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TRIBUNA

Otras elecciones y el mantenimiento del vuelo gallináceo

Juan José Laborda
jueves 01 de septiembre de 2016, 20:09h

“No creo que pasemos a la historia por el acuerdo que firmamos el otro día. El único que pasará a la historia será usted por provocar que por tercera vez haya elecciones en España.”, le ha respondido Mariano Rajoy a Pedro Sánchez en el debate de investidura, y creo que esta frase resume bien la situación política actual.

En efecto, cuando escribo este texto la tarde del debate, la sensación que tengo no es otra que la dialéctica parlamentaria que he visto en el Congreso de los Diputados no se ha elevado a la altura de las preocupaciones de los ciudadanos.

¿Qué quiero expresar con esa afirmación tan amplia? Pues que los ciudadanos llevan tiempo esperando que la política les ofrezca algo verdaderamente grande, en proporción a lo que son sus preocupaciones, temores, y también -aunque sean muy diversos- sus anhelos y esperanzas. Votar a opciones radicales, no es sólo protesta por las injusticias económicas, sino que es una forma de intentar encontrar en la política las emociones que se echan en falta en la reiterada publicidad electoral, a medias táctica, a medias obediente a las encuestas de opinión. Si muchas veces he criticado que “la demoscopia ha suplantado a la democracia”, ahora, a la vista de lo que está sucediendo, coincido con un ilustrado amigo mío en que nos encontramos en una “democracia boba”.

Los grandes (grave el de Cataluña) problemas políticos que tiene España -sola y junto con la Unión Europea (y por no ir más allá de nuestro Continente)-, los han descrito los oradores del debate de investidura. No nos han ahorrado dramatismo al describirlos, y tanto Rajoy, como Sánchez, incluso, han sobreactuado al valorarlos, quitando y añadiendo a su conveniencia, el alcance de la corrupción en nuestros males institucionales.

Sin embargo, Rajoy ha dejado claro con su frase que el acuerdo entre él y Rivera, el pacto del PP con Ciudadanos para su investidura, vuela bajo, carece de enjundia, apenas emocionará a esa mayoría que aspira a “que la política les ofrezca algo verdaderamente grande, en proporción a lo que son sus preocupaciones”. Efectivamente, decir que “no creo que pasemos a la historia por el acuerdo que firmamos el otro día” traduce el pensamiento de Rajoy como gobernante, radicalmente conservador, en el sentido de situarse en las antípodas de cualquier innovación en sus métodos y objetivos de su gestión como presidente del Gobierno.

El acuerdo de Ciudadanos con el PP tiene, desde luego, puntos muy apreciables. Entre las novedades, resalto la que se refiere al método de elección del Consejo General del Poder Judicial, con el que se vuelve al sistema de elección que se usó al principio de la democracia, por el que los jueces eligen directamente sus representantes, con lo que los partidos políticos, y sobre todo, ¡las asociaciones gremiales de jueces y magistrados! pierden el monopolio de nombrar los miembros del Consejo, y con ello, dejarán de decidir cubriendo los puestos más relevantes de la carrera judicial. La separación de poderes saldría mejorada con ese punto del acuerdo, pero como en otras medidas del mismo, los firmantes tendrían dificultades para obtener la mayoría de los votos necesarios para modificar la ley orgánica.

La diferencia entre el acuerdo del PP con Ciudadanos, con el que suscribieron el PSOE con Ciudadanos en la investidura de Pedro Sánchez, no está en el número de sus coincidencias. Eso es secundario en este momento político. Lo verdaderamente importante está en que éste de ahora es un acuerdo entre partidos complementarios en el espectro centro-derecha, como son Ciudadanos y el PP, mientras el acuerdo del PSOE y Ciudadanos tenía vocación de cambio real, pues se proyectaba hacia un espacio político mucho más amplio, con lo que podía restablecerse el consenso entre las dos grandes culturas políticas, que están inscritas en los orígenes necesarios de nuestro sistema constitucional, y cuya renovación es básica para que nuestro sistema político recupere su capacidad democrática.

El acuerdo PSOE-Ciudadanos lo valoré positivamente en su momento, y debo recordar que tanto el PP de Rajoy, como el conglomerado de Pablo Iglesias, hicieron todo lo posible para que el acuerdo fracasase. Ciertamente, entonces y ahora, Rajoy ofreció al PSOE que se integrase en una mayoría, o en un gobierno presidido por él, pero al renunciar entonces a presentarse a la investidura, esa oferta no tenía más dimensión que un gesto meramente publicitario. En cuanto a Pablo Iglesias y sus conglomerados políticos, al igual que Rajoy, querían debilitar al PSOE, y no pactar con él el futuro político de España.

Si el acuerdo tuviese sólo la dimensión de un mero pacto entre dos partidos de centro derecha (Ciudadanos ni siquiera entra en el Gobierno), tendría razón Pedro Sánchez votando no a ese acuerdo, pues dejaría todo el campo de la oposición en exclusiva a Pablo Iglesias y a Podemos. Ese puede ser el secreto deseo de Rajoy. Pero la situación de España exige al PSOE volar alto, con la misma voluntad que usó cuando, por ejemplo, firmó los pactos de la Moncloa. La UCD de Suárez, en octubre de 1977, era un partido trufado de franquistas, pero el PSOE firmó aquellos pactos por los que, a cambio de enterrar el franquismo, renunció a votar no al gobierno de Suárez mientras se elaborase la Constitución. El PSOE es un partido reformista, y es el único que podrá lograr el gran cambio que necesita España, incluyendo la transformación del PP como fuerza de centro derecha moderna y europea. Esa es la alternativa para Pedro Sánchez y para España.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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