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TRIBUNA

Con Nietzsche en las alturas

sábado 20 de agosto de 2016, 19:41h
Calculando a ojo que la altitud media dentro del perímetro de la M-30 no debe superar los 750 metros sobre el nivel del mar, y que las sedes de los principales partidos, el Congreso, el Senado el Banco de España y el bar Manolo se encuentran circunscritos en este radio, parece orográficamente improbable que alguno de los candidatos cumpla eso que tanto repiten estos días: ‘tener altura de miras’. Ni trepando al cuello de una jirafa del zoo ni subiéndose a la azotea de la torre más alta; simplemente quienes nos pudieran gobernar, hasta que alguno demuestre lo contrario, no están desgraciadamente a la altura. Necesitan de urgencia una escalera larga y otra cosita. Quizá deberíamos concederles unas cortas vacaciones en la alta montaña, cuestión de plantearse nuevas perspectivas. Pero para cumbres, los Alpes suizos. Estando yo estos días atrás en el valle de Silvaplana, entre Maloja y St Moritz, a 1.800 metros rodeada de cimas que alcanzan los tres mil, me topé con el fantasma de Nietzsche justo pegado a mi hotelito, en Sils-María, donde se encuentra su casa-museo. Entre 1881 y 1888 el filósofo disfrutó allí de largas estancias y tuvo revelaciones sorprendentes. Nada menos que le habló Zaratustra, el profeta de la muerte de Dios y del Supermensch (superhombre). ‘Ah Friedrich, bitte, cuéntanos tú que has estado allá arriba qué es un superhombre. En España necesitamos uno, y no lo encontramos’, le pregunté. Y entonces habló así: ‘Será alguien que reniegue del rebaño, de la masa. Sacará de la mochila que lleva a cuestas y que tanto le pesa el cargo, el partido, la federación, la marea, el comité, el escaño, el club de fútbol, la militancia, la secretaría entera y a la discreta secretaria también. Los irá arrojando por el precipicio, sin mirar atrás. Renunciará a los amiguetes, al club, a la casta, a sus propios maestros y a sus eventuales discípulos, a la pensión vitalicia, a la impunidad, e incluso a la mano que le da de comer, porque en la propia superación de sí mismo encontrará alimento suficiente para él y para el resto de los vecinos. Le dejaremos una pequeña botella de agua. Será ante todo un ser valiente. Habrá de liberarse de sus miedos, de su vergüenza, de su pereza y de sus frustraciones, de sus cuentas bancarias, de sus cuentas en redes sociales, de sus complejos, de su moral equivocada, de su religión opresora, de la buena educación, de sus dolores en las articulaciones. Y entonces subirá hasta la cima más alta observando la flora y las nubes cambiantes, sintiéndose ligero y potente. No seguirá otro ritmo que el de sus pasos seguros ni escuchará otras voces más que el silbido del viento. Su mente generará ideas constructivas, su espíritu se llenará de sensaciones puras en comunión con su naturaleza humana, individual y perfecta. Cuando haya acometido esta escalada, el pobre hombre envilecido y terco como una mula que subió a regañadientes, bajará transmutado en Supermensch y dirá, consciente de su misión social en el mundo: ‘with great power comes great responsability’. Entonces podrá descender a pie o en funicular, o bien deslizarse cabeza abajo, como Spiderman, para gobernar, si lo desea, en paz y armonía con sus semejantes por el interés general de unos cuantos millones de españoles’.

Pepa Echanove

Periodista

PEPA ECHANOVE es periodista y miembro de la Asociación-Red de Mujeres Españolas en Suiza.

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