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TRIBUNA

Mi generación soy yo

viernes 09 de diciembre de 2016, 20:13h

Disculpen noramaza vuestras mercedes el grado de vanidad que prosigue en este artículo, pero es que no será en balde cansar a voacé en de mí mismo persuadirme a que no quiera yo lo que los cielos quieren, la fortuna ordena y la razón pide, y, sobre todo, mi voluntad desea. ¿Qué quiero significar? ¡Válame Dios que ya lo diga¡ Que llevo mucho tiempo ha yo escribiendo de todo menos jarchas mozárabes y, al punto que digo, de momento la mía escritura no se ha reconocido como quiera, por lo que, aunque buenas críticas ha habido en los madriles, yo no puedo conformarme con ello, y a sabiendas que soy reñidor con las palabras, abusador de la sintaxis, predicador en desierto, no puedo por más abrigar que en la Atenas de las letras españolas hay mucho escribidor que sólo es porro o pazpuerca, animalia o cascajo que no duda en chupar los pechos de las putidoncellas allá vayan reyes do se requieren leyes. Que la ley de la literatura española y el articulismo celtibérico es sólo oficio que muda la costumbre. Y tengo yo aquí que decir agora que yo me siento -disculpen las aguas de Narciso- que yo mismo soy mi propia generación, pues ni por edad ni por género ni por biología pertenezco a ninguna escuela que no sea la mía propia, alquilada por albañil a fuerza de esfuerzos.

De buenas a buenas diré también que en España se escribe muy mal, tanto por machos cabríos como por féminas paticortas, y no diré nombres por no herir a las equis o a los nocilleros. Conmigo allá va Rocinante. Porque hay algunos que así escriben y arrojan libros de sí mismos como si fuesen buñuelos, voquibles, trochemoches, hideperros y otros adjetivos que me guardo en la faldriquera. Y no es lo mío pedir cotufas en el golfo -pedir lo imposible en Cervantes-, sino lo que yo creo que merezco, pues si no me defiendo yo de las miserias que padezco, ¿quién me va a traer la rana? Por eso digo que soy yo sólo mi generación en mi misma pieza y a los que no lo crean que le den humo a sus zapatos o que tomen los puntos de las medias negras con seda verde. Que yo ya no creo más que en mí. Comparezco ante vuestras mercedes para que me pongan tienda en palacio o para que siga habiendo cien alcaldes en mi corte, que mi fracaso como escritor surge de una sola exclamación, que aquesta es: ¡Ama a Satanás¡

Y es que llevo ya más de veinte inviernos en que la escritura me está pelando las barbas, y es por ello que solicito un público que no sé si yo merezca, pues soy licenciado en infortunios. Abogado del diablo soy yo mismo para mí, porque sin la ayuda de Dios Cristo y Rey aquí no se mueven ni las migajas de pan. Mi pan es el pánico. Mi única verdad mi virtud. Mi única rosa la que está humedecida y mi único tesoro los verbos que refriego, como escoba de palo, en mis escritos. Qué lejos estoy de los malos escribidores, de los cuales nada me importa y a los cuales insulto con palabras latinas: forse altro canterà con miglor plectro. Y, estando todos estos sucesos todavía en vivo, es mi calendario el que está repleto de fechas, cuya última hoja ya es la de mi muerte. Pues será, una vez que la parca me venga a pellizcar los huesos, cuando en Sotheby's a mi me alquilen. Pero es, como decía Ortega, mejor vivir que filosofar, por lo que a la mierda mando a todos aquellos que me tienen en el ostracismo como galera cartaginesa y no pudiendo ya más resistir este mi fracaso me encomiendo a la Fortuna con sesos para que, dentro ya del Oráculo de Delfos, se adivine cuál ha de ser mi vivienda en este mundo de gramáticos, críticos y leyentes. Que necesito un Conde de Lemos o tal vez un bonete colorado de Toledo. Quizá yo tenga vacíos todos los aposentos de las letras. Que lo juzgue el diablo. Vale.

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