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TRIBUNA

Descanse en paz

viernes 23 de septiembre de 2016, 20:23h
Actualizado el: 23 de septiembre de 2016, 20:34h
“La juventud es el momento de estudiar la sabiduría; la vejez, el de practicarla.” Jean-Jacques Rousseau

Un poco más, 10 minutos, qué cansado estoy, podría quedarme aquí todo el día, ¿por qué estoy siempre tan cansado?, ¿y si no me da tiempo a lavarme el pelo?, qué pereza, vamos, arriba, ¿qué tenía a primera hora?, otra vez se me olvidó comprar champú, y no he pagado el parking del trabajo, ni la multa del otro día, y tengo que llamar al dentista, vaya, y al médico para que me mande unos análisis, no puedo pasar otro año sin saber qué me pasa, estoy fatal, debería dejar de beber, uff… cómo me duelen los lumbares, debería estirar por las mañanas, bueno, estirar y hacer deporte, o algo con este cuerpo, estoy cansado, acostarme más pronto ayudaría, ¿a qué hora jugaba el Real Madrid?, vaya, tengo un curso esta tarde, bueno, poco a poco, relax, no vendo nada, la cosa está fatal, no sé cómo me siguen pagando, y si me echan, ¿qué narices hago?, tendría que haber devuelto el iPhone, ¿para qué me habré gastado 800 euros en esta cosa?, ¿quién me mandaría cambiar de compañía?, todo problemas, todo preocupaciones, qué ganas de irme de vacaciones, solo quedan 3 meses y medio, puff… acabo de llegar del veraneo, tendríamos que habernos quedado, mucho tute, mucho dinero, un préstamo para irse de viaje, hay que estar idiota, algo habrá que hacer, no aprendo, ¿qué me iba a llevar para comer?, mierda, no hay fruta en la nevera, ¡para ya!, no puedo acostarme tan tarde, me voy con el pelo sucio al trabajo, ¡qué rico está el café por las mañanas!

Una pequeña muestra de lo que podría pasar por la cabeza de alguien en la primera media hora de un mal día cualquiera, mientras se levanta, se prepara el café de la mañana, se ducha y se acicala para salir pitando de casa. Qué locura, qué martirio, no me extraña que cuando alguien se va para siempre se diga: “descanse en paz”.

¿Quién no querría un poco (más) de paz en su vida? Aunque solo fuera un pequeño rato al día, un paréntesis, unos minutos, una hora. ¿Serían mucho pedir unas horas de paz mental al día, a la semana, al mes? Es cierto que hay muchos que ‘descansan’ de los problemas familiares cuando van al trabajo y otros que ‘descansan’ de los del trabajo cuando vuelven a casa, pero, en realidad, parece que nadie descansa de todos ellos a la vez. No paramos de rumiar preocupaciones todo el día, todos los días, todo el tiempo. ¡Qué tortura no descansar!, o peor aún, ¡qué tortura no poder desconectarse del iBrain!, esa sí que parece la mayor de todas las torturas. Los nazis construyeron celdas muy estrechas para que algunos prisioneros no pudieran descansar. Era como estar en una tumba de pie sin poder agacharse ni sentarse, donde era imposible dormir o aguantar los dolores musculares, huesos, tendones. Terrible.

Puede que los menores de 30, 40 o 50 años no asocien tanto la felicidad con el descanso, pero a medida que nos hacemos mayores, apreciamos mucho más la tranquilidad física, y, sobre todo, la paz mental. Aun así, siempre hay excepciones y parece que no todo el mundo lo tiene tan claro, ya que su mente no termina de relajarse hasta que echan el último aliento (como también hay quien no deja de fumar hasta el último momento). Después de muchos años portando una ‘caja de los truenos’ encima de los hombros, tengo claro que la dicha tiene mucho más que ver con la paciencia que con las prisas, con la tranquilidad que con la agitación y que está mucho más cerca de la nada que del ‘todo’. “La paz” siempre ha sido un símbolo de felicidad espiritual y personal. ¿Cómo hacer la paz y no la guerra (mental)? ¿Cómo ser capaz de simplificar -la vida- y relativizar -los problemas-? Parece imposible acabar con todas las molestias a la vez, ya que vivir, tener, querer (y no querer), adquirir, amar y hasta respirar y, sobre todo, pensar, significa tener problemas. Cuantas más personas y cosas en nuestras vidas, mayor apego y mayor preocupación. Ni qué decir tienen el aluvión de adversidades y dificultades que surgen de la nada casi casi cada día, como por arte de magia. Bucles mentales de horas, días y semanas.

¿Están cansados de remar sin descanso y apagar fuegos todo el día?, ¿han pensado alguna vez que la vida es una mierda?, ¿sienten de vez en cuando que les gustaría dormir y no despertar nunca?

Los que me conocen saben que soy un gran defensor de una actividad en particular (“Antídoto contra la agitación”) como herramienta para lograr la paz mental y física, y acercarse a la felicidad, al menos como yo la entiendo cada vez más. También creo, aún más todavía, en las recetas y recursos de cada uno y, aunque supongo que cada cual es como es y que unas personas se sinceran consigo mismas más que otras, no tengo que suponer ni por un momento que toda existencia humana es sufrimiento y que el origen del mal está en nuestra mente, como en ella está la solución. Todo lo demás, todo, es autoengaño, distracción y humo. Lo sé, no lo supongo. Creo que cuando uno ve el fuego que hay en su vida y por fin siente que se está quemando, encuentra la forma de apagarlo, aunque algunos desesperados acaben saltando por la ventana en vez de intentar apaciguar su mente para darse cuenta de que, en realidad, no era fuego ni humo sino aire, ligero, fresco y limpio. Respiren, descansen, y que la paz sea con ustedes.

“Pensar es indispensable para nosotros […] El pensamiento es la base de todas las relaciones sociales y de la institución cultural que tenemos. Es también el fundamento de la ciencia. Pero nuestra identificación habitual con los pensamientos –nuestra incapacidad de reconocer los pensamientos como tales, como apariciones en la conciencia- es la principal fuente del sufrimiento humano. También da lugar a la ilusión de que un ser separado está viviendo dentro de la cabeza. El problema no son los pensamientos en sí mismo sino pensar sin saber que estamos pensando.” Sam Harris, ‘Waking up’.

Nacho López

Asesor Financiero

NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.

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