera que nadie nace carente de esa suerte; lo que sucede es que está muy de moda lo de si dentro o fuera de contexto, reitero sobre lo que me refería al principio, cosa que, repito, no me gusta esa doble versión de si lo dije, no me acuerdo, y seguro que fue un robado y no un posado y vayan ustedes a darle vueltas que dije digo y no Diego y si patatín y patatán. Las cosas, si se dicen, se desdicen con la mesura de la humildad y punto. Donde no existe la maldad no cabe ser justiciero, más que nada porque la ambivalencia es algo que tiene una importancia relativa, es decir, pertenecer a la clase política hoy en día es una pantalla de enormes dimensiones y la imagen llega sin retardo a todos los rincones. Por eso, el doblez de valores debe ir siempre antepuesto a la persona mucho antes de lo que ésta, de manera transitoria, pueda estar representando; o sea, no sólo hay que ser la mujer del César, sino también parecerlo.

Diré que tampoco tengo el placer de conocer en persona al señor Iglesias. Me parece un tipo locuaz, instruido en lo suyo y por tanto se le supone capaz de discernir lo que es un yerro de un hierro. Yo al menos le atribuyo lucidez suficiente, lo que sucede es que esta juventud de ahora metida en política viene con muchas prisas y así pasa. Y es que las prisas no son buenas consejeras, que decía mi abuela.

A mí este señor tampoco me cae del todo mal, pero lo achaco a que yo pertenezco al mundo de los modales sincronizados, que es algo parecido a esa prueba de la natación pero sin competir con nadie, salvo conmigo mismo. Otra de las cosas desfavorables en todo este quejumbroso lío, es la poquísima repercusión que ha tenido entre el cupo feminista que nos protege, tanto a hombres como a mujeres, en esa doliente costumbre cada vez que salta a la actualidad un sucedido de parecida alcurnia.

En fin, que somos un país muy raro y para algunos o algunas el alcance de las repercusiones mediáticas lo marcan los índices de audiencias, eso sí, según el personaje y el color del cristal con que se mire, el resto, créanme, es puro contexto.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (24)    No(2)

+
0 comentarios