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EL MUNDO, AMENAZADO ANTE LAS PROMESAS DEL REPUBLICANO

Lo que haría Donald Trump si gobernara EEUU

Lo que haría Donald Trump si gobernara EEUU
Aliados y enemigos temen que el magnate llegue a la Casa Blanca llevando a la práctica todo su populismo.
Desde que Donald Trump fue oficialmente asignado como candidato del Partido Republicano (GOP) a las elecciones presidenciales de Estados Unidos del próximo mes de noviembre en la convención de Cleveland de hace menos de un mes, las encuestas han ido castigando las aspiraciones del magnate y en estos momentos le otorgan una desventaja de entre 7 y 9 puntos respecto a su rival demócrata, Hillary Clinton.

Sin embargo, es de prever que esta distancia se acorte con el paso de los meses, mitad porque en Estados Unidos las elecciones presidenciales no suelen arrojar diferencias de votos demasiado acusadas, y porque es de esperar que el equipo de campaña de Trump redoble esfuerzos a fin de llegar con posibilidades al próximo martes 8 de noviembre.

Desde el propio GOP, figuras de peso como Paul Ryan o John McCain se han mostrado abiertamente hostiles al empresario, al que el establishment del partido no puede controlar y teme que acabe por radicalizar aún más si cabe al sector más conservador y fagocitar al resto de facciones.

Con esto en mente, cabe la ocasión de hacer un ejercicio de imaginación sobre cómo sería una Casa Blanca con Trump de inquilino a tenor de las promesas electorales que ha venido haciendo en los últimos meses en cuestiones tan diversas y espinosas como la inmigración, la sanidad, la política exterior o la antiterrorista.

Populismo contra el inmigrante


Si con algo se ha cebado Trump a lo largo de los últimos meses, sabedor de que es un asunto que preocupa y mucho a su nicho de votantes, adultos blancos de la clase media y media -baja del interior, es con la cuestión migratoria. Por encima de cualquier otra propuesta, ha levantado especiales ampollas entre seguidores y detractores el asunto del hipotético muro que planea construir entre Estados Unidos y México a cargo de las arcas aztecas para prevenir la entrada de más ilegales latinos. El Gobierno mexicano ha rechazado de pleno, no sólo el proyecto, sino también que este sea asumido por su economía directa o indirectamente.

Trump, por añadidura, quiere triplicar el número de agentes de inmigración y suprimir el derecho a la nacionalidad a los hijos de inmigrantes ilegales que nazcan en suelo estadounidense, contraviniendo el espíritu nacional basado en las oportunidades para todos de un país levantado sobre los hombros de colonizadores británicos, irlandeses, holandeses, alemanes o franceses.

Además, el magnate, cuya principal arma política a lo largo de estos meses de primarias ha sido el populismo y el show, dos espectros que domina, ha adelantado que prohibirá la entrada de musulmanes extranjeros a modo de cordón sanitario para evitar que presumibles terroristas de corte yihadista puedan atentar en territorio nacional. También ha mencionado que deportará a 11 millones de indocumentados. Como no podía ser de otro modo, organizaciones civiles y religiosas han salido al paso con una batería de quejas en respuesta al plan del candidato republicano.

Pero no sólo carga contra la inmigración ilegal. Reino Unido, Alemania y Francia, tres de los países que aportan mayor mano de obra legal cualificada a EEUU, están sobre aviso tras la promesa de Trump de endurecer los visados de trabajo y obligar a las empresas norteamericanas a que prioricen la contratación nacional por encima de la extranjera, además de duras sanciones para aquellas que apuesten por la deslocalización.

El mundo del revés


Donde al principio no parecía mojarse tanto, quizás por desconocimiento, quizás porque los tiempos y rigores de las primarias republicanas exigen abordar asuntos más nacionales, es en lo tocante a la política internacional. A lo largo de los últimos meses, el magnate ha dejado ver cuáles serían sus líneas maestras de cara al exterior, que pasan por reforzar el papel de EEUU como primera potencia mundial, tanto por la vía militar como por la diplomática. De ahí su gran lema de campaña: "Make America Great Again".

En este sentido, ha estrechado lazos con Vladimir Putin, con cruce de alabanzas mutuas, ha dejado entrever una posible salida de su país de la OTAN, o al menos una severa reestructuración de la Alianza Atlántica, delegaría en países regionales y potencias como Rusia la cuestión de Estado Islámico en el avispero sirio-iraquí y sacaría músculo frente a China en lo tocante al comercio mediante la imposición de duros aranceles para el gigante asiático. Aunque, curiosamente, gran parte del merchandising de su campaña proviene precisamente del otro lado del Pacífico.

Asimismo, unos EEUU presididos por Trump exigirían a sus aliados un pago por su protección. En caso contrario, el magnate amenaza con retirar el paraguas de aliado a todo aquel que no asuma el coste de la defensa, algo que podría poner a nuestro país en el disparadero, amén de un centenar de estados más de los cinco continentes.

Tal es el terremoto que está provocando Trump en la escena internacional que hasta Pyonyang se ha congratulado de que un personaje como él pugne por llegar a la Casa Blanca y espera que su victoria ayude a acercar posturas entre ambas naciones. El mundo del revés.

Menos impuestos, fuera ObamaCare


En el frente financiero, aspira a rebajar la carga impositiva sobre las personas, sabedor de que siempre es una buena estrategia para captar votos todo lo tocante al bolsillo. De este modo, eliminará el impuesto sobre la renta para aquellas personas con ingresos inferiores a 25.000 dólares y a las familias que no superen los 50.000 entre ambos cónyuges. Ahora bien, está por ver y explicar cómo pretende el magnate sustentar el sistema financiero de EEUU con esta merma de ingresos por parte de Washington.

Otra de las promesas electorales de Trump que más eco han tenido entre los medios y entre los votantes es la futura demolición, de llegar al Despacho Oval, de todo el sistema sanitario que la administración Obama ha sacado adelante durante los últimos años convirtiéndolo en uno de sus grandes logros.

A juicio de Trump, el ObamaCare es nocivo y contrario al espíritu americano, por lo que no dudará es desmantelarlo de ganar en noviembre y sustituirlo por uno muy similar al que en su día presentó su otrora rival en las primarias Marco Rubio.

Sin embargo, más allá de las propuestas, de mayor o menor calado, lo cierto es que muchas de ellas son casi imposibles de llevar a cabo por la inviabilidad legislativa de Estados Unidos, un país muy descentralizado y donde el Senado y la Cámara de Representantes, con sus respectivos juegos de contrapesos, tienen mucho que decir.

Ahora bien, a lo largo de su vida, Donald Trump se ha caracterizado por cambiar de opinión constantemente y desdecirse de sus promesas una y otra vez, algo que le ha sido de mucha utilidad a modo de supervivencia en el mundo de los negocios, pero que en el de la política, especialmente en EEUU, donde la palabra dada por un candidato es sagrada, puede que esta línea juegue en su contra.