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POCO A POCO

Dimisiones cobardes, dimisiones valientes

lunes 05 de diciembre de 2016, 08:43h

Ha dado la casualidad de que en la última semana dos de los grandes líderes europeos, François Hollande en Francia y Matteo Renzi en Italia, han decidido salirse de la vía y presentar sus respectivas dimisiones. En realidad el francés no ha dimitido como tal, sino que ha confirmado que no se presentará a la reelección, primer presidente galo en hacerlo en esta V República, en lo que es de facto una dimisión de su proyecto político.

Si bien el fin es el mismo, desde luego las formas, la actitud y la altura política son muy diferentes. Hollande se va del Elíseo por la puerta de atrás, de forma cobarde a apenas cinco meses de unas elecciones presidenciales cruciales a las que su partido, el socialista, llega en pésimas condiciones por culpa, entre otras cuestiones, de la deficiente gestión del actual presidente francés entre sus filas.

A pesar de tener la opción, valiente y consecuente, de luchar por su proyecto y papel hasta el final aun a sabiendas de que fracasaría, Hollande ha decidido marcharse antes de que las urnas le ejecuten como el líder menor que ha demostrado ser estos últimos cuatro años. Ha decidido abandonar el barco, como un capitán cobarde que es, antes de que este se hunda en aguas turbulentas. Deja a sus tropas en plena batalla y coge las de Villadiego como un general mediocre y acongojado.

Muchos argumentarán que en realidad es un servicio al Partido Socialista, que es un gesto de buena voluntad para ceder el paso a Manuel Valls, con mejor acogida y popularidad que él, e intentar enmendar la situación rascando votos de cara a abril. Yo no lo creo. Venga Valls, venga la mismísima Virgen de Lourdes, el socialismo francés no tiene nada que hacer en primavera salvo ayudar a la UMP de Fillon a frenar a los neofascistas liderados por Marine Le Pen en la segunda vuelta. Después de eso tocará reconstruir y replantearse qué queda de la socialdemocracia francesa, en sus horas más bajas, y cómo quiere encarar la formación de la rosa los retos de la Francia del siglo XXI, que son muchos y apremiantes.

Por contra, y la comparación siempre es odiosa, Matteo Renzi ha demostrado ser consecuente y valiente en su retirada. Se lo jugó todo por su reforma constitucional, ambiciosa, desde luego, pero muy necesaria para un país, Italia, que se ha convertido en el paradigma del caos legislativo.

El primer ministro italiano salió al campo a jugar y perdió este pasado domingo. Con la derrota en el marcador decidió presentar su dimisión "sin remordimientos", sin excusas, sin paños calientes. Ha sido fiel a su ideario político y ha sabido morir matando por un proyecto en el que creía ciegamente pero no así las urnas.

He ahí la altura política y el compromiso de Estado que no ha sabido tener Hollande. El francés, cuyos méritos en lo social son evidentes, se va dejando colgado al país y a sus propios colegas de partido, que ahora se ven con el marrón de arreglar el destrozo que han supuesto los cuatro años de su Presidencia.

Tras de sí, el presidente saliente, sin duda entre los peores de la V República, deja para el recuerdo los índices de popularidad más negativos de la historia del país, una hipócrita y sangrante reforma laboral hecha para y por Bruselas y sacada adelante a decretazo limpio en contra del 80 por ciento de la aprobación popular, una pérdida de peso internacional galopante, la sombra de la amenaza terrorista siempre presente y una crisis identitaria creciente.

Hay formas y formas, y habitualmente la elegancia y la verdadera valía de los líderes se mide en sus horas más bajas, cuando el viento sopla en contra. Con esta premisa, Hollande ha demostrado ser un cobarde político, todo lo contrario que Renzi, que contará a futuro con el respeto que el propio francés se ha negado.

Borja M. Herraiz

Jefe de Internacional de El Imparcial

BORJA M. HERRAIZ es jefe de Internacional en El Imparcial

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