La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, ensalza la “honradez y la honestidad de Manolo y Pepe”, refiriéndose a los dos expresidentes andaluces, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, para los que la fiscalía anticorrupción ha pedido diez años de inhabilitación y seis de cárcel , respectivamente.
En este presunto país, en donde se cotizan al alza los certificados de penales cuanto mayores sean los antecedentes del delinque, todo es presunción de inocencia mientras no se demuestre lo contrario, como no puede ser de otra manera, claro está; lo que sucede es que en este tema de los ERE hay, que se sepa, 741 millones de euros sustraídos a los trabajadores y que a estas horas los billetes estarán dando vueltas en algún que otro presunto bolsillo de otros tantos presuntos beneficiados.
No olvidemos que en derecho la presunción es la afirmación que la ley da por cierta si no existe prueba en contra. Ahora bien, vanagloria y jactancia también son definiciones que pueden hilar para un perfecto maridaje de la tramoya. Lo cierto es que tanto el PP como el PSOE nada tienen que reprocharse en esto de la corrupción, tanto monta, monta tanto; y lo peor es que ni los unos ni los otros aflojan un céntimo de lo presuntamente sustraído. Manda carallo. A este paso tendremos que ser los propios contribuyentes quienes salgamos con sabuesos adiestrados en localizar la trufa negra como remedio más eficaz para la restitución de tanto mangoneo.
A mí la cifra ésta de los 741 millones me dilata las pupilas, sobre todo porque su finalidad guarda estrecha relación con la profunda precariedad laboral en este país. Me parece de una gravedad sin parangón la desvergüenza de aquellos que se hayan lucrado utilizando estos fondos, ya fueren para cursos de formación como para ayudas a personas en trance de mejorar su falta de trabajo. Es un atentado en toda regla hacia la dignidad humana, por eso me parece mezquino teniendo en cuenta la cantidad de personas en paro y familias dependientes de ayudas económicas.
Y claro, uno se pregunta por el papel que desempeñan las organizaciones sindicales de este país, porque mayor expolio hacia los intereses fundamentales de la clase obrera no ha habido otro y sin embargo todo esto no parece ser materia consustancial tan grave como para guardar luto riguroso en favor de los trabajadores. Entonces a uno se le representa la imborrable figura de la juez Alaya, ya saben, mujer vilipendiada, demonizada e incluso hostigada por su quehacer de justiciera ejemplar cuyo mayor pecado para muchos vocingleros residía en que esta señora no paraba de buscar la verdad, destapar lo inmundo e impartir condena a cuantos presuntos anidaban alrededor de este gravoso asunto.
Fue tal el nivel de asedio a la magistrada que la cosa trascendió al plano personal llegando incluso a soportar la censura de otras féminas que la tildaron de top model y poco menos que de exhibicionista. Frases de envidiosas alcahuetas que encontraron respaldo en algunos medios de rigurosa línea editorial. Estaba claro que, desde un principio, la sinuosa maniobra de desgaste formaba parte de una estrategia para dinamitar la íntegra labor de la juez Alaya que a pesar de todo continuó ERE que ERE sin afectarla de donde viniesen los ataques. Ejemplo de escuela a seguir, dicho sea, a pesar de que en este presunto país somos muy dados a obviar méritos ajenos.
En fin, esta nueva lluvia de millones que se “extravía” digo yo que alguien tendrá responsabilidad directa, indirecta o subordinada, puesto que lo normal es que asimilado al cargo no sólo han de ir los colaboradores de confianza con sus cometidos, sino la solvencia de quienes refrendan con su visto bueno en Consejos y Comités un estado de cuentas cuyas cifras, presuntamente, habrán sido rigurosamente tratadas por la ingeniería financiera. Pero claro, aquí el prestidigitador de turno hace el truco y el personal aplaude. Porca miseria.