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Colombia, ¿la paz a cualquier precio?

martes 23 de agosto de 2016, 09:55h

Antes de Juan Manuel Santos, hubo otros presidentes colombianos que intentaron negociar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Negociaciones que terminaron en fracaso. No ha sido así ahora, tras un larguísimo proceso desarrollado en La Habana que prácticamente ha llegado a su fin. No hace mucho, Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño, alias “Timochenko”, hoy líder máximo de las FARC, escenificaron en la capital cubana el acuerdo de un alto el fuego bilateral y sin retroceso. No obstante, aún queda por firmar el acuerdo definitivo y ver la manera en que los guerrilleros entreguen las armas, comiencen a integrarse en la vida civil y se habilite su participación política.

Y queda también un elemento esencial del proceso de paz, como es el referéndum que Santos prometió a los colombianos para que ratifiquen o rechacen lo pactado en las conversaciones. En un principio, estaba previsto que se celebrase cuando se firme ese acuerdo definitivo, pero parece que la consulta podría adelantarse y llevarse a cabo aunque no se haya producido esa circunstancia. Ante esa posibilidad, ya están apareciendo diversas encuestas al respecto.

Encuestas que no dejan de inquietar a Santos, hasta el punto de que ha pedido al Consejo Electoral algún tipo de “control” sobre ellas, pues, a su juicio, están generando “confusión”. La “confusión” a la que se refiere el mandatario colombiano es que no está tan claro que vaya a ganar el “sí”, pues el “no” está tomando posiciones, y el expresidente Álvaro Uribe, contrario a las conversaciones tal y como se han desarrollado, se está implicando en este sentido.

Sin duda, la inmensa mayoría de los colombianos quiere firmemente que se ponga punto final a un conflicto que en sus más de cincuenta años de existencia sólo ha traído destrucción y muerte, impidiendo además al país el desarrollo de todo su potencial al estar lastrado por la violencia. Y en este aspecto aplaude lo conseguido por Santos. Sin embargo, no es fácil el voto cuando hay puntos muy espinosos como el alcance de las concesiones arrancadas al Gobierno, y, sobre todo, si implican la impunidad para muchos dirigentes y miembros de las FARC sobre los que pesan presuntos delitos de lesa humanidad. Los colombianos quieren la paz pero quizá no a cualquier precio. La paz, como nos enseñaba Burke, no es lo mismo que la justicia, pero, en un país con separación de poderes y relativa independencia judicial, la probabilidad que las víctimas interpongan todo tipo de querellas y demandas contra los verdugos es muy alta.
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