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TIRO CON ARCO

A la espera de que Dylan descuelgue el teléfono

Dani Villagrasa Beltrán
domingo 23 de octubre de 2016, 19:38h

La Unión Europea está arrojando la sensación de naufragio. Este viernes, la ministra de Comercio Internacional de Canada, Chrystia Freeland, cogía sus maletas y se largaba a su casa, dando por “concluidas y fracasadas” las negociaciones con la pequeña región de Valonia para la aprobación del CETA, el tratado de libre comercio de la Unión con el país norteamericano. Otra vía de agua abierta, cuando quedan tantas otras por taponar. Las autoridades europeas siguen confiadas en que será posible el acuerdo y piden “más tiempo” para poder sacar el acuerdo adelante. Pero el tiempo es lo que empieza a escasear para una Unión que recuerda a un lento monstruo de mil cabezas incapaces de ponerse de acuerdo. Esta semana se conocía la condición de la UE para negociar el ‘Brexit’: que las conversaciones fueran en francés. El encargado de comandarlas será el ex ministro de Relaciones Exteriores galo, Michel Barnier, conocido como ‘el azote de la City- el centro financiero de Londres- y lo quiere hacer en su lengua materna. Por cierto que, en pleno subidón nacionalista británico, se ha registrado una petición al parlamento para suprimir el lema en francés ‘Dieu et mon droit’ del pasaporte del Reino Unido, aunque es cierto que, por el momento, tan sólo cuenta con 493 firmas. Parece que todavía no hemos perdido la cabeza. Preguntada por la cuestión idiomática, Angela Merkel ha resaltado que es natural que Barnier quiera negociar en su lengua, tanto como que ella hable alemán. Es difícil no acordarse de la Torre de Babel.

El Grupo Popular del Parlamento Europeo llevaba ante la cámara una propuesta para frenar el auge del populismo: un bono gratis de Interrail concedido a todos los jóvenes de 18 años de la Unión para viajar por el Continente, una especie de rito de iniciación en el europeísmo por la vía mochilera. A la Comisión le ha parecido una idea estupenda pero, como siempre, las cosas de Europa no son tan fáciles. Habrá que negociar con los operadores de trenes y parece que no podrá extenderse a todos los jóvenes de 18 años y por tanto habrá que ver cómo se conceden, al modo de una beca con ciertos requisitos o, incluso, por sorteo. No sé si así se detendrá el populismo, pero alguno podrá volver a casa como el ‘hijo de ojos azules’ de la canción de Bob Dylan y profetizar la gran tormenta.

Mientras tanto, Portugal se salvaba por los pelos, gracias a una agencia de rating de segunda fila que le mantenía el grado de inversión, de quedar fuera del programa de compra de deuda del Banco Central Europeo, hasta ahora la única herramienta que mantiene a la Unión a salvo del colapso.

Y así están las cosas en Europa, a la espera de que Dylan les coja el teléfono a los del Nobel.

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