TRIBUNA
La caja de los truenos
viernes 05 de agosto de 2016, 14:11h
“El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas”. Bertrand Russell
Escribía el gestor de fondos John P. Hussman justo después del Brexit, y traduzco literalmente, que “pensemos en la Unión Europea, en su actual estructura enferma, como si fuera un gran esquema Ponzi y que Gran Bretaña es la primera que ha pedido que le devuelvan su dinero”. El esquema Ponzi es un timo piramidal donde las ganancias que obtienen los primeros inversores son generadas gracias al dinero aportado por otros nuevos inversores que caen engañados por las promesas de obtener grandes beneficios. El sistema funciona solamente si crece la cantidad de nuevas víctimas o al menos no se sale nadie.
Y pensarán, ¿qué narices está diciendo este señor? El precio de la deuda pública y privada, el precio de las acciones y el de las viviendas, o incluso el valor del dinero (precio o tipo de interés), se mantiene a unos niveles determinados gracias a la confianza en el sistema que lo sustenta. Es decir, si alguien compra deuda pública a un porcentaje muy bajo (rendimiento o interés) o incluso negativo, no es sólo porque espere que el precio siga subiendo (el precio sube cuando la rentabilidad sigue cayendo) sino que da por sentado que el emisor de turno, Estados Unidos por ejemplo, va a devolver el principal de su deuda sin ningún tipo de duda. Pero, ¿y si de repente esa fe ciega en gobiernos y gestores omnipotentes del primer mundo se pone en tela de juicio?
Como ya hemos comentado en otras ocasiones, la globalización, las políticas (expansivas) de los grandes Bancos Centrales y la modernización de cada vez más tareas y servicios, han traído consigo una caída importante de los sueldos, en particular de los ciudadanos del primer mundo. La producción de ‘absolutamente casi todo’ (agricultura incluida) se realiza ahora en países del tercer mundo -o en vías de desarrollo-, la impresión indiscriminada de dinero para mantener la burbuja macroeconómica devalúa el valor del mismo (esperemos que no impriman más para empezar a pagar la deuda), y la robotización e informatización (algoritmos, robots, internet, etc.) de más y más puestos de trabajo parece que nos va a dejar sin empleo muy pronto a la mitad de la fuerza laboral (insisto: sobre todo en el mundo desarrollado). Entonces, si usted ganara ahora lo mismo que hace 20 años por la enorme competencia, el precio de casi todo fuera el triple que entonces (o x4 en el caso de la vivienda), su profesión estuviera en riesgo de exclusión digital, y le dieran la oportunidad de votar: A) “sigamos con el mismo sistema” o B) “cambiemos el sistema”, ¿qué votarían? Brexit, Trump y los partidos extremos o populistas significan lo mismo: cambiemos el sistema de una vez por todas. Obviamente si preguntan a alguien que ahora gana 5 veces más que en el año 1995 y que tiene varias propiedades ya pagadas, o a quien tiene mucho más que perder que ganar con el cambio, difícilmente pulsarían la B. De los super-ricos de menos de 40 o 30 años, mejor ni hablamos.
Aquellos que salen más beneficiados con las reglas del sistema no quieren que cambie nada y que el mundo siga desequilibrándose. Más y más, sin mesura,… sin pensar en las consecuencias futuras. ¿Quién creen que gana más cuando los precios de los activos inmobiliarios, de las acciones de las grandes corporaciones o de los bonos, se disparan? ¿La clase media o la baja? ¿Cómo podrían proteger sus pocos activos o sus pequeñas inversiones ante la locura de esta élite financiera?
De la misma manera que los super-ricos quieren que los precios sigan subiendo y que no se produzcan cambios significativos en el status quo (“por el bien de todos”, por supuesto), los pobres, la clase media y demás, deberían asegurar lo que tienen comprando un poco de oro físico, que es el único activo financiero que el humano no puede manipular. Comprar una casa ahora, como ya nos animan los periódicos; comprar deuda pública a los precios más altos de la historia (veremos qué ocurre si surgen dudas sobre la viabilidad de la gran pirámide de deuda pública que se ha creado a nivel mundial); comprar acciones a unos múltiplos -precios- insostenibles (en general, ya que hay valores que han caído muchísimo y que son atractivos a estos precios); o comprar dinero en estos momentos, es decir, endeudarse al tipo más bajo -y absurdo- de toda la historia, no es otra cosa que seguir alimentando a la bestia. La élite crece, pero la clase media desaparece. Los primeros protegen sus intereses económicos vendiendo ‘el miedo al cambio’, los segundos podrían hacerlo tomando precauciones, no entrando al trapo y comprando oro, como hace el ciudadano de a pie en la India y en China, por ejemplo. Me da igual que se cumplan mis peores augurios o que los precios de las viviendas, acciones y bonos sigan subiendo, ya que tanto en un caso como en otro, el precio del oro se duplicaría. Y mayor sería la subida (del precio del oro) cuanto más extremo fuera el movimiento de los otros activos, hacia arriba o hacia abajo, por desgracia. Además, cuanto más suba el precio, menos oro físico habrá disponible para la venta, ya que aquel que lo tenga no querrá venderlo, en contra de lo que pasa en otro tipo de activos.
¿Peligroso?, menos seguro está su dinero en la cuenta corriente de un sistema bancario quebrado que no termina de colapsar porque son ellos mismos, junto con los Bancos Centrales, los que mantienen este esquema Ponzi vivito y coleando. Unos y otros confiscarían sus ahorros en cualquier momento cuando lo vieran oportuno, al instante y sin despeinarse, con un simple ‘click’. Aunque el dinero y todo lo que ello significa perdería su valor, ya que sin confianza, no hay sistema: ¿todavía siguen confiando ciegamente en ellos?
Precio del oro = 1/C (C de confianza, cuando ésta colapsa, el valor del oro es infinito).
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Asesor Financiero
NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.
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