Colombia, otra paz es posible
jueves 06 de octubre de 2016, 10:32h
La victoria del “no” en el referéndum de Colombia ha abierto un escenario complejo y en el que debe actuarse con rapidez. No es que los colombianos hayan dicho “no” a la paz. El país está lógicamente deseoso de que termine de una vez por todas el conflicto armado más largo de Hispanoamérica, que en su más de medio siglo de existencia ha producido un espantoso saldo de víctimas mortales, heridos, desplazados y desaparecidos, impidiendo además que Colombia desarrollara su inmenso potencial lastrado durante décadas por la criminalidad de la narco-guerrilla de las FARC que cometió crímenes de lesa humanidad contra un pueblo al que supuestamente decía defender, y sembró el odio y la destrucción en la nación.
Los colombianos han dicho “no” a unos acuerdos que, más allá de la buena voluntad del presidente Juan Manuel Santos, encerraban elementos controvertidos e inquietantes. Ciertamente, resultaba difícil asumir que las FARC tuvieran asegurados escaños en el Congreso y en el Senado en las próximas elecciones para facilitar su integración política. Y, sobre todo, se veía con preocupación que, en virtud del acuerdo, pudiera no caer todo el peso de la ley sobre quienes cometieron tan terribles delitos. No en vano incluso algunas ONG llamaron la atención sobre que el acuerdo presentaba notables carencias en cuanto a las víctimas.
Juan Manuel Santos ha afirmado que continuará el cese bilateral de las hostilidades, lo que podría suponer, como ya ocurrió en otras ocasione, que la guerrilla se rearme y recobre fuerzas, máxime cuando continua controlando buena parte del narcotráfico, un punto que no se abordó en el pacto con las suficientes garantías. Nada tranquilizador resulta también que el actual líder de las FARC, y firmante del acuerdo, haya dicho que el resultado del referéndum no tiene efecto jurídico, sino solo político, por lo que considera que el acuerdo debería aplicarse. Algo que deja bien a las claras el “respeto” y “acatamiento” de la democracia por parte de los narco-guerrilleros.
En estas circunstancias, es urgentísimo que Santos y los expresidentes Uribe y Pastrana, que abogaron por el “no” en el referéndum, se pongan de acuerdo para encontrar una manera de renegociar la paz de forma que no sea casi a cualquier precio, algo que los colombianos han rechazado. Tarea complicada y que no parece que las FARC estén dispuestas a aceptar. Siempre habrá un mejor acuerdo. Sin embargo, tengamos claro que lo peor es el desacuerdo. Y, como nos enseñó Burke la paz no es lo mismo que la justicia. Esperemos que Colombia compagine ambas cosas.