Como si fuera Jack Kerouac o William Burroughs o Allen Ginsberg o Herbert Hunke, aquella generación beat de la década de los 50 que rechazó los valores clásicos estadounidenses, buscó la zorra en la anfetamina o en la marihuana, San Francisco o el hippismo, Pedro Sánchez, según nos desveló el otro día en el programa de Jordi Évole “Salvados”, está dispuesto a reescribir “En el camino”. Para ello va a coger su coche -el coche oficial es ya para Susana sola- y recorrer Celtiberia para convencer a las distintas federaciones de militantes y votantes del PSOE a que le voten cuando retorne a presentarse a secretario general en un Congreso en donde volverá a estallar la sangre de los ahorcados y el duelo a florete entre el clasicismo derechizado de la socialdemocracia y el socialismo de izquierdas a lo Blanqui -que ya he dicho aquí en numerosas ocasiones que no son la misma cosa-: la socialdemocracia es la mantequilla capitalista de una Europa envuelta por el velo de Isis, mientras que el socialismo ya es un Podemos pero con zulaque.
Esta generación beat que representa Pedro Sánchez quiere desmontar a esta socialdemocracia que viene del felipismo y de la baronía principesca. Para ello el pedrismo vuelve a la carga no bastándole el cuchillazo que, a lo César, le calzaron en un Comité Federal. Pedro, desde mi punto de vista, ha sido usado como una compresa, poner y quitar, pues ya dijo Susana aquello de “este chico no vale, pero ahora nos vale”. Es ese “ahora” donde se centra todo el zooespermo de un partido secular que no es que vaya a la deriva, cual barco ebrio de Arthur Rimbaud, sino que ya se ha hundido como el Prestige, dejando chapapote en todos los rostros a quienes el representante de ERC en el Parlamento definió como “cobardes y traidores”. La traición a Pedro Sánchez ha sido como la de Nerón a Séneca, pero Sánchez en vez de suicidarse tres veces -tal cual hizo Séneca- está plantando cara al establishment de un socialismo organizado en torno a las presiones de los medios de comunicación -el grupo Prisa-, los poderes financieros y la armada con balas y zulos que representa la guardia real de una socialdemocracia canija y áspera, definitiva y llorante. Antonio Hernando se ha convertido en el principal enemigo de Pedro S. -así lo dijo en la tele- mientras la traición fraudulentamente se consumaba en el hemiciclo.
Ahora la gestora del PSOE quiere expulsar a aquellos que, fieles al pedrismo, votaron NO a un gobierno de Rajoy. Hasta ahí podíamos llegar, señor Glez. No les bastó con el asesinato de uno cuando ahora quieren depurar el bollo del cogollo del meollo de la cotorra con más asesinatos morales y delincuentes. El PSOE no deja de ser ese partido unicelular que no admite críticas ni lloranderas dentro de su caparazón de cartas astrales. El juego de la política es tan bochornoso como la voz de Rafael Hernando o la bella Sáenz de Santamaría. El PP ha encontrado en el soe una chocolatada a gusto y cortada con las navajas que salen en la obra de Lorca “Bodas de Sangre”. Ugo Foscolo dijo que todos quieren ser amos, y ninguno el dueño de sí mismo, mientras que Graham Green apuntó que no puede uno confiarse a sus superiores cuando ha triunfado donde ellos fracasaron. Vayan allá esas pícaras, que diría Quevedo. ¿De dónde sacará Sánchez la gasolina de esta nueva generación beat?