Snob Obama
martes 17 de junio de 2008, 22:48h
En una pequeña habitación, contigua a uno de los interminables pasillos que daban paso a las habitaciones del el prestigioso colegio de Eton, cinco adolescentes, alumnos del prestigiosos colegio, esperaban con cierta apatía la llegada de un invitado. Finalmente éste llegó presuroso y algo congestionado, llevaba consigo una ristra de libros con los que parecía que estaba haciendo juegos malabares. Uno de los anfitriones se dirigió a él para pedirle el abrigo y mostrarle un sitio donde depositar la pesada carga. Tras sentarse, una vez menos nervioso y calmada su fatiga, los convocantes procedieron a entablar conversación con él. La charla que, en principio podría parecer intrascendente, comportaba realmente una sutil entrevista. En un momento dado, uno de los anfitriones ofreció a su invitado un plato lleno de aceitunas, cuyo ofrecimiento intuyó éste que no podía rehusar de ninguna de las maneras. Mientras el resto del grupo observaba con disimulada indiferencia como aquel nervioso niño masticaba la aceituna que había tomado, charlaron entre ellos sobre cosas triviales. Finalmente, el invitado interrumpió la animada conversación de sus anfitriones preguntando dónde podría depositar el fastidioso hueso de la aceituna. Terminada la reunión, y una vez despedido el invitado, los convocantes decidieron aceptar al snob en el grupo de estudio. Éste mucho más tarde llegó a saber que si hubiese tirado el hueso en alguna parte, lo hubiese escondido o, peor, escupido, habría sido fulminantemente rechazado del club de literatura, sin que ninguna otra cualidad lo hubiera compensado.
Uno de los posibles orígenes del término snob se situaría en la configuración de las listas del alumnado que se realizaban antaño en los colegios y universidades de élite de Inglaterra, en la que, tras el nombre y apellidos del alumno, se incluía su titulo nobiliario o linaje. A los que carecían de tal título o rango, tras su nombre se hacía referencia al termino sine nobilitas (sin nobleza), que con el tiempo fue abreviado por el termino snob, para designar a los incluidos en estas listas con tal determinación. Otro de los posibles orígenes del vocablo pudiera estar en la realización del censo electoral inglés, en el que antiguamente se incluía únicamente a los nobles y a aquellas personas que hicieran aportación a la corona de una determinada cantidad de libras. En el censo electoral constaba, tras el nombre de los inscritos, el título del noble o la denominación sine nobilitas, esta última era utilizada para aquellos que no ostentaban titulo alguno, pero que habían hecho efectiva la correspondiente cantidad pecuniaria.
Por extensión del término se definía como snob a todo aquel que desposeído de nobleza, hacía sus mayores esfuerzos para ser y parecer como un noble y estar junto a ellos. Los nobles solían ver a los snobs como advenedizos, mientras que éstos ponían todas sus energías en formar parte de un régimen de privilegios de los que disfrutaban unos pocos. Los snobs pugnaban por aparentar una mayor posición social y, de esta manera, ser vistos como legitimados para entablar relación con la nobleza. Según Thackeray, el snob era el individuo que hacía lo posible por adquirir la nobleza de la que carecía. El denominado snob se daba por entero a integrarse, a aprender sobre lo que no sabia, y llevaba a cabo una completa revisión de valores en sus gustos y aficiones.
Pero aquellos snobs, alumnos plebeyos, eran becados en aquellos colegios y universidades por sus propios méritos; así como aquellos otros eran censados gracias al dinero obtenido mediante un gran esfuerzo intelectual y de trabajo. Ese plebeyo transformado en snob, por el desprecio de la élite y por sus infructuosos intentos de unirse a ella, me resulta absolutamente respetable. No por el hecho de querer transformarse en parte de una decadente nobleza, si no por su determinación a adquirir todos aquellos privilegios y tener acceso a todas las oportunidades de conocimiento y de trayectoria que con ellos se les otorgaba, privilegios de los que eran merecedores por su propia valía, y de los que hasta entonces estaban despojados, en razón a un arcaico régimen de estirpes.
Sin embargo, en la actualidad el término tiene una concepción completamente diferente a la que le dio origen. El snob es aquella persona que, perteneciente a una élite, sólo quiere tener contacto con los que conforman su grupo de elegidos, y únicamente si aprecia que una persona reúne las características oportunas para su integración en la citada élite, lo considerará digno de mantener trato con éste. Se tiene la creencia de que el snobismo afecta únicamente a las clases sociales altas, pero va mucho más allá. El snob actual ya no hace seguidismo, si no que es un cum nobilitas, que considera que lo que es, hace, dice o piensa él o la élite a la que pertenece, es la única concepción posible del mundo que le rodea y rechaza cualquier otro planteamiento posible. Así podemos observar como el snobismo abarca a todos los segmentos de la sociedad. Todos los movimientos sociales tienen sus snobs, entre los que están incluidos los que atañen a ambientes artísticos, literarios, intelectuales, políticos y profesionales, por citar algunos.
Los snobs necesitan pertenecer a una élite en la que se puedan arropar de su propia importancia y de la que los acompañan. El snob considera como sus iguales a los que reúnen las condiciones necesarias para ser correspondido como su semejante, como parte de los que considera como los mejores. El snob desprecia a los que carecen de las peculiaridades que, según su perspectiva, les pudiera hacer merecedores de admiración. Eso le da la satisfacción de ver a los excluidos como inferiores, lo que colma de gozo su simpleza.
Pero toda esta disertación sobre el snobismo tiene causa en el análisis del ámbito electoral norteamericano. Durante los últimos meses hemos ido siguiendo desde España, con un gran interés, la evolución de las elecciones primarias en Estados Unidos. Una vez que Barack Obama ha salido victorioso en las primarias del Partido Demócrata, frente a la que era la gran favorita, Hillary Clinton, Obama se enfrenta ahora a las furibundas críticas que sobre él hacen, no sólo sus adversarios republicanos, si no también ciertos votantes demócratas, considerándolo ambos como un Snob. Esto es debido a que en la explicación que hace de su política, gracias a su gran preparación, realiza un discurso lleno de contenido, del que quizá el estadounidense medio no sepa captar toda su integridad. Así, podemos observar carteles elaborados por la oposición republicana, en la que figura la foto de un Obama distante y displicente, bajo la que se rubrica: It´s an elitist thing; You wouldn´t understand.
Sobre la consideración de Obama como un snob, estoy completamente de acuerdo, pero creo que es un snob de la primera acepción, al que se le ha ofrecido un plato de aceitunas y ha pedido un recipiente para depositar el hueso. Al que nadie le ha regalado nada, que posee una formación académica insuperable y una preparación política excepcional. Ostenta una posición que se ha labrado con su propio esfuerzo, a pesar de ser de raza negra, circunstancia que aunque parece superada en Estados Unidos, no lo está tanto. Pero Obama no busca la relación de sus iguales intelectuales; tiene una inquietud social y de mejora de su país, que le hace darse por completo a un proyecto político que crea ilusión, y que viene a regenerar la vida política en Estados Unidos. Está claro que Obama tiene una legítima ambición, pero creo que esa ambición no busca el poder por el poder, por el contrario quiere utilizar ese poder para aportar su valía en construir una sociedad mejor, mediante una visión clara de cómo podrían superarse los obstáculos a los que ahora se enfrenta su país. Si existe alguien que no entienda sus planteamientos y lo ataca por ello, creo que también es un snob, pero un snob de la imbecilidad, un tipo de snobismo que parece que también existe.
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Abogado
CARLOS LORING es licenciado en Derecho, diplomado en Gestión Empresarial, y MBA en e-Business por la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE)
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