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TRIBUNA

Ejército y poder

José Manuel Cuenca Toribio
sábado 20 de agosto de 2016, 19:39h

Fue lástima grande que D. Jesús Pabón (1902-76) apenas esbozara el plan general de su biografía del lojeño Ramón María Narváez (1800-1868). Si la muerte no le hubiera impedido llevarla cabo, el fresco de las raíces de la contemporaneidad nacional más viva y operativa estaría trazado por varias generaciones, dentro de la enorme e ínsita fugacidad de los estudios históricos, aun de los de mayor porte y enjundia, como fuese el caso de los salidos de la pluma impar del maestro sevillano. Si, sin comparación posible, su obra acerca de Francesc Cambó (1876-1947) fue la biografía política más importante en la trayectoria historiográfica hispánica del último siglo, es fácil imaginar las metas que habría alcanzado el estudio acerca del general granadino, acometido en las postrimerías del luminoso otoño de su fecunda existencia intelectual. ¡La fuerza del talento! Ninguneado, preterido, deturpado, el análisis paboniano de la crisis española de las primeras décadas del novecientos como frustración continua de las opciones moderadas y centristas emerge una y otra vez sobre olvidos, radicalismos e invidencias como clave interpretativa imprescindible para la comprensión de nuestra muy tensionada y, a menudo, lancinante historia contemporánea. No fue así, y nunca podrá, científica y patrióticamente, lamentarse lo suficiente dicha ausencia o, acaso más exactamente, frustración, una de las mayores de las que ritman la andadura cultural de los postreros decenios de la vida española.

Por suerte, empero, en uno de los capítulos de la susomentada biografía de Narváez del que fuera patricio y muy diligente director de la Real Academia de la Historia, intitulado justamente “El régimen de los generales”, su autor acertó a describir de modo insuperable los ejes vertebradores de la impronta e influjo castrenses en la evolución de nuestro último pasado. En tal análisis se encierra todo o casi todo de lo que es por entero necesario para visualizar con nitidez y hondura el protagonismo del Ejército en los destinos españoles del siglo y medio que transcurre desde la apertura de la gran crisis nacional a partir de la contienda anti-napoleónica –qué esperpento y desdicha de su reciente conmemoración bicentenaria, hélas…- hasta su clausura no menos trágica con la guerra civil y la dictadura posterior.

En efecto, ningún otro periodo de la vida española contemporánea como el isabelino para ahondar la esteva en su radiografía castrense, la de los orígenes stricto sensu del denominado poder militar en los anales de la contemporaneidad nacional. Y a fe, desde luego, que la reconstrucción lúcida de la asendereada existencia de “El Espadón de Loja” constituye piedra angular en la construcción de tan esencial como ineludible empeño, según se ha recordar en un próximo artículo.

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