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TRIBUNA

El inmobiliario

domingo 06 de noviembre de 2016, 18:14h

Sustituir el interné de las cosas por el paripé de las cosas es la desternillante aportación de Podemos a la revolución. Que si accedo a una beca por aquí, que si cobro un dinerillo venezolano por allá, que a ti te pago en negro y yo contrato a mienmano en el Ayuntamiento. Na, cosas sin importancia. A diferencia de Vivian Leigh (A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre), los asaltacielos se olvidan de Dios y del hambre; y su órdago de cambio es ya lo que el viento se llevó. De haber ocupado la Vicepresidencia, Iglesias y sus mamachichos habrían arramplado hasta con los cables de fibra óptica dejándonos a oscuras la sociedad de la información pero con todos los suyos enchufados. Amenazaron con regenerarnos y no han cesado en su degeneración defraudando la esperanza de aquél pueblo al que cantó María Ostiz: Un pueblo es. En esas estábamos cuando... and the winner is Ramón Espinar por su papelón en El inmobiliario. Merecido galardón por sus innovadores aires en la compraventa de inmuebles. No hay beneficio, lo que hay es una diferencia entre el precio de compra y el de venta, apabulla como un nuevo Adam Smith. En sede parlamentaria catequizó: El objetivo final de la promoción de vivienda pública no es venderla, el objetivo final de la promoción de vivienda pública es garantizar el acceso al derecho a la vivienda de la ciudadanía que no puede acceder en mercado libre. Si no fuera por su desenfrenada carrera como especulador en el implacable sistema capitalista, diríase que Espinar hubiera representado una corriente muy chic entre el nacionalsindicalismo de Girón y la sensibilidad social de Solís (lo zosiá).

Con lo percibido por la venta del piso, el Donald Trump de Alcobendas, cursó un master y se compró un ordenador wireless, a prueba de quinquis. Pudo haber repartido la plusvalía entre los proletarios del mundo, uníos. Pudo también haber conservado la vivienda como piso franco para alojar a Rufián cuando viene a Madrit. Franco, no en el sentido General, sino en el de inmueble exento de gravamen, como la zona franca de Barcelona. Pero Espinar sucumbió a la tentadora fascinación del capitalismo y le superó ese ardiente deseo de progreso en la escala social. ¿Habrá leído Camino de servidumbre? Por un pecado así los soviets deportaban al Gulag. A la nomenclatura de Podemos les sobra ambición por el money y andan escasos de la solidaridad e integridad que sí tuvieron aquellos anarcosindicalistas de la II República, como Pestaña y Peiró (no confundir con el extremo que corría la banda del Metropolitano), dos ejemplos de honestidad intelectual y política. Para el agente inmobiliario, lo más grave de su especulación urbanística no es el mero ajuste contable, sino el despiadado ajuste de cuentas entre adversarios políticos. Camuflado de alma de cántaro e ignorante de los aterciopelados métodos estalinistas que dominan su partido, quizás Espinar se decante por pedir el Monopoly a los Reyes Magos.

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