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Botellón mortal

lunes 07 de noviembre de 2016, 11:34h
Desgraciadamente, cada vez está más extendida entre buena parte de los adolescentes y jóvenes españoles la costumbre del botellón, algo inexistente en el resto de Europa. Una no solo nefasta sino peligrosa actividad para la salud física y mental ante la que, sin embargo, parece que no se toman las imprescindibles y rigurosas medidas, ni parece que la educación familiar –que es un factor fundamental- se lo tome en serio. Sabemos que los jóvenes se reúnen en la calle, preferentemente en plazas y parques, y que, en contra de la legalidad vigente, no únicamente ingieren alcohol sino que lo hacen en grandes cantidades y absolutamente fuera de cualquier mesura y antes de la edad permitida. Sabemos también que es habitual que los hospitales, sobre todo durante los fines de semana, tienen que atender a no pocos jóvenes por esa ingesta. Y los facultativos también nos alertan de un avance alarmante de casos de cirrosis en edades muy tempranas.

Y no menos sabido es que las encuestas y estadísticas arrojan cifras más que inquietantes, según las cuales el consumo de alcohol es frecuente entre los menores y que cerca de un setenta por ciento de estos participa habitualmente en los botellones, dedicándose a consumir bebidas alcohólicas de manera profusa y rápida, lo que agrava sus indeseables consecuencias. En estas circunstancias, estaba cantado que se produjera una desgracia irreversible, como ha sido la lamentable muerte por coma etílico de una niña de doce años en la localidad madrileña de San Martín de la Vega. Una noticia que lógicamente ha causado una gran conmoción.

Pero la mera conmoción de nada sirve si no se hace frente de una vez por todas a una costumbre que ya ha resultado, como no podía ser de otra forma, mortal. Y hay que hacerle frente desde distintos ámbitos. Porque no puede pasar más tiempo sin que se establezcan una total tolerancia cero ante el botellón y el consumo de alcohol por menores. En la tarea han de implicarse a fondo las familias –en lugar de limitarse a culpar al ayuntamiento local- y la comunidad educativa, redoblando los esfuerzos y trasmitiendo unos sólidos valores que parecen olvidarse a pasos agigantados.

Y muy especialmente ha de cumplirse de manera estricta la conocida como “ley anti-botellón”, algo en lo que no parecen estar precisamente diligentes las alcaldesas de Barcelona y Madrid: Manuela Carmena, no hace mucho, propuso que se cambiaran las sanciones por otras posibilidades que parecen guiadas más por el buenismo que por la eficacia. En el caso de San Martín de la Vega (Madride) no se entiende que, pese a ser bien conocida la situación, la zona de Los Cerros, y no es la única, sea territorio salvaje para la práctica del botellón, sin ningún tipo de vigilancia ni control. Ayuntamientos y autoridades en general han de tomar muy serias y urgentes cartas en el asunto. De no hacerse así, los botellones serán cada vez más mortales.
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