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Y DIGO YO

'Zasca' de Rajoy a Iglesias

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 27 de octubre de 2016, 18:36h

El segundo día de debate de investidura, el de un debate de verdad, con intervenciones –unas más brillantes que otras– y sus respectivas réplicas, no ha tenido desperdicio. Hacía tiempo que no se disfrutaba en el Congreso como este jueves.

El presidente del Gobierno todavía en funciones no ha querido unas terceras elecciones y, como él mismo dijo, “no por las mismas razones” que los socialistas. En el aire queda, para buen entendedor, que en Ferraz han tenido en cuenta el agujero que supondría para sus arcas y su moral un nuevo desastre electoral.

Por otra parte, no va a ser fácil gobernar. Un Rajoy conciliador ha pedido al PSOE que si quieren que haya Gobierno –y deben quererlo, por eso dicen que se abstendrán– no se cierren en el ‘no’ a todo, que pacten y no hagan inviable la legislatura. En definitiva, que no le hagan imposible las tareas de gobierno porque eso sólo nos llevará a un adelanto electoral.

El ‘postureo’ del portavoz socialista, que se tiene que justificar por el cambio de actitud con respecto a la investidura, alegando casi con golpes en el pecho que ellos son la izquierda –y no los nuevos–, hace que la guerra por el liderazgo de la oposición se presente casi más interesante que la acción del Ejecutivo.

Pero el momento álgido, aunque en principio no se esperaba –o sí– vino con la intervención de Pablo Iglesias. Podemos, claro, no le perdona al PSOE que dé el Gobierno al PP. Va a hacer sangre siempre que pueda. Se va a aprovechar de la situación límite a la que ha llevado Pedro Sánchez a su partido y ya chupa de la yugular todo lo que puede. La lucha por ser el líder de la oposición, y no tanto por hacer esas labores de oposición, será constante.

Iglesias, en su línea. Actúa y sobreactúa, como si su vida discurriera infatigablemente entre los platós de La Sexta y Cuatro. Quizá porque es así. Una vez más, su discurso arcaico no aporta nada. Lo mismo de siempre, tan solo meter miedo en el cuerpo del pobre incauto de izquierdas que se obnubila con cuatro frases retocadas de personajes que no saben ni buscar en Google.

Pero lo mejor estaba por llegar. A pesar de sus ataques, ya cansinos, a las oligarquías, al Ibex 35, a los del 78… puede presumir de apuntarse un tanto entre sus compañeros de cañas al llamar “potenciales delincuentes” a algunos de los diputados del Congreso. Una nueva falta de respeto a la que, desgraciadamente, ya empieza a tenernos acostumbrados y que lanza con el único fin de mantener atados y a sus órdenes a sus fans más radicales. Lo triste es que, con eso, con esa táctica, casi gana el debate porque de él estamos hablando ahora.

Después de la intervención de Iglesias, Sánchez, imaginamos, habrá resoplado de alivio por no haber consumado su pacto secreto –o no tanto– con Podemos. ¿Devolverá Sánchez su escaño o pedirá perdón? ¿O ninguna de las dos cosas?

Alberto Garzón, irrelevante. Ya es habitual. Se esperaba algo más de chispa y decepcionó. Aun así, tiene gracia que el que se ha vendido a Podemos perdiendo toda identidad critique a los partidos que han perdido escaños y representación. Excelente autocrítica.

Y volvió al estrado Rajoy. Tranquilo ante las andanadas podemitas, subrayó letra por letra por qué va a ser investido: “Nadie ha logrado articular una mayoría razonable. Modestia aparte, yo sí”. La fina ironía del gallego consiguió desencajar la cara de Iglesias: “No han sabido ganar las elecciones a algo tan malo y tan pésimo”. Supo Rajoy, además, destacar la contradicciones de Iglesias. Entre ellas, cuando dijo que antes decían eso de “no nos representan” y, sin embargo, ahora que ya están dentro, “a ver si es que no se sienten representados”.

Tendrá razón el presidente, quizá un millón doscientos mil jóvenes, efectivamente, envejecieron de repente y dejaron de votar a Podemos. Es lo que tiene la democracia, que da igual la edad, te tienen que votar. Es deseable que le quede claro a Iglesias que le pagan por hacer política, no por “salir a la calle”, por muy populista que resulte, y que un debate, por mucho que sea a lo que él está acostumbrado, no es un encadenado de tuits.

Javier Cámara

Periodista

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