www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

POCO A POCO

Esas guerras sexys

lunes 31 de octubre de 2016, 13:20h

No todos los muertos valen lo mismo, del mismo modo que no toda noticia es igual de relevante en función de la latitud en la que se produzca o quién nos la cuente. Yo como periodista y usted como lector asistimos a diario a esa 'regla' que dice que la cercanía muchas veces debe prevalecer sobre su alcance pues, en el primero de los casos, el impacto sobre la audiencia es mayor. Es injusto, es cruel, es mentiroso, sí, pero así son las cosas en la conciencia colectiva del siglo XXI.

No descubro nada nuevo cuando digo que no tiene la misma resonancia en la opinión pública ni en la cobertura mediática dos muertos en un atentado en París, Londres o Nueva York que el enésimo con decenas de víctimas mortales en Bagdad, Saná o Islamabad. Esto es así porque, básicamente, nos guste o no, la sociedad ha interiorizado que hay barbaries de primer y segundo nivel, muertos A y muertos B.

En esa misma afirmación se encuentran los conflictos contemporáneos. Llevamos meses leyendo, oyendo y viendo noticias sobre Siria, como antes fue el caso de Ucrania. Es una guerra narrada a diario en una suerte de combate contra el mal que de alguna manera nos alimenta las conciencias, pero en la que no llegamos a implicarnos del todo porque, qué demonios, nos pilla un poco a desmano.

Ha sido cuando sus consecuencias nos han tocado más de cerca, y tampoco en exceso en el caso español, con la llegada masiva de decenas de miles de inmigrantes desesperados a las puertas mismas de la Unión Europea, cuando hemos pestañeado un poco y le hemos colocado el marrón a otro, en este caso a Turquía. Tampoco nos impliquemos en exceso, no vayamos a quedar traumatizados.

Sin embargo, obviamos todavía más si cabe y de manera interesada otros dramas porque ni nos van ni nos vienen y total, no salen en las noticias. El ejemplo más palmario de estas guerras olvidadas es el de Somalia, estado caótico por excelencia. Hablamos de más de tres décadas de una guerra con más de un millón de muertos y que ha desangrado a uno de los países más pobres del mundo, si no el más miserable. Como no hay nada que explotar allí salvo arena, como no hay nada que a Occidente le interese en ese páramo dejado de la mano de Dios que es el Cuerno de África, la comunidad internacional hace nada o menos por esa gente sin pasado, presente o futuro alguno.

Cuando Bill Clinton, iluminado por un arrebato de humanidad, quiso intervenir en la región en los 90 recién aterrizado en la Casa Blanca, más por las conexiones de las guerrillas locales con el terrorismo internacional que por un interés real sobre el devenir de esas pobres almas, Estados Unidos salió a la carrera y bastante malparado. De eso hace más de dos décadas. Desde entonces, olvido. Un par de misiones de Naciones Unidas y de la Unión Africana que no han solucionado nada. Sólo la cuestión de la piratería de hace unos años hizo que algo se moviera. Y es que cuando nos tocan el bolsillo...

Pero Somalia no es el único caso. Yemen es otro avispero yihadista que apenas goza de un par de líneas mensuales en la gaceta especializada. Será cuando la cosa se ponga fea de verdad, ya sea porque Al Qaeda logre imponerse en el país, ya sea porque Arabia Saudí e Irán arrasen con el mismo tras convertirlo en el ring en el que solucionar sus conflictos sunismo vs. chiísmo, ya sea porque nos resulte incómodo con otra oleada de desplazados, y tras miles y miles de muertos sin nombre ni rostro en el haber, cuando nos pondremos a ello. Tarde y mal, por supuesto.

¿Seguimos? Sudán del Sur, un estado de nuevo cuño que vive sumido en una guerra civil que ha dejado decenas de miles de muertos y otros tantos desplazados en los dos últimos años. Una situación agravada por la hambruna y la sequía. ¿Nos importa? No. ¿Sabemos dónde queda? No. ¿Nos jugamos algún interés? No. Pasemos página, pues.

Más de lo mismo con Eritrea, una de las dictaduras más represivas del continente africano en la que no hemos metido mano por una simple y llana cuestión de que no nos afecta en lo más mínimo lo que pase allí. Y eso que es el país tras Siria que más refugiados ha desplazado durante la última y presente crisis humanitaria.

El etcétera es largo. República Centroafricana, Abjasia, Níger, Myanmar, Chad... Todos conflictos en curso, pero silenciosos o silenciados. Y es que hay guerras sexys y guerras feas. De qué lado caiga cada una atiende a criterios diversos y maleables. Desde los intereses económicos hasta el color de la piel o la fe que profesen los contendientes. Hemos llegado a un punto como entidad colectiva en la que nos hemos inmunizado ante el dolor y el drama ajenos porque hemos acabado por convencernos de que el mundo real es el que nos rodea, y nada más lejos.

Como profesional debo entonar el primer mea culpa, porque somos partícipes como periodistas de este aislamiento informativo. Debe cambiar el código y el prisma con el que vemos el mundo, porque éste es cruel y salvaje, y no por mirar hacia otro lado e ignorarlo dejará de ser así. Puestos a que sucedan este tipo de tragedias, contémoslas, conozcámoslas y vivámoslas. Será el paso previo para, en la medida de lo posible, solucionarlas e, incluso, evitarlas.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (9)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.