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FASE CLASIFICACIÓN RUSIA 2018- PRIMERA JORNADA

La España de Lopetegui resplandece, hambrienta, ante Liechtenstein | 8-0

La España de Lopetegui resplandece, hambrienta, ante Liechtenstein | 8-0
lunes 05 de septiembre de 2016, 22:35h
Actualizado el: 09/06/2016 12:04h
Bacanal goleadora en el debut oficial de la nueva era de la selección.

El estadio Reino de León inscribió su estela en la historia del balompié nacional como el teatro sobre el que daría sus primeros pasos oficiales el proyecto de Julen Lopetegui, o, de otra manera, la resaca de una selección legendaria que, al fin, entendió que debía pasar página. El anochecer castellano trajo consigo, este lunes, la gestación de un renovado proyecto para la campeona del Mundial 2010. Ante sí, un trámite teórico y envuelto en un contexto de minimizado espacio para la relajación, pues la fase de clasificación para el próximo evento mundialista, que quedaría inaugurada, contemplaba que el primero de grupo obtendría el billete y el segundo viajaría a la indigesta reseca. Con Italia en el grupo, cada partido revestiría trascendencia, por más apariencia de baño y masaje que pudiera susurrar. Y la diferencia de goles también se reservaba importancia, dada la paridad hispanotransalpina que elevaba sobremanera la exigencia de la ruta hacia el campeonato ruso. Por tanto, ganar, golear y gustar constituía el aparataje conceptual de obligado cumplimiento ante Liechtenstein.

 

El técnico vasco eligió introducir un cambio en su enriquecimiento del estilo de toque. Reprodujo el esquema pero eligió a Sergi Roberto por delante de Carvajal. Imaginó el preparador un envite monopolístico en el que enfrentaría a un muro y, en tal tesitura, el blaugrana ofrecería más soluciones y versatilidad si la necesidad coyuntural señalara el uso de extremos como engrase del desatasco. Desde el pitido inicial se desplegó un desafío de templanza y concentración tras pérdida. El duelo se desnudaba con celeridad como una charla unidireccional, con un bloque granítico que intentaría resistir con equilibrio y dignidad, el visitante, y un favorito obligado a brillar que atesoraría la exclusividad propositiva. El pronóstico teórico y la consecución práctica se alinearoon con matices, como la presión española ejecutada antes de edificar el soliloquio en el manejo de la posesión.

 

Liechtenstein reaccionó atrincherándose, con un 4-5-1 energético y cohesionado en su tercio del territorio. Silva realizaba una labor escapista infructuosa entre líneas sin labrar carriles de avance, pues Koke y Thiago circulaban con horizontalidad. Los desmarques de ruptura de Alba y Sergi Roberto, buscando la espalda de los extremos rivales, adquirían carta de bandera ofensiva. Pero, en el entretanto en que el combate adquiriera peso y minutaje, España mordió y se aseguró la placidez idílica. Y lo hizo por la, ya nunca más descontextualizada, variante del balón parado. Una falta lateral forzada por Alba que lanzó Koke y peinó hacia la red Diego Costa fue el relato del decantar goleador acelerado. El testarazo fino y cruzado, hacia el segundo poste, que inauguró el marcador, aconteció en el minuto 9 y descorchó la autoestima del hispanobrasileño, de granero anotador con la zamarra nacional congelado hace dos cursos.

Buchel, austríaco del Empoli, se lanzó a la contra y su chut resultó repelido antes de arribar al área en el primer acercamiento visitante -minuto 13-. Un intento que, a la postre, se entendería como un soberano espejismo. Regresaría a su clausura por acumulación de peones replanteando el escenario para la clase y paciencia españolas. La reducción de espacios era notable y el escuadrón patrio desempeñó el ramillete de soluciones ideado: Vitolo fluctuaba de banda (para erigirse en factor determinante), buscando superioridades con Silva y el lateral de turno; los cambios de sentido de Ramos y Piqué, en busca de manos a mano exteriores, se alternaban con ataques estáticos con periodicidad; la presión adelantada no cedió el pulso, con el fin de volar tras un robo adelantado; y la posición escalonada de los mediapuntas, que se filtraban hacia línea de fondo, pretendía cortar la pegajosa amalgama para conectar con el interior del área. Pero el desacierto en el atino del último pase cercenó la limitada producción de peligro.

 

La posesión navegaba en torno al 70% traspasada la media hora, retratando un ejercicio de dominio y control español impoluto en fase defensiva que, por el contrario, se esbozaba falto de profundidad y continuidad vertical debido a la superpoblación de la medular. Salanovic y Buchel, islotes técnicos en su vestuario, provocaron el estirón posicional de su equipo, que adelantó líneas, a chispazos, hasta forzar un córner inocuo en el minuto 34. Se zanjaría el plácido primer acto con cierto desencanto local, pues el epígrafe de llenar nutrir las reservas de la diferencia de goles se estaba resistiendo y sólo en acciones de pizarra se atisbaban rutas de amenaza. El balón parado resurgió antes del descanso como desatascador. Polverino hubo de sacar bajo palos el chut de Koke tras una jugada ensayada activada por Thiago, que lanzó el córner raso y hacia la frontal -minuto 39-. Antes, el jugador del Bayern centró para que la zaga evitara, in extremis, el testarazo de Ramos. El cerebro desarrollado en La Masía, que porta el 10 y todavía no lo ha asumido, lució gestión distributiva pero resbaló en la ruptura de líneas. Vitolo desempolvaría su mítica antes del intermedio, en el 42, sentando a su par tras localizar un cara a cara con su marcador. El canario centró para que Costa cabeceara con timidez y lejos de diana, pero parecería haber ilustrado el camino a seguir por su seleccionador.

 

Con un discreto bagaje de tres disparos a uno arrancó un segundo tiempo revolucionado por la decisión de Lopetegui y la mano negra del cansancio -azuzado por el clima leonés-. Thiago, todavía atado y sin romper en las riendas del conjunto, dejó su lugar a Nolito. Leyó el entenador vasco la idoneidad de abrir el campo. Para ello eligió la inclusión de dos extremos. La elaboración de profundidad no había pasado por los interiores, incrustados en la frontal en la práctica, así que quiso hacer ancho el ajedrez para complicar la basculación visitante. Alba y Roberto viraron a interiores para ofrecer más conexiones en la circulación que generaran espacios para que los especialistas del desborde hicieran caja pegados a la cal. Ramos, Piqué y Busquets continuarían su transmutación en creativos y la tormenta amaneció. Vitolo avisó tras un cambio de banda: regateó a su sombra con clase y centró para el despeje del meta. Y el portero, Jehle, salvaría la finta de Silva tras una contra al galope del propio Vitolo, sosteniendo a los suyos en el arranque fulgurante español.

 

Había alzado vatios e intensidad España hasta encerrar al integrismo a Liechtenstein. La presión aceleró a asfixiante, con Busquets en tres cuartos de cancha para interceptar las pobres salidas visitantes y Silva mostraba ya movilidad horizontal en la frontal para promocionar el veneno asociativo exterior que hacía naufragar al orden oponente, sufrido contenedor de dos amenazas serias en sus costados. La pelota parada ejercería, entonces y con el plan funcionando con soltura, de telonero. Una falta directa frontal lanzada por Koke delineó una figura hacia la cruceta y la madera redondeó la pintura pero negó el 2-0 al colchonero, arma determinante que entrega una nueva dimensión a la estrategia -minuto 52-. Acto y seguido, el hambre por legitimarse de los nuevos y viejos nombres en el verde y la inteligencia del preparador entraron en coherencia para cocinar una explosión deliciosa de fútbol y goles. En un plumazo de cinco minutos descarriló el partido.




Sergi Roberto hilvanó una pared de seda con Nolito, en medio de una jungla enmarañada de piernas. Estaba fuera de sitio el lateral catalán, pero enfrentó y resolvió la salida del meta con sencillez, definiendo entre las piernas del apurado arquero. El primer gol del semi debutante rubricaba la confirmación de la cosecha nacional evocada por el movimiento de Lopetegui, en el 56. De inmediato, la apetencia nacional se tornó en gula. Una combinación fluida entre Sergi Roberto y Silva entregó la línea de fondo a Vitolo. El sevillista, estelar con espacio y tiempo, conectó su envío puntiagudo con el remate a la red del mediapunta del City. El 3-0 dio paso al cuarto tanto del duelo en la siguiente acción. Robó España la salida de pelota de un contrincante cuya tensión se deshilachó en el segundo gol. Centró Nolito al área para que Costa bajara en envío y cediera con el fin de que Silva regalara el premio al altruista Vitolo. Una nueva circulación plena de calidad técnica, que resplandecía para afianzar un comienzo tan catárquico como valioso, conjugó, en el 60 de enfrentamiento, las bondades que se convierten en evidencias cuando el trabajo crea las condiciones adecuadas.

 

El crepúsculo del debut transformado en homenaje inicial, con puesta en escena ilusionante, estética y efectiva -desde el prisa estadístico-, sobrevino con espacio para el deleite de Diego Costa. Marró un remate tras otra ráfaga de presión que amortizó Sergi Roberto y Busquets también se inscribiría al festín, asomándose a la frontal para disparar desprovisto de puntería -minuto 65-. Y Silva frotaría su maestría filtrando un pase frontal hacia Costa que engañó a la zaga, pues ésta esperaba una apertura hacia Nolito. El delantero recortó a su zaguero, falló en el disparo pero recogió su propio rechace y lo condujo al interior de la portería con un testarazo certero -minuto 66-. El pedigree del goleador provoca ansiar que esta no sea su gran noche nacional, sino un aperitivo de lo venidero.

 

Morata y Asensio disfrutarían de minutos de alternativa por Costa y Vitolo. El precoz centrocampista se estrenó con la absoluta para esquivar pretendientes y el insaciable delantero merengue encontraría su hueco para engordar currículo en un respingo sensacional. Primero, el punta madridista remató entre palos y a las mallas una combinación líquida y conducida por Asensio, Silva y Nolito. Recibió en el pico del área, dribló a su par y ajustó al primer poste -minuto 82-. Y, en segunda instancia, repetiría suerte tras el robo, incorporación y asistencia de Busquets. En este caso descerrajó un zurdazo, desde la frontal, que ajustició a la desolación del guardameta visitante -minuto 83-.

 

Por último, Silva gritaría, de nuevo, su protagonismo y liderazgo técnico en la transición global del vestuario. Se guardó para la recta final la exposición de su exquisita fragancia. Hipnotizó a dos defensores sobre la línea de fondo con un número de zurda serpenteante, tejió una pared con Asensio y batió por bajo al Jehle. La exhibición fue anulada por fuera de juego pero en el descuento se desquitaría con un golpeo rasante y ajustado al poste tras la cesón de Nolito -minuto 91-. España, más resolutiva, vertical y comprometida que de costumbre, desquició a un púgil mentalizado para resistir. La recuperación de los extremos como argucia para abrir el horizonte aliñó los indicios previos (presión proactiva, contragolpe y balón parado) que confirman un arranque esperanzador de Lopetegui en el timón nacional. El despegue de la fase clasificatoria para el próximo Mundial se antoja, sencillamente, inmejorable. Hasta esta altura de calendario y experiencia, la vuelta de tuerca parece acertada. Aunque la exigencia todavía no haya estrujado el modelo. La renovada España vuela antes de adiestrarse en el gateo. Con Italia efilando colmillo a la vuelta de la esquina.



Ficha técnica:
8 - España:
De Gea; Sergi Roberto, Piqué, Sergio Ramos, Jordi Alba; Busquets, Thiago, Koke; Vitolo (Asensio, m.79), Silva y Diego Costa (Morata, m.68).
0 - Liechtenstein:
Jehle; Rechsteinet (Yildiz, m.71), Polverino, Kaufmann, Goppel; Martin Buchel, Marcel Buchel, Salanovic (Wolfinger, m.78), Wieser, Burgmeier; y Nicolas Hasler.
Goles:
1-0, m.10: Diego Costa. 2-0, m.55: Sergi Roberto. 3-0, m.59: Silva. 4-0, m.60: Vitolo. 5-0, m.66: Diego Costa. 6-0, m.82: Morata. 7-0, m.83: Morata. 8-0, m.92: Silva.
Árbitro:
Lee Evans (Gales). Amonestó a Kaufmann (12), Polverino (26) y Hasler (51), de Liechtenstein.
Incidencias: encuentro de la primera jornada del Grupo G de la fase de clasificación al Mundial 2018 disputado en el estadio Reino de León, lleno, con 13.450 espectadores en las gradas.
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