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Libertad laboral individual

Martín-Miguel Rubio Esteban
sábado 21 de junio de 2008, 21:26h
Los sindicatos ahora ponen el grito en el cielo ante la posibilidad de contratos laborales no colectivos igual que los gremios profesionales de Francia llamaban “peste” a la ley de Renato Guido Le Chapelier, aprobada el 14 de junio de 1791, y que disolvía la tiránica reglamentación de los gremios medievales que había impedido hasta ese momento a obreros y patronos particulares pactar la jornada laboral de acuerdo a sus respectivos criterios e intereses.

Hoy en Europa está tan reglamentado el trabajo por el omnipotente poder sindical y los contratos colectivos casi de caráter gubernativo que diríase que Europa vive una nueva Edad Media, sólo que con muchas menos fiestas, en que parece un sacrilegio la libertad de pactar un horario específico entre un obrero concreto y un patrono concreto. No es cierto que se quiera imponer a los trabajadores agotadoras semanas de trabajo de 60 o 65 horas, sino que se quiere abrir posibilidades de jornadas laborales distintas a los paradigmas impuestos por los sindicatos. Tantos años de servidumbre ante la majestad de las centrales sindicales – en las que no llega al 6% el número de trabajadores afiliados de toda España –, ya de un claro carácter paraestatal, nos habían acostumbrado a ver como absolutamente normal que los ritmos laborales se marcasen al son de los cómitres de los fantasmales buques sindicales, y a nadie se le ocurría la peligrosísima idea de que tanto yo como mi patrón somos ciudadanos libres para llegar a un pacto laboral de acuerdo sólo a nuestra recíproca conveniencia.

Se demoniza a Merkel, Sarcozy, Berlusconi y la estrella ascendente de Cameron por ofertar distintas y diversas posibilidades de libertad laboral. ¡Cuánto miedo da la libertad! Eso de decidir por uno mismo las cuestiones que más afectan a tu vida es una verdadera atrocidad, con lo fácil que nos resulta seguir el programa de los que se arrogan el derecho de programarnos. Con toda razón el Terror robespierriano cortó la cabeza del liberal Renato Le Chapelier en junio de 1794.

Hasta hoy prácticamente toda Europa, fundamentalmente la vieja Europa occidental, está viviendo la dictadura del socialismo fabiano, enemigo de la libertad laboral y, por ende, de los contratos de trabajo individuales. Ahora bien, pensar que Zapatero tiene mayor sensibilidad social que los otros líderes de la vieja Europa es como mínimo un poco pretencioso o una verdadera alucinación.

Isaac Renato Guido Le Chapelier defendió en Rennes los derechos del estado llano contra los privilegios de los grandes, lo que le valió ser llamado a la Asamblea Constituyente. Era un hombre bueno y acérrimo defensor de la libertad individual frente al Estado, tal como nos lo ha pintado Lamartine. Perteneció al Comité de Constitución y presidió la Asamblea de 4 de agosto. Débense a él las leyes sobre igualdad en las sucesiones, los nombramientos de jueces por el pueblo, la defensa de la propiedad literaria e intelectual, etc. Le Chapelier fue al cadalso con buen humor y animando a los compañeros que iban con él en la misma carreta, el hermano del gran escritor francés Chateaubriand y el Señor de Malesherbes. Merkel, Sarcozy, Berlusconi y Cameron parecen seguir hoy la senda trazada hace doscientos años por Le Chapelier. Que tengan suerte para que también la tenga Europa.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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