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ANÁLISIS

¿Es la caída de Mosul realmente clave para acabar con Daesh?

¿Es la caída de Mosul realmente clave para acabar con Daesh?
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miércoles 02 de noviembre de 2016, 15:12h
Las fuerzas iraquíes y kurdas, apuntaladas por la coalición internacional, siguen ganando terreno a Estado Islámico barrio a barrio en Mosul, la segunda gran ciudad de Daesh tras Raqqa. Sin embargo, lo que se vende como una victoria tanto inminente como estratégica traerá consigos nuevos y peligrosos retos para la pacificación el zona, castigada por guerras fratricidas y la violencia sectaria.

Desde hace casi tres años, Estado Islámico ha levantado su califato sobre dos puntos clave dentro de sus dominios, a caballo entre Siria e Iraq: Raqqa y Mosul. Es esta segunda ciudad la que lleva semanas en primera línea informativa debido al asedio al que está siendo sometida por la fuerza conjunta del Ejército iraquí, los peshmergas kurdos y los bombardeos de la coalición internacional.

Enclavada a escasos 100 kilómetros de la frontera norte del país, la que separa Iraq de Turquía, Mosul lleva semanas siendo el escenario de intensos combates contra las fuerzas yihadistas de Estados Islámico, que cuenta con unos 5.000 efectivos sobre el terreno, diez veces menos que sus enemigos.

Desde Bagdad y la coalición internacional se vende la reconquista de Mosul como un punto de inflexión clave para acabar con la influencia y poder de Daesh en la región, pero esto es cierto tan solo en parte. Es verdad que una victoria aquí sería un duro golpe para el contingente de Abu Bakr Al Bagdadi, si bien su reflejo sería sobre todo simbólico a modo de propaganda antiyihadista.

La victoria es inminente y tan solo depende de cuánta resistencia presenten los insurgentes en las próximas semanas. La coalición cuenta con más medios, más armamento y muchos más hombres que Daesh, que se ve desbordado en todos los frentes, especialmente en el oriental, donde las fuerzas iraquíes ya han logrado entrar en la ciudad y hasta recuperar la antigua sede de la televisión, cerrada por Estado Islámico.

Lo que trasciende el avance militar es la problemática social que subyace en Mosul y que es extrapolable al resto de Iraq. Mosul es de confesión suní, igual que Estado Islámico, mientras que el Gobierno de Bagdad es chií. De este modo, la gran mayoría de la población local asume que Estado Islámico es menos malo que lo que está por venir, y gran parte del éxodo de habitantes de la zona se debe más a una huida de los bombardeos de la coalición, a no quedarse en medio del fuego cruzado y a las posibles represalias que a una liberación del yugo islamista.

Una vez Mosul quede libre de yihadistas, está por ver si la ciudad quedará pacificada del todo, pues no sería la primera vez, como pasó en Ramadi o Faluya, que la violencia sectaria se apodera de una zona recién liberada. Sobre Mosul creen tener derechos históricos casi todas las etnias en liza, desde los ya mencionados suníes y chiíes, hasta los kurdos, los caldeos, los yazidíes, los asirios e incluso los turcos. No se debe obviar tampoco que en esta zona de Iraq no hay apenas sentimiento nacional y las lealtades se mueven por afinidad religiosa o tribal.

Pero Mosul también debe ser vista como una victoria estratégica, pues no sólo la atraviesa el Tigris, cauce integrador en todo el norte de Iraq, sino que a su alrededor están varios yacimientos petrolíferos muy importantes para la economía nacional. Además, podría servir de cabeza de puente para las operaciones contra Daesh en Siria.

Queda por ver si la victoria sobre el campo de batalla viene apuntalada de cierto orden y seguridad posterior y una labor de inclusión religiosa y étnica, algo que se le ha echado en cara en recurrentes ocasiones a Estados Unidos para justificar el caos que reina en la región tras la caída de Sadam Hussein en 2003.

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