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La Colombia postbélica

viernes 26 de agosto de 2016, 09:39h
No es exagerado calificar el acuerdo alcanzado por el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) como histórico. La larga negociación en La Habana ha sido ardua y compleja, con no pocos momentos en los que pareció que fracasaría como ya había ocurrido en otros intentos de Gobiernos anteriores. Juan Manuel Santos, finalmente, lo ha logrado. Termina así el conflicto armado más largo de Hispanoamérica, que en sus más de cincuenta años de existencia ha acarreado un espeluznante saldo de víctimas mortales, heridos, desplazados y desaparecidos y ha impedido que Colombia desarrollara todo su potencial lastrado durante décadas por la criminalidad de la narcoguerrilla de las FARC que machacó a un pueblo al que decía defender y sembró el odio y la destrucción en la nación.

No es extraño, pues, que no solo en Colombia, sino en todo el mundo haya sido recibida la noticia de la firma del acuerdo con alegría y se haya producido un prácticamente unánime apoyo internacional a un pacto que las dos partes consideran definitivo. Entre otros mandatarios el presidente norteamericano, Barack Obama, felicitó a su homólogo colombiano. Y, sin duda, no hay que escatimar la importancia de un proceso ahora concluido que traerá la paz a una Colombia que aspira a vivir sin violencia.

Ahora bien, si el proceso desarrollado en La Habana fue arduo y complejo no lo será menos gestionar la paz en la Colombia del postconflicto. En primer lugar, queda la celebración del referéndum convocado para el 2 de octubre en el que los colombianos tendrán que ratificar o rechazar el acuerdo. Un referéndum en el que, según las encuestas dadas a conocer hasta ahora, el “no” está aumentando, y no puede olvidarse que el expresidente Álvaro Uribe, que cuenta con el respaldo de una parte nada desdeñable de la población, está en contra no, naturalmente, de la paz, pero sí de los términos en que se ha establecido el acuerdo.

Algunos de ellos ciertamente controvertidos como el que las FARC tengan asegurados cinco escaños en el Congreso y otros tantos en el Senado en las próximas elecciones para facilitar su integración política. Y, sobre todo, se ve con inquietud que, en virtud del acuerdo, pueda no caer todo el peso de la ley sobre quienes han cometido presuntos delitos de lesa humanidad. De ahí que no es nada improbable que se interponga todo tipo de querellas y demandas contra los verdugos. No en vano ha asegurado la ONG Human Rights Watch (HRW) que el acuerdo presenta notables carencias en cuanto a las víctimas.

Sea como fuera, la Colombia del postconflicto deberá enfrentarse a una serie de enormes retos Como nos enseñó Burke la paz no es lo mismo que la justicia. Ojalá Colombia, tras más de medio siglo de sufrimiento, pueda compaginar ambas cosas.
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