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ORIENT EXPRESS

Sobre la destrucción de los gitanos en Europa

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 07 de agosto de 2016, 19:47h

En los últimos días se han conmemorado dos efemérides importantes y tristísimas en la historia del pueblo gitano.

La primera fue el 30 de julio, fecha de la Gran Redada de 1749, uno de los episodios más lamentables y repugnantes de nuestra historia. Supuso un punto de inflexión en la persecución sistemática que el pueblo gitano venía sufriendo en España desde su llegada en el siglo XV. Autorizada por el rey Fernando VI y según órdenes del Marqués de la Ensenada, el plan se urdió en secreto y así debía ejecutarse. En todas las ciudades de España los gitanos debían ser detenidos y encarcelados. Los despachos se cursaron bajo orden de no abrirse antes del día señalado. De esta forma se ejecutaría al mismo tiempo en todas partes y los gitanos serían cogidos por sorpresa. Tal como se ordenó, se hizo. Era la última de las medidas encaminadas a la destrucción de los gitanos de España: las expulsiones, los castigos y, finalmente -en ese año infame de 1749- el intento de exterminar al pueblo gitano impidiendo su reproducción mediante la separación de hombres y mujeres, el encarcelamiento y los trabajos forzados. No fue la única política antigitana que se siguió en España. En siglos posteriores hubo instrucciones expresas contra ellos, como la prohibición de servir en los ejércitos o la especial vigilancia que contra ellos debía ejercer la Guardia Civil.

La segunda fecha para la memoria es el 2 de agosto, día en que se conmemora el genocidio gitano -el llamado Porrajmos- a manos de los nazis. En ese día, en el año 1944, dos mil ochocientos noventa y ocho gitanos -en su mayoría ancianos, mujeres y niños- fueron gaseados en Auschwitz-Birkenau. Los nazis ya habían intentado acabar con ellos en mayo de aquel año, pero se encontraron con una férrea resistencia de los presos. Aquellos gitanos encerrados en el campo de la muerte se negaban a dejarse matar. Lucharon con lo que tuvieron a mano: tuberías, palos, ladrillos. Los miembros de las SS que custodiaban el campo no se atrevieron a hacerles frente. Prefirieron esperar y trasladar a otros campos a todos los que podían pelear. Aquel día de agosto mataron a los que quedaban ya indefensos. El odio que Himmler profesaba al pueblo gitano alcanzó así su objetivo de exterminarlos. Las cifras del genocidio gitano en Europa oscilan entre los 220.000 y el medio millón aunque algunos estudios elevan la cifra hasta el millón y medio. A esto condujeron las políticas contra los gitanos, su persecución, y finalmente, su internamiento y muerte en los campos de exterminio (entre ellos, Auschwitz-Birkenau, Belzec, Chelmno, Sobibor y Treblinka).

Deberíamos recordar más a menudo estas dos fechas y hablar más, contar más y escribir más sobre la historia de este pueblo que tanto ha sufrido en Europa. En general, no se suele estudiar en profundidad -si es que se estudia- la gran Redada ni las medidas para acabar con los gitanos que se fueron aprobando desde el siglo XVI hasta el XX en toda Europa. En España, si no hubiese sido por la rehabilitación que hizo la generación del 27 y por la labor de estudiosos del flamenco como Félix Grande -un poeta admirable y un gran humanista- creo que hubiésemos avanzado muy poco.

En España y en otros países de Europa se ha avanzado mucho en la integración de los gitanos. Sin embargo, por desgracia, aún persisten las sospechas, los prejuicios y los estereotipos del gitano. Aún sigue siendo llamativo un personaje como Flores “el Gitano”, el policía de la serie Brigada Central y las novelas homónimas de Juan Madrid, que ya tienen unos treinta años. Todavía hay programas de televisión que perpetúan la camisa negra, el sombrero y la dentadura de oro como única representación icónica de un pueblo milenario. Sin embargo, no pierdo la esperanza de que algún día estos estereotipos quedarán definitivamente en el baúl de los malos recuerdos. Confío en que llegará un tiempo en que Helios Gómez, el fabuloso pintor gitano, será sentido y celebrado como uno de los grandes artistas de España. Espero el momento en que los prejuicios que hoy persisten sobre el pueblo gitano -pobre, perseguido, excluido durante siglos- desaparezcan del imaginario y queden relegados a los libros de historia. Aguardo el día en que escucharemos “Djelem, djelem “, el himno del pueblo gitano, recordando una historia que nadie sentirá ya como ajena, sino como nuestra, porque por las venas de España también corre sangre gitana.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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