TRIBUNA
Destino y divina providencia
miércoles 12 de octubre de 2016, 18:22h
Actualizado el: 12 de octubre de 2016, 18:35h
El ser humano, o sea, ustedes y yo, contamos con una especie de salvoconducto que nos permite salir de ciertas situaciones, más o menos comprometidas, sin ni siquiera malgastar el comodín del público. A esto hay quienes lo llaman la divina providencia, término teológico que indica la soberanía, intervención o el conjunto de acciones activas de Dios en el socorro de los hombres.
Ya el filósofo Platón afirmaba la existencia de la divina providencia cuando refería lo siguiente: “El que cuida el universo tiene todas las cosas ordenadas para la salvación” Tal vez el filósofo no asociara esta idea a un poder celestial, sino al propio destino como instancia de supremacía impersonal, cuyo designio pesa sobre todo lo que existe, incluidos los dioses y los hombres.
En clave cristiana ni que decir tiene las innumerables manifestaciones que se representan en torno a la providencia; sin embargo, los antiguos la pintaban bajo la figura de una mujer venerable. Y llegados a este punto debo citar a la Doctora Elisabeth Vincent, una de esas personas que atesoran una extraña dualidad, porque cuando alguien como ella tiene la habilidad de realizar su poderosa labor profesional y a la vez otorgar su parte de universo al propio paciente, tiene, a mi manera de entender, la dos cualidades vitales para fusionar providencia y destino.
Con este ejemplo quiero resaltar la fina línea que nos separa de lo que en realidad somos y de aquello que teniendo por bien ganado debemos valorar en todo momento. La vida, en su cotidiano comportamiento, no hace causa común con ninguna de las epopeyas que a nuestro alrededor se manifiestan como primicia. Nada es lo que parece, todo es puro tránsito, tan solo esa única manera de amar lo que se hace y a quienes dirigimos el flujo de lo bien hecho es lo que justifica la razón de nuestra estancia, siempre que no desperdiciemos un ápice de bondad y sabiduría.
En nada hay que restringir la libertad de resaltar los buenos ejemplos de quienes en el silencio de sus actos hacen que esta vida sea mucho más aséptica, placentera y útil. Es importante pues, que la relevancia de fe en unos y la supremacía de un don para suprimir los males y las dolencias ajenas en otros, transiten por ese único camino que conduce al simple destino o a la providencia divina. Lo que cuenta es llegar al final y ser agradecido. En esta ocasión, a la doctora Vincent y a todo su equipo.