La continuidad es clave para cualquier actividad cultural y educativa. Muchas veces es más importante que la originalidad o los nombres de relumbrón. Este año, como el pasado, tendremos la oportunidad de acercarnos al liberalismo contemporáneo a través del II Foro Liberal, organizado por la Asociación Estudios de Axiología, que se celebrará los días 16 y 17 de noviembre a las 19:30 horas, en el Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid.
El liberalismo en España tiene rara suerte: todos hablan de él, pero nadie se atreve a definirlo. Más todavía, si algún atrevido realiza este ejercicio de precisión terminológica, entonces, nos descubre un sinfín de tópicos que existe en torno a esta idea política y económica. Uno de los errores más persistentes es atribuir la aparición del liberalismo a la Inglaterra del siglo XVII y, a la vez, tachar a España como enemiga natural de cualquier libertad, económica o política, un país oscurantista e inquisitorial. Esto es lo que sucedió en la sesión del I Foro Liberal, cuando José María Lassalle presentó su ponencia dedicada al origen y desarrollo del pensamiento liberal. Esta tesis no solo es discutible sino a todas luces falsa. Resulta extraño que un político del PP, como Lassalle, persista en este tópico, a saber, situar la cuna del liberalismo en la Inglaterra del XVII, más concretamente en las décadas 1680-90, marcadas por las guerras religiosas.
Frente a los que todavía dudan de que el liberalismo tiene profundas raíces en el pensamiento español, recordemos que aquí, mucho antes de la revolución inglesa (1688), ya se habían estudiado la defensa de la libertad individual y el derecho a la propiedad privada. Prestemos atención a lo que sucedía en el pensamiento español durante las centurias del XVI y XVII. A nadie debe sorprender que el liberalismo, como la defensa del individuo frente al Estado, aparezca precisamente en Inglaterra, donde el monarca se proclamaba el representante directo de Dios y portador de la voluntad divina de tal manera que nadie pudiera oponerse a la voluntad del rey. Sin embargo, en los reinos españoles ni Carlos V ni Felipe II podían hacer algo parecido. La razón es simple: se lo impedía la teoría del tiranicidio, desarrollada durante el XVI por el jesuita Suárez, llegó a su apogeo en la obra del padre Mariana, que circulaba por la Península. Es menester advertir que este libro fue quemado por la Inquisición parisina, porque en los capítulos VI-VIII, donde el autor teoriza acerca de que el poder del rey es menor que el de toda la “república” y, por tanto, concluye que es lícito matar al tirano. En todo caso, una de las ideas más divulgadas entre los pensadores del Siglo de Oro figura que el origen de la soberanía no emana del monarca sino del pueblo.
Por lo tanto, asociar la aparición del pensamiento liberal con el calvinismo secularizado es algo que no compartirían los pensadores españoles, por ejemplo, el cardenal Sadoleto se opuso a Calvino y Ginés de Sepúlveda redactó De fato et libero arbitrio que defendía la libertad frente a la fatalidad protestante. Ellos gozaron del prestigio como pensadores, mientras que los “liberales” calvinistas acompañaron al crítico Servet, cuyo nombre fue Miguel de Villanueva, a la hoguera. No deja de sorprender que alguien pueda atribuir la idea de la libertad individual al credo protestante si lee las cartas de Calvino al mencionado Servet, ahí Calvino dice: “Hablas de actos libres, como si en tu sistema pudiera haber alguno; como si fuera posible elegir libremente, cuando Dios lo hace todo en nosotros. […] ¿Qué absurdo es ese que llamas necesidad libre?”
Otro craso error que se repite hasta la saciedad es que el origen del capitalismo está también en el protestantismo, tesis extendida por el libro famoso de Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, mientras que en España quedaron ahogados bajo el duro yugo del catolicismo. Si aceptamos esta afirmación, cómo explicamos que Martín de Azpilcueta y Tomás de Mercado formularon la teoría cuantitativa del dinero dos siglos antes que Smith y la escuela de la economía clásica del XVIII. Merece la pena recordar que en España existieron los primeros centros de negocio y comercio: las Lonjas, que surgen desde el siglo XIV, y las ferias, por ejemplo, la de Medina de Campo, patria original de todos los banqueros del mundo. En cuanto a la propiedad privada, recordemos al fundador del derecho internacional, al padre Vitoria quien, apoyándose en Santo Tomás, declaró: “La infidelidad no es impedimento para ser verdadero dueño” y prosigue: “parece también de derecho de gentes que los extranjeros puedan ejercer el comercio, pero sin daño de los ciudadanos” y la ley que lo prohibiera sería irracional (Relectio De Indis). Dicho de otro modo, Vitoria postulaba que un credo distinto al católico no puede servir de pretexto para arrebatar los bienes de los indios de América. En aquella época ya existía un procedimiento jurídico de la restitución aplicado a los indígenas del Nuevo Mundo: los españoles fueron obligados a devolver los bienes arrebatados ilegalmente o restituir los daños causados por la guerra injusta.
Precisamente para debatir los tópicos que existen en torno al liberalismo y España, la Asociación Estudios de Axiología invita a participar en el Foro Liberal.