El Gobierno español y las tropas en Kosovo
Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
jueves 19 de junio de 2008, 21:13h
Los 621 efectivos del contingente de tropas españolas desplegado en Kosovo están en una situación cada vez más confusa. La Resolución 1244 de 10 de junio de 1999 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas autorizaba el despliegue de tropas en un territorio que se reconocía serbio. La Resolución no suponía, pues, la desaparición de la soberanía serbia sobre su provincia ni el anticipo de una autoproclamada independencia. Esto llegaría después. Así, el pasado domingo entró en vigor la constitución de Kosovo, que se ha convertido en un escenario problemático para las Naciones Unidas, la OTAN y los países europeos que se comprometieron con la viabilidad del autoproclamado Estado. En efecto, desde el 17 de febrero de este año, Kosovo y Metohija vive en una división de hecho entre el norte de mayoría serbia y el sur de mayoría albanesa. La administración de Naciones Unidas viene manteniendo desde 1999 un precario orden que los últimos acontecimientos podrían desestabilizar. A pesar del reconocimiento alemán, francés y británico, Kosovo no es hoy por hoy un Estado viable. Con algo más de dos millones de habitantes, tiene una tasa de paro del 43% de la población. En él conviven siete etnias, tres religiones –el Islam y los cristianismos católico y ortodoxo- y cuatro lenguas. Su renta per capita es de 1800 dólares y un 37 % de la población está por debajo del umbral de la pobreza. Carece de reservas de petróleo y gas, y depende del exterior para casi todo su suministro energético. El poder del crimen organizado ha logrado construir un Estado dentro del Estado cuyo poder e influencia son crecientes. He aquí el escenario de las tropas españolas.
El viernes el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki Moon comunicó por carta su plan para cambiar el papel del contingente de las tropas desplegadas. Se trataba de reconfigurar la misión de la ONU para dar cobertura jurídica y política a la misión de la Unión Europea (EULEX). Según el Secretario General, la entrada en vigor de la Constitución kosovar ha cambiado la situación y, así, ha decidido rediseñar la estructura y perfil de la misión internacional en Kosovo de modo que permita a la Unión Europea la asunción de un papel operativo reforzado de acuerdo con la Resolución 1244. La carta se remitió al Consejo de Seguridad, a la Unión Europea, a Belgrado y a Prístina, y sus reacciones no se hicieron esperar. El presidente de Kosovo, Fatmir Sedjiu, consideraba que es un proceso positivo que ayudará al desarrollo de Kosovo a pesar de que el Gobierno de Kosovo confiaba en quedar como señor del territorio tras la entrada en vigor de la Constitución, demandando la transferencia de los poderes y mandatos de Naciones Unidas a EULEX. Mientras tanto, Moscú y Belgrado, indignadas, se han opuesto a la emboscada del Secretario. El Presidente de Serbia Boris Tadic ha advertido, en una carta de respuesta a Ban Ki Moon, que la reconfiguración de la presencia internacional […] debe ser decidida por el Consejo de Seguridad. Rusia, gran apoyo de Serbia, ha mostrado igualmente su indignación. En efecto, esta reconfiguración se hace al margen de los 15 países que forman el Consejo de Seguridad, entre los que está Rusia como miembro permanente y con derecho de veto. El presidente Slobodan Samardzic, Ministro serbio para Kosovo, ha declarado que el Secretario General se ha excedido en su autoridad y que eso es totalmente inaceptable para el Gobierno serbio.
Por otra parte, la OTAN ha acordado desmantelar la Policía kosovar y formar un nuevo cuerpo civil sin que esto suponga prejuzgar el estatus final de Kosovo. Esta nueva Fuerza de Seguridad de Kosovo sustituirá al Cuerpo de Protección de Kosovo y sus efectivos serán seleccionados y formados por la OTAN. Serán 2.500 agentes profesionales bajo control civil y dotados sólo de armas ligeras. Su finalidad será mantener el orden interno en el territorio. La formación la impartirán 250 militares de diversos países aliados entre los que no estará España que, sin embargo, tiene tropas desplegadas y es miembro de la OTAN. Las tropas españolas tampoco participarán en EULEX.
Así, la situación del contingente español debe ser esclarecida cuanto antes. Está desplegado en un territorio cuya independencia España no reconoce y en una misión –la de Naciones Unidas- que va a reconfigurarse, al margen del Consejo de Seguridad que autorizó el despliegue. Esta nueva configuración persigue dar cobertura a una misión de la Unión Europea en la que España no va a participar. Serbia y Rusia han sido soliviantadas por una decisión del Secretario General de Naciones Unidas que sólo agrava la ya confusa situación sobre el terreno, donde algunas de las funciones básicas de un Estado (control de fronteras, Policía, Justicia) siguen estando en manos de la comunidad internacional. Por su parte, los más de cien mil serbios de Kosovo, que son mayoría al norte del territorio y siguen reconociendo la autoridad de Belgrado, han anunciado que constituirán su propio Parlamento el día 28 de junio.
Las circunstancias actuales ya no son, pues, las de la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad. Milosevic ha caído, no se ha respetado la integridad territorial de Serbia y la misión de Naciones Unidas va a modificarse para amparar otra distinta en la que España no participa. Por lo tanto, la Ministra de Defensa Carme Chacón y el Ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, tienen ante sí el difícil reto de explicar a la opinión pública el mantenimiento y la función de unas tropas en un territorio cuya independencia España no reconoce.
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Analista político
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