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TRIBUNA

Las dos almas del PSOE: Jacobinos y federales

lunes 03 de octubre de 2016, 18:53h
Actualizado el: 10/04/2016 17:19h

El PSOE lleva muchos años expresándose con voces contradictorias que reflejan sus dos almas. La voz de su alma jacobina de estado fuerte, indivisible y centralista, muy jerarquizado y que trata de articular un nacionalismo español moderno, siempre basado en el estado. Por otro lado, está la voz de su alma federalista, más participativa y transigente en cuanto a la atadura con el estado central y que, a la postre, propugna con diferente énfasis el derecho a decidir en Cataluña e incluso, aunque con más despego dadas las atrocidades terroristas, en el País Vasco.

España, como algunos otros países tiene, o mejor aún padece, un nacionalismo dual. No hay una visión compartida por la izquierda y la derecha ni de la nación ni de sus elementos aglutinadores, como pueden ser su historia, su cultura o incluso sus símbolos. El nacionalismo dual español no es una anomalía. Rusos y estadounidenses, por poner algún ejemplo, también lo tienen. Aunque en el caso de los EEUU, los republicanos y demócratas y sus diferentes versiones de la nación se complementan, no como en el caso de España.

La Transición trató de superar esta idea de las dos Españas pero, aunque se ha avanzado mucho, no hemos llegado al substrato más profundo de nuestra mentalidad nacional pese a los esfuerzos de acercamiento. No hay más que ver el orgullo o desdén con que se manejan, por ejemplo, los símbolos nacionales por parte de la derecha y la izquierda de nuestro país.

Si nos elevamos por encima de los personalismos y el surrealismo de algunas conductas en uno y otro bando, debemos ser conscientes de que el PSOE vive unos tiempos dificilísimos. Unos tiempos que pueden llevarlo a la desaparición como pudimos ver el sábado pasado. Sus problemas vienen de largo, como señalamos en el primer párrafo con las dos almas contradictorias del PSOE que han explotado estos días, pero a ello hay que añadir la amenaza de Podemos (que resolvió desde sus orígenes el problema territorial) y al hecho de que una de las salidas a la impresentable situación política actual pase porque el PSOE deba apoyar a… ¡La derecha! Hay que recordar que en sus casi ciento cuarenta años de historia jamás lo ha hecho. Y este dilema acentúa aún más sus contradicciones internas llevando al PSOE a la explosión.

Podemos le ha arrebatado al PSOE el voto joven (los hijos de los votantes y militantes del partido), el voto urbano, el voto en territorios conflictivos como el País Vasco y Cataluña (uno de sus caldos de cultivo tradicionales) y es líder entre algunos colectivos importantes como el de los funcionarios. El sorpasso es cuestión de tiempo.

¿Y cómo sale el PSOE de esta situación? Bien mediante el inmovilismo, dejando que las circunstancias vayan resolviéndolo todo, lo que en términos náuticos se conoce como “correr el temporal”, o a través de un liderazgo de mucho talento, un golpe de timón que sólo está al alcance de algunos personajes históricos. Pedro Sánchez, me temo, no estaba a la altura de las circunstancias. No es Mandela, ni Thatcher o Reagan. Ni siquiera tiene la talla de su verdugo Felipe González (que reubicó al PSOE en la modernidad socialdemócrata atlantista). Tampoco lo es Susana Díaz y por muchas razones: historial de corrupción, antecedentes, temperamento.

Pero, a veces, con mimbres anodinos forzados por las circunstancias se puede producir un cambio histórico, Adolfo Suárez o Gorbachov son casos paradigmáticos. Veamos las circunstancias: Parece que a ninguno de los cuatro partidos nacionales, salvo al PP, le interesan unas terceras elecciones. Aunque a medida que se agudiza la crisis del PSOE a Podemos le puede acabar atrayendo la idea de una tercera oportunidad (parece un chiste) para poder superar ¡Por fin! al PSOE.

La jugada desesperada -y jacobina- de Pedro Sánchez fue plantear un acuerdo a tres, obviamente sin el PP, aunque se topó con el problema de la incompatibilidad entre Ciudadanos y Podemos. Pero Pedro Sánchez se guardó la carta de jugar a federal, recuerden aquel primer viaje, todo un gesto, a Portugal tras las elecciones de Diciembre 2015 para conocer la experiencia del gobierno de coalición de la izquierda portuguesa. Jugar con ambas almas del PSOE le ha restado mucha credibilidad. De ahí que hasta Felipe González le acusara de haberle engañado.

Y así, Sánchez trató de formar el denominado gobierno Frankenstein (todos los partidos incluso los independentistas, menos Ciudadanos y el PP). Y aquí tenía que apelar al alma federal del PSOE: los partidos independentistas no pactarán salvo que se reconozca su derecho a decidir. Hay que recordar que este derecho lo propugnan mayorías muy importantes de los parlamentos de Cataluña y País Vasco, en ambos casos de más de dos tercios.

Un hecho bastante significativo es que el sábado pasado sólo apoyaran a Sánchez hasta el final los partidos socialistas de Cataluña, País Vasco y Baleares. Una escisión de estos partidos sería un golpe tremendo para el problema territorial de España.

Otra cosa es que catalanes y vascos, que propugnan el derecho a decidir, voten a favor de la independencia. La secesión parece aún minoritaria, aunque ya se sabe que los referendos los carga el diablo, por mucho que la literatura académica sostenga que con nuestro nivel de renta lo normal es que se vote por el statu quo. En cualquier caso será una cuestión bastante ajustada y que marcará la vida política durante mucho tiempo. La secesión es un anacronismo en estos tiempos cosmopolitas en los que las identidades fluyen en un mundo cada vez más interrelacionado. Pero los españoles –parafraseando a Borges cuando hablaba de los irlandeses- estamos siempre empeñados en ser muy españoles, y esto incluye a vascos y catalanes por mucho que nominalmente quieran dejar de serlo. A mí me gustaría que mi país dedicara sus energías a cuestiones más importantes como el crecimiento económico, la educación o la modernización de la justicia y la burocracia entre otras cuestiones.

En este contexto explosivo, el PP no puede quedarse como un observador impávido. Personalismos aparte, es mucho más fácil un pacto PP/PSOE que el gobierno Frankenstein. Pero hay que entender que sea cual sea la decisión va a suponer un hito en la historia del partido socialista.

Si el PSOE es capaz de decidirse por una de las dos opciones –tengo mis dudas de que no acaben, simplemente, dejándose arrastrar por los acontecimientos sin afrontar el problema, lo cual sólo beneficiaría a Podemos- tendría que desgarrar una de sus dos almas. España y el PP necesitan un PSOE con sentido de estado, un PSOE más jacobino que federal.

Finalmente el PP debería tener muy presente que, para muchos españoles que puedan querer dejar de serlo, las ataduras nacionales están fundamentadas en el prestigio del estado central. Pero hoy por hoy -y probablemente durante unos cuantos años más- el estado central no está ni estará en su mejor forma. Y no quiero ni pensar lo que pasaría si el PSC se separa del PSOE. No juguemos con fuego.

Luis Asua Brunt

Abogado, empresario

Abogado, empresario. Estudio en la Complutense y London School of Economics . Ejerció la abogacía en Londres y a su vuelta, 13 años en la cosa pública: 12 como concejal en Madrid y 1 como Viceconsejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Su último comentario: “Ah y no vuelvo ni a tiros a la política”.

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