Zinedine Zidane concibió este partido, el siguiente al Clásico y el último antes de viajar a Japón en busca del Mundial de Clubes, como el idóneo para examinar la consistencia de su vestuario. De forma explícita. Sólo Navas, Ramos e Isco repitieron del once que empató en el Camp Nou. Con Ronaldo, Benzema y Modric en la grada, y Carvajal, Marcelo, Varane, Kovacic y Lucas Vázquez en la banca, el líder debía defender tal condición tras el triunfo del Barcelona en Pamplona, que colocaba a los catalanes a tres puntos de la cima clasificatoria.
El Deportivo, que mostraría con rapidez que no viajó para ejercer de comparsa, implementaría una mezcla de presiones elevadas y repliegues, nunca encerrados, que consiguió enfangar el inicio del duelo en un intercambio de imprecisiones. Sin embargo, con un doble pivote como único sostén y cuatro piezas ofensivas, los coruñeses se descubrieron partidos desde el 10 de juego, con James y, sobre todo, Isco, explotando el espacio de la mediapunta. En cada ventana en que la circulación local sobrepasaba la trinchera ofensiva visitante amortizaba los espacios para dañar la distancia entre líneas del dibujo de Garitano.
De este modo, Asensio y Morata combinaron para buscar a Nacho, que no engatilló por poco, en la apertura de las hostilidades. El malagueño, dueño del tempo y de lo estético, probó suerte de inmediato y desde media distancia. Tyton empezó a granjearse el uniforme de salvador antes del minuto 20, cuando despejó para atrapar un rechace entre el punta canterano y James. La pelota y el ritmo, más revolucionado, entregó el gobierno a un Madrid fluido gracias a la actividad posicional de sus artistas. Tan cómodo se encontraba el centro del campo de Chamartín que Casemiro se aventuró a un slalom individual que concluyó en la hierba, derribado en la frontal por Borges. Ramos lanzó a las nubes la falta directa y el Depor respiró.
Los gallegos consiguieron recobrar la cohesión en torno a la media hora, con Babel como único faro efectivo de respiro y Çolak en incipiente evolución. Andone proseguía su empeño de chocar con los centrales y el flujo de contras visitantes tendía al mínimo. Sin embargo, al tiempo que se asentaba el rigor táctico coruñés se disparó la sensación de amenaza visitante. Borges, todocampista y llegador exponencial, abrió su díptico anticipándose a la zaga merengue y rematando al poste diestro de Navas –minuto 28-. El desconcierto generado por sendos errores de Pepe y Ramos entregaron la acción a balón parado que condujo a esta primera llegada seria del envite. En el 34 volvería el costarricense a toparse con la madera, en esta oportunidad con su cepa, en otra jugada de pizarra lanzada por la perla turca.
La engrasada circulación madridista se había congelado antes del camino a vestuarios, con James, que dispuso y marró un mano a mano con Tyton (buena salida del meta deportivista) tras cesión de Morata, cada vez más intrascendente. Kroos no influenció el devenir y Asensio resultó una sombra. Los laterales suplentes no sumaron como los titulares en la gestación de llegadas y el endeble grifo de profundidad concluyó con una asociación entre Morata y Danilo que el cafetero envió fuera de zurdazo demasiado cruzado. Con un repliegue más equilibrado, los pupilos de Garitano suturaron la herida que sangró Isco (único e irregular director de orquesta) y crecieron hasta negarle la placidez al Madrid. Los de Zidane, cercanos al 60% de posesión y con una solvente ocupación de los espacios en fase defensiva, no alcanzaron a sostener su dominio venenoso y la horizontalidad terminó por conducirles al descanso entre la impotencia y el bostezo.
Disponía el líder de 45 minutos para ganar tres puntos más valiosos psicológicamente que en lo estadístico, con el islote intercontinental a la vista. El técnico galo, empeñado en recalcar la necesidad de la intensidad como concepto gravitacional, decretó más vatios pero mismo guión. Y la pelota siguió pintada de blanco en la reanudación, con el Deportivo cediendo terreno y las camisetas blancas más enérgicas en su presión. La consecuencia, antes de que la incertidumbre contaminara a los secundarios madridistas, fue la recolección de los méritos reclamados (más bien a susurros) en el ejercicio dominante del primer acto. Morata recibió de espaldas a portería, en el hueco de la frontal desatendido por el conjunto visitante, y se perfiló para encañonar un proyectil que se coló cauterizando el palo largo. El 9 suplente condecoraba su titularidad y adelantaba al Madrid en el minuto 50. Suspiraron tribuna y verde con la conexión entre las intenciones y la puntería.

Garitano decidió sentar a Çolak, una de sus únicas referencias atacantes reconocibles, y meter en la fórmula a Joselu, para redoblar su apuesta valiente y conformar una poblada mediapunta (asumiendo el riesgo que entrañaba adelgazar el número de peones en la medular). La ambiciosa decisión coincidió con un tímido viraje madridista hacia el modelo de robo y salida. El dominio del esférico, por consiguiente, se equilibró. Otra vez descuidaba el sistema de Zidane su responsabilidad para con el control, el defenderse con la pelota. Y lo pagaría con dureza y de manera inesperada. Casemiro robó a Andone, como último hombre, un balón en profundidad. Pero el brasileño se relamió y trató de sacarla con maniobras y fintas descontextualizadas. La pelea del delantero rumano provocó el error del carioca y Joselu fusiló a Navas con un zurdazo soberbio, pegado a la escuadra.
El shock local se estiró hasta el minuto 65 en forma de indolencia y economía del esfuerzo y la tensión táctica. Sobrevino otra contra coruñesa fulgurante, en dos para dos. Y Joselu, pletórico de voluntad, arrolló a un Ramos blando, anudado, y batió al portero tico por bajo. El disparo, que se coló entre las piernas de Keylor, selló la abrasiva remontada, heló al respetable y provocó que el bloque capitalino se sorprendiera, de repente, obligado a abrazar la épica. La garra rival convirtió el suave navegar en unas turbulencias, un cataclismo, que comprometía el resultado, el liderato y la auto-percepción.
Lucas Vázquez fue el primero en saltar al campo –por un Asensio transparente-. Mariano, el segundo. Isco, vaciado, le cedió el escaño. Le urgía al equipo dirigido por Zizou una reacción de hambre, compromiso y concentración arrebatadoras si quería sobrevivir a su cara tenebrosa y acometer el récord de Leo Beenhakker y la ‘Quinta del Buitre’ (de 34 partidos consecutivos sin perder). Sin el magnetismo de la calidad individual de sus estrellas. Garitano quiso apuntalar la cosecha engordando ahora su ecuador y dando salida a Andone y entrada a Mosquera. El último cuarto de hora anunciaba un partido volcado sobre la portería del Depor y unos y otros se armaban para afrontar ese desenlace volcánico.
Marcelo, la última solución disponible, sustituyó a un Danilo oscuro en medio de una concatenación infructuosa de intentos más bien individuales. Babel (notable en su labor de desahogo) dio la alternativa a Fajr, la nueva sombra y refuerzo en la marca del brasileño recién entrado. Trataba el líder de superar la acumulación inocua de centros laterales, pero no le resultaría sencillo, pues el Deportivo conseguía romper el ritmo con asiduas salidas que trompicaban la intención local. Pero también atinaría el preparador francés en sus variantes, y Mariano acertaría a introducir, por el palo largo, un centro con la zurda de Vázquez en el 84. El empate a dos no enfriaría el intencionado paroxismo atacante (17 llegadas al área locales), cuando el espectacular partido se había traducido ya en el definitivo y descarnado duelo a cara de perro. De toma y daca.
El toque de corneta continuó, impío, en el paradigma de los envíos aéreos. Con Lucas Vázquez como herramienta predilecta. La batalla aérea contaba en ese tramo con Ramos en el centro del área y con Tyton como filtro decisivo. Voló el guardameta para sacar de dentro un testarazo de Morata en la apertura del tiempo añadido. Nada pudo hacer, por el contrario, en el 92, cuando el central sevillano cabeceó al fondo de la red, y con un giro de cuello salpicado de fundamentos, el enésimo córner determinante. Completaba la remontada el Madrid en un partido hiperbólico. Desmesurado en su vaivén. La mística del Bernabéu se alimentó, en esta ocasión, como resquicio por el que sobrevivir al soponcio. La dignidad del Deportivo quedó asegurada después de llevar a la agonía al coloso y en el coliseo. Y la fe del once veces campeón de Europa refrescó su vigencia con tres puntos que reafirman las tablas alcanzadas, por similar vía postrera, en la Ciudad Condal. Lo que se confirma es que en cada esquina de esta Liga aguarda un resbalón para los faraones, un hecho por el que sonreír en pos del nivel del balompie patrio. Y que no parece buena idea conceder un saque de esquina al sistema de Zidane en la última recta del minutaje.
Ficha técnica:
3 - Real Madrid: Keylor Navas; Danilo (Marcelo, m.81), Pepe, Sergio Ramos, Nacho; Casemiro, Kroos; Marco Asensio (Lucas Vázquez, m.66), Isco (Mariano, m.72), James; y Morata.
2 - Deportivo: Tyton; Juanfran, Albentosa, Sidnei, Fernando Navarro; Borges, Guilherme, Colak (Joselu, m.58), Carles Gil; Babel (Fajr, m.82) y Andone (Mosquera, m.74).
Goles: 1-0, m.50: Morata. 1-1, m.63: Joselu. 1-2, m.65: Joselu. 2-2, m.84: Mariano. 3-2, m.92: Sergio Ramos.
Árbitro: Jaime Latre (colegio aragonés). Amonestó a Morata (70) por el Real Madrid; y a Borges (25) y Albentosa (59) por el Deportivo.
Incidencias: encuentro correspondiente a la decimoquinta jornada de LaLiga Santander, disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante 67.174 espectadores.