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Caso Nadia Nerea: rigor frente a manipulación informativa

domingo 11 de diciembre de 2016, 09:35h

La millonaria estafa realizada por los padres de la niña Nadia Nerea ha asombrado y desconcertado a la opinión pública. Cierto que la explotación de la enfermedad de un hijo –al parecer una tricotiodistrofia-, con el fin de lucrarse y llevar una vida de lujo sin trabajar rompe los esquemas mentales naturales de la inmensa mayoría de la población. Pero desenmascarado el fraude, queda a la vista también una farsa social manipuladora que lo ha hecho viable y sobre la que conviene reflexionar y corregir con urgencia. Ante todo, la trama de falacias en la que se sustentan ciertos medios de comunicación de masas donde se involucra la información con el puro y simple espectáculo.

No afecta a la mayoría de los medios de información serios, pero su impacto colectivo compromete cifras de usuarios gigantescas para los cuales la frontera entre la información rigurosa y la pseudoinformación fraudulenta se ha hecho borrosa o ha desaparecido. Se abre el interrogante sobre cuántos “casos Nadia Nerea” han podido difundirse en esa falsa información-espectáculo no solo en el área social, sino de información política nacional o internacional, científica, económica, o de cualquier otro sector periodístico.

El escándalo que ahora, tras estallar, confunde podría haberse evitado con el más elemental contraste de datos -como, finalmente, aunque tarde, han realizado medios solventes-, lo que subraya la inadmisible falta de profesionalidad de esa información-espectáculo atenta únicamente al número de consumidores de sus productos. Lo que ha sucedido con tan increíble ausencia de rigor en este caso concreto, puede estar reproduciéndose en asuntos cruciales sobre economía, política, cultura, ciencia… Sumado a la propensión a dar por cierto todo tipo de bulos difundidos masivamente por las redes sociales de internet, arroja una preocupante sombra sobre la calidad de la información que llega a amplias capas sociales, algo que pudiera originar patologías en la conformación de la opinión pública.

En paralelo a este fenómeno, el “caso Nadia Nerea” también desenmascara otro hecho no menos en auge. Consiste en manipular los impulsos de solidaridad y empatía de la población -en sí mismos saludables, y más sensibles en una época de crisis como la actual-, para exagerar, crear alarmas innecesarias, patrañas demagógicas, o manipulaciones y contorsiones populistas de los datos reales. En suma, la política de la emoción sobre la política de la razón. Ciertos movimientos sociales y políticos han fiado su fortuna a estas estrategias, sin duda en algunas ocasiones con mañas habilidosas y triunfos parciales con vista a sus objetivos desestabilizadores.

Es hora de que el periodismo responsable redoble su vigilancia y rigor profesional ante estos desafíos. Precisamente para conservar la credibilidad informativa e impedir que la elogiable empatía y solidaridad ante casos reales propicie despreciables negocios o se insensibilice ante la duda sembrada por engaños de este cariz.
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