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TRIBUNA

Buscando a Pokémon

Juan José Vijuesca
miércoles 10 de agosto de 2016, 20:00h

Confieso que siento devoción por ustedes y por eso me resisto a dejar a mis lectores sin mi columna semanal de los miércoles, aunque estemos incluidos en lo más clásico del verano con agosto haciendo el ídem. De manera que el decorado estaría compuesto por el chiringuito de playa, los espetos de sardinas y el pescaíto, el tinto de verano o la cerveza con su sensual y provocadora espuma; y todo ello, naturalmente, acompañado del excelso diario liberal e independiente como lo es El Imparcial. No me negarán estar ante ese equilibrio terapéutico imprescindible para mantener a buen recaudo las constantes vitales.

Yendo al meollo de lo sociológico, debo hablarles del Pokémon Go; ya saben, este penúltimo fenómeno expuesto al libre mercado y, por tanto, objeto de deseo del personal consumista. Les sonará a ustedes esta moda de perseguir con ahínco a un ser virtual allá donde sea menester hasta conseguir capturar algo que no existe pero que, según cuentan los adictos, cuando das caza a lo invisible es como soltar los adentros en día de legumbres, que no de vino y rosas, precisamente. Yo más bien creo que se trata de una reacción alérgica a nosotros mismos, es decir, un reflejo de lo que somos y de lo que pretendemos en la vida; o sea, cazar un sueño aunque este sea un reclamo y nada más que eso.

No es que resulte frustrante la contemplación de tantos buscadores de esta realidad aumentada sobre la base de un videojuego, es que la iniciativa japonesa tal vez fuera diseñada para colmar otras expectativas mucho más ambiciosas. Los creadores de esta curiosa rareza social, como digo, han conseguido, una vez más, aproximar a los humanos planetarios entre sí a través de ese lenguaje universal como es la oligofrenia mancomunada. Y a fe que está dando pingües dividendos, millones de seres de todo el mundo salen a cazar algo que no se ve pero que se puede capturar sin que los animalistas pongan el antídoto de inmediato. Somos una civilización muy rara y con lo de las altas temperaturas ya ni les cuento.

Pues como les vengo diciendo, al parecer el espíritu de los inventores nipones se basaba en aprovechar esta especie de sonambulismo global para aproximar a los tenaces perseguidores a cuantos museos, instalaciones artísticas, monumentos históricos, etc., es decir, una manera de hacer turismo cultural a la vez que persigues una figuración. La cosa parece funcionar solo a medias, porque lo de cazar al monstruo es un puntazo, ahora bien, no se puede dormir y guardar la era, al igual que el tocar la trompeta y comer, no puede ser; porque el arte en cualquiera de sus expresiones es rico en matices, mientras que pillar a uno de esos Pokémon es como ir a cazar gamusinos de noche y pretender llenar un saco con esos inexistentes animalitos.

Triste tributo se hace cuando se aspira a contemplar a La Gioconda, a Las Meninas o a La Catedral de Santiago de Compostela, y a la vez querer cazar ilusiones a modo de psicofonías al estilo de Iker Jiménez y su Cuarto Milenio, porque lo de enturbiar mentes sometiendo al personal a unas maniobras de distracción, que vayan ustedes a saber la finalidad que persigue el jueguecito en cuestión, parece cosa diseñada para espantar pensamientos impuros.

Así pues, aquí no se trata de concebir el mal, que no, pero cuando unos pocos revolucionan a los muchos y hacen de éstos que transiten por las vías pecuarias del despiste, mucho me temo que el ardid para dominar la faceta más volátil del ser humano y ponerlo a disposición de la marcialidad del Orden Mundial, cuanto menos se antoja una manera de hacer bueno aquél dicho de: “¿A dónde va Vicente?, pues donde va la gente”

En fin, las redes sociales, arma de destrucción de largo alcance, como ya sabemos, se mueven al estilo de un Velociraptor mongoliensis y claro, no he tardado en recibir uno de esos whatsApp que me viene al decoro de lo antedicho: “Hay algo que me preocupa más que el fin del mundo, y es que la generación que tiene que cotizar para que yo me jubile, está cazando Pokémons”.

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