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Obama, entre la globalización y la América profunda

lunes 16 de junio de 2008, 22:50h
En los últimos meses la democracia en Estados Unidos ha dado muestras de una revitalización extraordinaria. Los tiempos difíciles como los que se avecinan en la superpotencia, exigen el gobierno de los mejor preparados, y no cabe duda que los tres protagonistas de la lucha por el poder en los últimos meses pertenecen a esta categoría. Tras ocho años de uno de los presidentes más impopulares en la historia de este gran país, la consigna para el éxito era presentar candidatos que rompieran radicalmente con la imagen actual de la Casa Blanca. Los Demócratas no han podido ser más innovadores, con Hillary Clinton como primera mujer candidata a la presidencia y Barack Obama como primer candidato negro, y frente a ellos un héroe de la guerra del Vietnam que es el candidato de más edad en la historia de Estados Unidos. Con este último los Republicanos también están haciendo una reivindicación importante, pues si nadie debe ser discriminado por razones de sexo o raza para llegar a lo más alto de la política, tampoco debe serlo por razones de edad.

La candidatura de Barack Obama a la presidencia marca un hito en la historia de Estados Unidos, no sólo por ser el primer negro con posibilidades de ganar las elecciones como tantas veces se ha dicho en estos días, sino también por ser el candidato con el perfil menos americano e incluso el menos occidental. Nació en Hawai, de madre blanca y padre keniano de religión musulmana y pasó sus primeros años en Indonesia. Es también un rara avis dentro de la comunidad negra americana, pues no desciende de esclavos y tiene un apellido africano. A pesar de estos antecedentes tan poco característicos del americano medio, Obama supo ganarse un sitio en la elite del país. Se graduó en Harvard y tras unos años ejerciendo la abogacía fue elegido senador.

Como tantos otros candidatos Demócratas Obama ha buscado inspiración en John Fitgerald Kennedy, hasta el punto de emularle mejor que nadie. “No soy el candidato negro a la Casa Blanca, simplemente soy un candidato que es negro”, dijo recientemente, frase claramente inspirada en la de Kennedy: “no soy el candidato católico a la Casa Blanca, simplemente soy un candidato que es católico”. Así Obama resta importancia al factor racial de la misma forma que lo hacía Kennedy con el factor religioso en los tiempos en que la política era un coto vedado para los blancos protestantes. Obama es además un candidato joven, atractivo y muy carismático como lo era Kennedy. Cuando se cumplen cuarenta años del asesinato de Robert Kennedy, el senador Ted Kennedy ha respaldado la candidatura del senador por Ilinois, esperando que con este el sueño americano según su concepción Kennediana vuelva a tomar altura.

Representante del mestizaje racial y del multiculturalismo y además partidario de la retirada de Irak y de grandes cambios en política exterior, no es extraño que Barack Obama haya logrado encandilar a la prensa internacional hasta el punto de convertirse en un fenómeno global. Si se organizaran unas elecciones a nivel mundial para elegir al presidente de Estados Unidos, Obama ganaría por una abrumadora mayoría.

Pero no olvidemos que no es la primera vez que Europa y el resto del mundo se entusiasma con un candidato a la Casa Blanca que finalmente resulta perdedor, ocurrió con Al Gore y muy especialmente con John Kerry. La opinión internacional tiene muy poco que ver con la del americano medio, como mostraron las dos victorias de Geroge Bush. Por lo tanto, Obama que ha ganado ya las elecciones virtuales en el ámbito global, tiene aun que ganarse a la América profunda, para llegar a la Casa Blanca, y esta será una batalla más dura aún que la librada contra Hillary Clinton. El espectáculo continúa.
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