www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

NOVELA

Karl Ove Knausgard: Bailando en la oscuridad. Mi lucha: 4

domingo 07 de agosto de 2016, 17:58h
Actualizado el: 08/07/2016 19:12h
Karl Ove Knausgard: Bailando en la oscuridad. Mi lucha: 4

Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo. Anagrama. Barcelona, 2016. 544 páginas. 24,90 €. La cuarta entrega del ambicioso ciclo de novelas autobiográficas del escritor noruego, se ocupa de su adolescencia con la misma descarnada sinceridad y brillantez literaria que preside toda la serie.

Por Paulo García Conde

Bailando en la oscuridad es la cuarta entrega de una obra ambiciosa como pocas. Recogida bajo el epígrafe Mi lucha, Knausgard renuncia a esconder cualquier intención que integre este proyecto autobiográfico, donde además de un profundo y desnudo repaso de su vida, hace un ejercicio vital de reconocimiento y buceo en una experiencia que en algún momento puede tocar a cualquier persona que se aferre a esta obra con sus dedos.

La cuarta parte de Mi lucha ataca directamente a la adolescencia del autor, quien abandona el hastío de Kristiansand para refugiarse en un pequeño pueblo norteño, donde con tan solo dieciocho años y el título de bachillerato recién obtenido, trabajará como profesor suplente un curso entero, en el único colegio existente dentro del minúsculo cacho de tierra al que ha decidido ir a parar. La ambición que segregan los poros de un Karl Ove resabido en algunas batallas y perdido en otras no se centra en su inminente experiencia como tutor, sino en el objetivo de convertirse, y consagrarse, en escritor. Es esto lo que determina la decisión de irse a vivir a un lugar donde nadie lo conoce, y donde apenas hay nada que hacer. Centrarse en la escritura, romper el cascarón y emerger como el Hemingway noruego que aspira a ser.

Pero la escritura no es capaz de enterrar otras inquietudes con las que el protagonista se ve obligado a lidiar. La adolescencia es una etapa con la que todo ser humano tiene que cumplir, y hacerlo en sus propias circunstancias personales. Las de Knausgard vienen marcadas por la separación de sus padres: una madre cosida a silencios, pero erigida en flotador cristalino en los momentos en que Karl Ove teme al naufragio, y un padre que se desliza hacia el alcoholismo, cuya parquedad y falta de diálogos producen un silencio radicalmente distinto al de la figura materna.

Entre los principales enemigos del adolescente se encuentra también la sexualidad. Karl Ove es un joven con tendencia a dejarse fascinar por las chicas de su edad, que en esta etapa distinta a cualquier otra, en ocasiones son más mujeres que chicas, y en otras más chicas que mujeres. Igual que le ocurre a él, en un terreno que todavía se presenta demasiado resbaladizo e inestable.

Las descripciones de Knausgard son de una desnudez que deslumbra, tanto a la hora de esculpir las relaciones personales que se anudan y aflojan con el paso de los días como de configurar el fascinante paisaje que lo rodea. Recibe ayuda de un entorno que casa a la perfección con las turbulencias irregulares pero notables que percuten en el interior del protagonista, de modo que en muchos pasajes la atmósfera termina convertida en otro personaje más.

Hay algo que convierte este relato autobiográfico en algo más: todo lo que se desprende de él. Karl Ove no es solo un adolescente desorientado con la firme (o quizás no tanto) determinación de labrarse su camino. Evoca a un Holden Caulfield noruego, lo que imprime una pátina de personalidad a un arquetipo de joven literario muchas veces imitado. Aquí no preocupan los patos de una de las ciudades más reconocidas del mundo, sino la incomprensible simbiosis que a veces se da entre el cielo y el mar, la despojada naturaleza que a veces se vuelve abrigo y a veces extraña compañía, o la perenne incertidumbre a la hora de tomar decisiones. Sean grandes, pequeñas o incluso insignificantes.

La voz que relata los hechos pasados es la de un Knausgard crecido, maduro, pero que sabe ceñirse a sus recuerdos con pulso firme y gran determinación. Lo conducen a través de la narración la franqueza y la audacia por conseguir plasmar unas inquietudes que, además de quedar expuestas, sirven para refrendar que la adolescencia no es otro tramo más en el paso por la vida, y que según qué carácter decida o consiga cincelar cada uno, las consecuencias podrán acorralarlo durante mucho tiempo. Es en esos tramos de mayor turbulencia donde la historia se ensombrece, donde Karl Ove baila en la oscuridad que proviene de todos los lugares a los que dirija su mirada única. Una oscuridad que no deja de tener algo de cercano, algo de familiar, y que posibilita con ella ese mismo baile.

Además del obstinado deseo de convertirse en escritor, dentro del cual el autor se muestra certero a la hora de evidenciar las partes de testarudez que integraban este objetivo (y plasmando de manera notable algunos comportamientos que denotan cierta ingenuidad propia de esa edad), también refleja el amor compulsivo por la música. Uno de los sustentos principales en aquella etapa de su vida. Su avidez por comprar discos principalmente de artistas rock extranjeros (algunos tan reconocibles como U2, Talking Heads o Prince), el ansia por escucharlos a todo volumen en aquellos momentos donde las dudas o los miedos pueden atacar con mayor fiereza a un adolescente, describen con poderío el interior de un joven que renuncia (en ocasiones de manera voluntaria, y en otras envuelto en una gran desorientación) a la estabilidad que solo en algunas circunstancias le gustaría alcanzar.

Bailando en la oscuridad habla de la juventud pero no solo de ella, sino de otros muchos factores secundarios que la rodean e inciden en ella. Las relaciones con la familia, con los amigos, con las personas que nos atraen, con quienes forman parte de nuestro trabajo… Podría hablarse de novela iniciática si no fuese porque, en el fondo, toda historia tiene algo de ello. Este relato, más bien, se trata de una apreciable descripción de una época y una etapa que calan hondo, sobre todo cuando llega el momento de echar la vista atrás. Las decisiones que tomamos en el pasado, pero también los actos que nos envuelven sin que nosotros lo hayamos determinado, traspasan el presente y el futuro. Y eso ha sabido ponérnoslo en bandeja Karl Ove Knausgard, con una intención narrativa no solo acertada, sino que trasciende con creces lo puramente autobiográfico.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (8)    No(0)

+
0 comentarios