www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

¿Hay alguien allá arriba?

jueves 04 de agosto de 2016, 18:28h
Actualizado el: 08/04/2016 21:57h

Cuesta un poco entender que pueda haber Alguien allá arriba (o abajo, eso es lo de menos) que con carácter de deidad o Ser divino pueda permitir de una forma aparentemente impasible que se cometan en este mundo las muy numerosas atrocidades y masacres que se están cometiendo en los últimos años y especialmente en estos últimos meses, actos que son contrarios a cualquier concepto o principio que respete la vida, la moral y la dignidad del ser humano.

La gran mayoría de los ciudadanos del mundo están desde horrorizados a perplejos, atemorizados o indignados al ver la proliferación de masivos asesinatos de inocentes que nos asolan en los últimos tiempos. Hayan sido personas de Nueva York, Londres, Madrid, París, Niza, o de distintas ciudades de Irak, Siria, Afganistán, o algunos países del continente africano, el caso es que difícilmente cualquier conciencia humana puede asumir y admitir estos verdaderos genocidios que se hacen sin sentido alguno y sin ningún respaldo o justificación religiosa, y desde luego sin utilidad alguna para nadie, ni siquiera para los que realizan o apoyan este tipo de masacres.

La única solución efectiva a largo plazo para resolver este grave e inquietante problema mundial sería una adecuada educación de todos los ciudadanos en materia de ética, de valores y de tolerancia, ya desde la infancia. Cualquier niño, en cualquier escuela del mundo, debería ser educado en base a unos principios fundamentales de dignidad humana, de valores y especialmente de tolerancia a todos los niveles: religioso, racial, cultural, etc. Se trataría de que pudiera existir en su caso una educación religiosa abierta e interconfesional, y no un adoctrinamiento religioso exclusivista e intolerante. Ésta debería ser una tarea fundamental a asumir en estas próximas décadas en el ámbito mundial, tanto por la ONU como especialmente por la UNESCO.

En cualquier caso, se necesita una solución más inmediata para combatir y tratar de resolver este muy complicado desafío que afecta a nuestra Aldea global. En el corto y medio plazo no queda otra solución que mirar hacia arriba, pero más que en busca de una eventual divinidad que pudiera solucionar el problema, en un allá arriba más terrenal, el de las cúpulas y líderes de las confesiones religiosas, especialmente de aquellas que están siendo utilizadas como pretexto por los fanáticos a la hora de cometer sus genocidios. Desde lo más alto de esas confesiones religiosas se deberían establecer y difundir ampliamente unos principios generales, y en lo posible transversales o compartidos por distintas confesiones, que viniesen a prohibir, condenar, y en su caso a sancionar firmemente, y desde la propia esfera religiosa, la comisión de tales fechorías.

Todos los seres humanos deberían ser conocedores de que son tan graves como prohibidos por unas y otras confesiones este tipo de actos salvajes. Desde hace años venimos hablando en distintos foros con personas de religión musulmana, y en los últimos meses hemos constatado que estas personas son las primeras preocupadas, indignadas, e incluso incrédulas, de que puedan hacerse este tipo de cosas en nombre de su religión, ya que en ningún caso el Corán ni otras manifestaciones escritas del islam podrían permitir y menos justificar este tipo de actos.

Es necesario, por tanto, que desde allá arriba, desde lo más alto de las distintas confesiones, se impulse un diálogo interconfesional y una transparencia religiosa a nivel internacional, que permita poner en común los principios éticos y morales en los que coinciden unas y otras confesiones, así como poner en valor y divulgar a los cuatro vientos estos principios universales, tan contrarios a la violencia, demostrando a los fanáticos y radicales que no tienen ningún respaldo ni justificación alguna desde su propia confesión religiosa, y que desde luego no van a recibir ningún tipo de premio o recompensa en el más allá, sino todo lo contrario, por cometer esas fechorías.

No basta en este contexto con grandes medidas de seguridad por parte de los gobiernos (aun siendo necesarias), ni con el endurecimiento de las leyes y las sanciones penales, y menos con pronunciamientos solemnes y declaraciones políticas de buenas intenciones. Es desde las propias confesiones religiosas donde se pueden combatir y neutralizar de forma efectiva los extremismos irracionales de aquellos que están engañados por dogmas tan falsos como peligrosos

Se hace necesario, en resumen, que los que están allá arriba de unas y otras confesiones religiosas aclaren de una forma general, inequívoca y contundente estas cuestiones, a fin de restituir la tranquilidad y la confianza en las propias confesiones, y a evitar en lo posible esa proliferación de radicalismos y fanatismos que se viene dando entre grandes colectivos de ciudadanos en numerosos países, y que son el caldo de cultivo para actos y hechos fatídicos como los que venimos sufriendo en tantos lugares del mundo en los últimos meses. Se trata, en definitiva, de que unos y otros de los que están allá arriba se convenzan y puedan convencer a los ciudadanos (incluidos los fanáticos) de que en esta Aldea global no existe más que una sola familia: la Familia humana.

Jesús Lizcano

Catedrático de la UAM y cofundador y expresidente de Transparencia Internacional España

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (15)    No(0)

+
2 comentarios