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Santos y el otro “Nobel” de la Paz

domingo 11 de diciembre de 2016, 09:34h

La concesión del Premio Nobel de la Paz a Juan Manuel Santos, que recogió ayer en Oslo, causó no poca sorpresa al otorgársele a pesar de que en el referéndum sobre el acuerdo entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Gobierno la mayoría de los ciudadanos votó en contra. Algo que produjo una situación de gran incertidumbre, pues se abrían varias alternativas. El presidente Santos, no obstante, anunció rápidamente que seguiría adelante con el proceso y trataría de alcanzar un nuevo acuerdo con la guerrilla. En esas circunstancias, interpretó el alto galardón como un respaldo a su política, pese al resultado adverso de la consulta. Y, de hecho, esa fue la intención del Comité de los Nobel que subrayó los esfuerzos y la fortaleza de Santos para traer la paz.

Unos esfuerzos que, indudablemente, no hay que negar a Santos, deseoso de poner fin a un devastador conflicto que desde hacía más de medio siglo sembraba la destrucción en Colombia, cobrándose la vida de miles y miles de colombianos, produciendo un sinfín de heridos, desplazados y desaparecidos, y restando al país enormes posibilidades de progreso y desarrollo. E igual de deseosos que Santos en acabar con la violencia estaban sus compatriotas. Sin embargo, parece que el mandatario no acabó de entender que estos no querían la paz a cualquier precio, como así se lo manifestaron con su voto contrario en el referéndum. Ahora, cuando el presidente colombiano ha ido a recoger el Nobel, ya ha firmado otro acuerdo con las FARC, que las dos partes señalan como definitivo. Un acuerdo que, en este caso, por propia decisión de Santos no se someterá a referéndum, sino que deberá ser refrendado por el Parlamento. Una decisión que no ha dejado de despertar polémica.

Porque parece que en el nuevo acuerdo, que continúa rechazándose por los partidarios del no al anterior, no se han modificado en sustancia los puntos más controvertidos que arrojaban un gran inquietud en torno a varias cuestiones como la manera privilegiada en que las FARC iban a participar en política, y el capital asunto de si verdaderamente sobre quienes habían cometido gravísimos delitos, no pocos de lesa humanidad, caería todo el peso de la ley. Santos ha obtenido su Nobel, y no dejamos de felicitarle por ello. Pero le queda obtener un Nobel más importante, más decisivo, que deben darle todos los colombianos una vez que gestione la nueva situación, y sus muchos retos, sin olvidar que, como advirtió Burke, la paz no es lo mismo que la justicia, porque no es posible lograr un acuerdo perfecto. Ojalá consiga Santos el respaldo masivo de la sociedad colombiana.
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