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LLEGA EL CANON

viernes 20 de junio de 2008, 22:25h
La presunción de inocencia ha dado un giro copernicano en España. Por primera vez, todas aquellas personas que decidan adquirir un CD, DVD, MP3 o demás soportes audiovisuales, serán considerados potenciales delincuentes. El delito no es otro que la –presunta- vulneración de la propiedad intelectual. En base a ello, los teléfonos móviles o PDA que dispongan de MP3 estarán gravados con 1,10 euros, mientras que los MP3 y MP4 tendrán 3,15 euros de cargo por unidad. Amen de lo que ya había. Poco importa que quien quiera tener un determinado modelo de teléfono móvil vaya a usarlo únicamente para hablar –lo cual, por otro lado, no deja de ser una obviedad-. Semejante razonamiento no es válido para la SGAE, principal impulsora de la medida. Para ellos, tener un teléfono móvil con MP3 implica la posibilidad de bajarse música de internet para escuchar a través del móvil. Y eso, claro, no se puede consentir.

Desde el palacete modernista donde la SGAE tiene su sede se intentan justificar -con poco o nada de éxito- las bondades del canon en sí, ilustrando con varios ejemplos lo exiguo de las cantidades a gravar. Cierto. Por sí mismas, una minucia. Pero en conjunto, todo un “pelotazo”. Resulta muy fatigoso enumerar cifras, así que sirva un único dato como parangón: sólo en 2005 lo recaudado en concepto de canon por la venta de CD, cintas de video y reproductores de DVD alcanzó la friolera de 14 millones de euros. Y es ésta una de las cantidades más pequeñas –el canon de los discos compactos es de apenas unos céntimos- que se barajan. Bien es cierto que no todos los artistas se han significado en una cruzada de tintes fariseos. Entre ellos mismos, ha habido voces que han ponderado internet –como no podía ser de otro modo- porque gracias a la red su obra es conocida a nivel mundial. Ocurre que la voracidad recaudatoria es una tentación demasiado apetecible como para no sucumbir ante ella. Y más si el gobierno se posiciona junto a ellos, enarbolando la bandera de la progresía cultural. Y regalándoles por ley un impuesto sancionador “erga omnes”. Sale rentable dar el cante.
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