Son conocidas las dificultades para avanzar en un
Tratado de Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea. Incluso hay absurdas protestas para el Tratado con Canadá. En cambio, la cotización dólar-euro lleva bastante tiempo estabilizada muy cerca de la paridad (1,1 $ por 1 €). Incluso se ha invertido ocasionalmente la cotización (0,9 $ por 1 €). Parece factible conseguir que ambas monedas se cambien establemente a la par.
Eso estimularía el
comercio entre ambas áreas. Pasadas las primeras turbulencias, sería de esperar que los mercados asumieran pacíficamente la paridad, que de hecho casi existe ya.
No haría falta que intervengan oficialmente Gobiernos ni Parlamentos. Sería preferible un acuerdo entre los dos Bancos emisores. Que el Banco Central Europeo entregase 1 € a cambio de un 1 $, sin límite de cantidad. Y que la Reserva Federal hiciese lo propio con cada € que se quisiese convertir en $. La autonomía de ambos Bancos Emisores debiera en principio permitir tal cosa. Y si las tensiones fuesen excesivas, bastaría que
los dos Bancos suspendiesen temporalmente su compromiso.
La moneda mundial única es un ideal utópico de momento. Pero es el ideal correcto. Beneficiaría a todos y no perjudicaría a nadie. Conseguir que
euro y dólar sean en la práctica dos denominaciones para una misma moneda sería un gran triunfo para las ideas liberales y un freno a las sombrías ideas proteccionistas que amenazan en el horizonte.
José María MéndezAsociación Estudios de Axiología