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TRIBUNA

El patriotismo mal entendido

miércoles 12 de octubre de 2016, 18:27h
El descubrimiento de América de Cristóbal Colón el 12 de octubre de 1492 constituye una de las efemérides más importantes para españoles y americanos. En España fue la Reina Regente María Cristina, viuda de Alfonso XII, quien declaró fiesta nacional el 12 de octubre. Lo hizo en 1892, cuando España, que aún conservaba los territorios de Cuba y Filipinas en ultramar, celebraba el cuarto centenario del Descubrimiento.

La denominación de esta importante celebración, que trata de poner de relieve las trascendentales consecuencias que tuvo, ha ido cambiando a lo largo del tiempo: primero se llamó Día de la Raza, después Día de la Hispanidad y, desde 1987 hasta la actualidad, para los españoles es el Día de la Fiesta Nacional.

En la Exposición de Motivos de la Ley 18/1987, de 7 de octubre, se precisa algo decisivo para entender el correcto significado de esta celebración: “La conmemoración de la Fiesta Nacional, práctica común en el mundo actual, tiene como finalidad recordar solemnemente momentos de la historia colectiva que forman parte del patrimonio histórico, cultural y social común, asumido como tal por la gran mayoría de los ciudadanos.

Sin menoscabo de la indiscutible complejidad que implica el pasado de una nación tan diversa como la española, ha de procurarse que el hecho histórico que se celebre represente uno de los momentos más relevantes para la convivencia política, el acervo cultural y la afirmación misma de la identidad estatal y la singularidad nacional de ese pueblo”.

La propia literalidad de la norma nos conduce a entender la falta de racionalidad de posiciones como las de Unidos Podemos y sus confluencias catalana y gallega, el PNV, los independentistas catalanes de ERC y la antigua Convergencia y Compromís, al haber decidido mantenerse ajenos a los actos organizados para el 12 de octubre, tachando a la Fiesta Nacional de celebración con connotaciones “franquistas” y, por tanto, “vieja”, esto es, necesitada de “modernización”.

Salta a la vista que Unidos Podemos no tiene más miras que tratar de imponer en el debate político su concepto de patriotismo frente al de los partidos tradicionales. La formación de Pablo Iglesias lleva no poco tiempo detrás de una reflexión sobre el uso de la bandera y los símbolos nacionales con el fin de arrebatar al PP y al PSOE el discurso dominante sobre la patria. Esto no es algo nuevo y los argumentos se han venido repitiendo en los últimos años. Es una forma de populismo astuto, que mide muy bien las estrategias y quizás por ello no rechaza de plano el uso de banderas en los actos públicos aunque, eso sí, sin abusar demasiado de ellas, al temer el rechazo que ello pudiera tener entre sus simpatizantes.

Cuando ondean alegremente y con inusitado entusiasmo la bandera de la revolución francesa lo hacen perdiendo de vista que uno de los artículos más importantes de la Constitución francesa de 1791, a la que condujo el movimiento revolucionario, es el artículo 4, que consagra que “La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no perjudique a otro: por eso, el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que garantizan a los demás miembros de la sociedad el goce de estos mismos derechos. Tales límites sólo pueden ser determinados por la ley”.

Cuando se celebra la festividad del 12 de octubre, en realidad, no se perjudica más que a los que quieren separar España o se avergüenzan de ella. España pertenece a todos los españoles y por ello no deja de resultar llamativo la forma en la que los líderes de Podemos, como Pablo Iglesias, Iñigo Errejón o Irene Montero, entre otros, recurren en sus mítines a los adjetivos posesivos cuando se refieren a España: “nuestro país”, “nuestra patria”.

Por lo visto, los que celebran el día de la Fiesta Nacional son solo los “vendepatrias”, en palabras de Iglesias. Este lenguaje manipulador lo único que pretende es confundir a la gente y tratar de distorsionar la realidad. “Patrioterismo” y no patriotismo es lo suyo cuando más que reivindicar la soberanía popular, lo que hacen es dividir y si acaso defender los intereses de su electorado, no los generales del país.

No se puede convivir desde el respeto a las leyes, resultado de la soberanía nacional, cuando a lo que se anima es a la discordia y a la división ¡Qué mejor arma que la agitación emocional de las conciencias para sembrar odios!

Por todo lo anterior, resulta completamente absurda la idea de identificar el 12 de octubre con una fiesta franquista o en recuerdo del proceso colonizador americano, aunque sea cierto que no pocas muertes acarreó. En todo caso, decir que el discurso de la hispanidad está contaminado por el franquismo o una ideología reaccionaria es una simplificación de la realidad propia de quien quiere abrir heridas o sembrar odios desde el empobrecimiento de la perspectiva histórica.

La historia la debemos escribir entre todos y no dejarla en manos de quienes defienden un concepto erróneo de patriotismo que, avergonzados de nuestra patria, condenan la celebración de una fecha histórica como es el 12 de octubre.
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  • El patriotismo mal entendido

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    4139 | Pontevedresa - 12/10/2016 @ 21:38:07 (GMT+1)
    Me asombra la obsesión con Franco que tienen estos de Podemos, buscan fantasmas, enemigos, todo les parece franquista, creo van a terminar prohibiendo la tortilla española con lo buena que es porque creen que es un resto de la época de Franco. Mirusté, pelma compulsivo, vd. no es quien para dar carnets de patriotas, y decir quien son los buenos y los malos, con eso de ser profesor, tiene vd. una deformación profesional, impartir cátedra a todas horas y a todo el mundo, conténtese con hacerlo y preparándolo bien a sus alumnos a los demás deje de darnos la barrila.

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