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ANÁLISIS

Logros y retos del liberalismo en el siglo XXI

jueves 10 de noviembre de 2016, 11:05h
Manifiesto del II Foro Liberal 2016, organizado por la Asociación Estudios de Axiología.
Una imagen de la Bolsa de Madrid
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Una imagen de la Bolsa de Madrid (Foto: Efe)

Por Manuel Llamas

Las ideas, fruto de la innata creatividad humana, son el combustible que mueve el mundo. No es casualidad, por tanto, que el liberalismo, entendido como una amplia y profunda corriente de pensamiento a nivel político, económico y filosófico, haya logrado construir con el paso del tiempo las sólidas instituciones sobre las que se asienta hoy buena parte del mundo desarrollado y, muy especialmente, Occidente.

La democracia representativa, el respeto a los derechos y libertades fundamentales del individuo, el Estado de Derecho, la igualdad ante la ley, la economía de mercado o la globalización son algunos de los grandes emblemas del liberalismo, cuyas ventajas y beneficios han favorecido a cientos de millones de personas a lo largo de los dos últimos siglos. Sin embargo, el conjunto de conquistas políticas, económicas y sociales que disfrutamos hoy en día no son permanentes ni están, mucho menos, garantizadas. La profunda crisis de valores y principios en la que está sumida buena parte del mundo constituye una importante amenaza a tener en cuenta. Los momentos de crisis son, por definición, tiempos de cambio en los que el futuro depende directamente de las decisiones que adopten los dirigentes políticos y la sociedad en su conjunto. No en vano, no es la primera vez -ni será la última- en la que un determinado pueblo o país, ya sea de forma aislada o en compañía de otros, decide suicidarse colectivamente, tal y como, por ejemplo, aconteció durante la primera mitad del siglo XX.

La caída del Muro de Berlín en 1989 y el consiguiente derrumbe de la Unión Soviética, sumado a la progresiva, pero constante, apertura exterior que inició China hace más de 30 años, supusieron un crucial y muy positivo punto de inflexión en el devenir de nuestros días. Pero ello no es óbice para ignorar que existen nuevas amenazas en el horizonte cuya gravedad conviene no desdeñar ni minimizar. El resurgir de los populismos, de izquierdas y de derechas, a uno y otro lado del Atlántico, el fortalecimiento de los nacionalismos, el auge del proteccionismo económico o la larga sombra del islamismo radical son algunos de los grandes problemas a los que se enfrenta hoy Occidente. Retos, en definitiva, cuyo abordaje y resolución resultarán imposibles e infructuosos si no se aborda una profunda reflexión desde el fundamental debate de las ideas para encontrar las soluciones apropiadas a cada uno de estos desafíos. Éste y no otro es el espíritu que impulsa la celebración del Foro Liberal que organiza anualmente la Asociación Estudios de Axiología.

Logros del liberalismo

Y ello, partiendo de la base de que son muchos y muy relevantes las conquistas que ha alcanzado el liberalismo en todos y cada uno de los ámbitos del ser humano. El primero y más importante, la democracia representativa, como ámbito de convivencia política en el que los pueblos, erigidos en legítimos depositantes de la soberanía nacional, eligen libremente a sus gobernantes mediante el voto, y en el que los gobiernos, una vez constituidos, deben regirse por el imperio de la ley y el absoluto respeto a los derechos y libertades fundamentales del individuo. El asentamiento del sistema democrático y su posterior desarrollo y extensión alrededor del globo han configurado el mayor ámbito de libertad política e igualdad ante la ley que ha disfrutado la humanidad en su larga historia. Por desgracia, son todavía muchos los países que rigen sus destinos bajo crueles y lesivos regímenes autoritarios, dictatoriales o teocráticos, pero el avance que ha cosechado la democracia en las últimas décadas es, simplemente, incontestable.

Y si la libertad política es un logro en sí mismo, no lo es menos la extensión y profundización de la fundamental libertad económica. La economía de mercado, o, lo que es lo mismo, el capitalismo, no ha dejado de expandirse a lo largo y ancho del planeta desde que el comunismo fracasó en su intento de imponer a medio mundo su totalitario modelo ideológico. La caída del temido Telón de Acero y la posterior globalización permitieron un grado de apertura comercial y económica inédito desde el siglo XIX, gracias al cual millones de personas han mejorado su nivel de vida y bienestar a través del libre intercambio de bienes y servicios, así como la acumulación de ahorro, capital y el imparable desarrollo de los avances tecnológicos y científicos.

Todo ello, como es lógico, se ha materializado en una serie de indicadores, cuyos números conviene tener muy presentes a la hora de calibrar convenientemente el enorme progreso que ha protagonizado el ser humano durante este corto, pero extraordinario, período de la historia, a pesar de las enormes trabas y dificultades vividas.

- En primer lugar, el mundo ha visto cómo su población crecía de poco más de 1.000 millones de habitantes en 1800 a casi 7.000 millones en la actualidad, desmontando así las catastróficas profecías malthusianas sobre la escasez de los recursos.




- Por otro lado, la esperanza de vida al nacer ha pasado de 30 a 70 años a nivel mundial, mientras que en Europa occidental sobrepasa ya los 80 años, y creciendo... Los niños nacen hoy con una esperanza de vida próxima a los 100 años.




- Además, el mundo nunca ha sido tan rico como hoy. El PIB global se ha disparado en los últimos dos siglos. Desde los tiempos de Jesucristo hasta el siglo XI, el tamaño de la economía mundial apenas experimentó crecimiento alguno. Y algo similar nos encontramos en los ochocientos años siguientes, pero, a partir de 1800, con el nacimiento y la expansión del capitalismo, el mundo experimentó la época de mayor crecimiento y prosperidad de la historia del hombre.




- Como resultado, la renta per cápita a nivel mundial ha subido desde los 600 dólares (en términos constantes de 1990) a principios del siglo XIX hasta los cerca de 8.000 que se registran en la actualidad. El caso de Occidente es, sin duda, el más llamativo, ya que Europa, EEUU, Canadá, Nueva Zelanda y Australia (WO en la siguiente gráfica) han visto cómo su nivel medio de ingresos ha pasado de tan sólo 1.300 dólares en 1820 a casi 30.000 en 2010. También es significativo el salto adelante del sudeste asiático, ya que en 1960 su renta per cápita era de apenas 1.000 dólares, inferior a la europea en 1820, mientras que medio siglo después ya roza los 10.000 dólares.





- Y puesto que el mundo nunca antes ha sido tan rico, igualmente, nunca antes ha sido menos pobre. Se mire por donde se mire, la cuestión es que en el año 1800 más del 90% de la población mundial era extremadamente pobre, subsistiendo con menos de dos dólares al día, mientras que hoy esa situación afecta a apenas el 10% de la población. De hecho, de mantenerse esta senda, la pobreza pasará a ser un simple vestigio del pasado por primera vez en la historia de la humanidad. En términos absolutos, el número de pobres se ha desplomado desde los 1.850 millones de personas en 1990 a menos de 800 millones hoy. Esta espectacular caída se traduce en menores índices de mortalidad infantil y desnutrición, pero también en una mayor calidad de vida, un sustancial aumento de la esperanza de vida y, en definitiva, un futuro lleno de esperanza e ilusión para la gente que pertenece al denominado Tercer Mundo.





Retos del liberalismo

Estos y otros muchos logros, sin embargo, no deben ocultar ni desvirtuar la gravedad de los retos a los que nos enfrentamos hoy. La crisis económica internacional y el descontento generalizado de la población con muchos de los gobiernos que han tenido que lidiar con este complejo contexto económico y social han ido configurado un caldo de cultivo idóneo para el auge de peligrosos movimientos populistas con opciones reales de tocar poder a corto y medio plazo. Estas nuevas formaciones, ubicadas en los extremos del marco ideológico, han sabido aprovecharse del descrédito que han sufrido los partidos tradicionales para lograr representación política en diversos países de Europa, desde Alemania y Francia hasta España, Grecia o Portugal, por citar tan solo algunos ejemplos. Ni siquiera Estados Unidos, primera potencia mundial, es inmune a esta amenaza.

En el caso europeo, estas fuerzas populistas no solo ponen en riesgo la necesaria estabilidad política y económica de los países miembros, sino que aspiran a tumbar el proyecto comunitario de la UE y a revertir buena parte de los avances económicos y sociales logrados en las últimas décadas. Mención aparte merece la experiencia de Reino Unido, cuya inesperada salida de la UE supone un punto de inflexión en el proceso de integración europea, con consecuencias a medio y largo plazo que, hoy por hoy, resultan imprevisibles.

Asimismo, el regreso al proteccionismo económico que con tanto ahínco propugnan ciertos políticos y economistas amenaza con frenar las positivas e intensas relaciones comerciales que han ido tejiendo un gran número de economías durante las últimas décadas de globalización. Este particular recuerdo de autarquías pasadas es una de las amenazas más importantes para el futuro de la economía mundial, ya que el triunfo de dichas tesis lastrará el crecimiento y la creación de empleo en muchos países, sobre todo, en los más desfavorecidos, cuya producción es mucho mas endeble y dependiente del contexto exterior. Si a todo ello se suman, además, los grandes retos derivados de la digitalización y la irrupción de nuevas tecnologías, conocidas ya comúnmente como la Cuarta Revolución Industrial, o el nuevo mapa geopolítico que se está configurando a nivel mundial como consecuencia de la lucha contra el terrorismo islamista, es evidente que el actual contexto histórico no está, precisamente, exento de dificultades.

Es fundamental que estos y otros grandes desafíos sean abordados desde la pausada y detallada reflexión del análisis teórico, esto es, desde el mundo de las ideas, para poder articular soluciones y mecanismos apropiados y realmente eficaces para su correcta resolución. El liberalismo se ha enfrentado a retos de similar naturaleza e incluso superior dificultad en el pasado, pudiendo salir airoso y hasta reforzado de dichas disputas, si bien no siempre se han cosechado éxitos. Los enemigos de la libertad son muchos y muy poderosos. Es tarea de todos evitar que salgan victoriosos, ya que de ello dependerá, en última instancia, el futuro bienestar y progreso de la humanidad. Este Foro nace y se desarrollada con el loable objetivo de aportar su particular granito de arena a este trascendental cometido.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    9559 | yoong ji hoo - 06/05/2019 @ 21:41:53 (GMT+1)
    ofendeeeeee

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