Es posible “morir con la sonrisa en los labios”, es posible vivir con el corazón a la intemperie y es posible deconstruir el Beatus ille, afirma José Luis Morales (Ciudad Real, 1955) en este poemario, que ha merecido el XX Premio Internacional “Antonio Machado en Baeza” de 2016. Gracias por su visita es un libro impresionante que se devora sin levantar la vista, sin respiro de principio a fin; por la autenticidad que hay en él y la naturalidad con que discurre su extraordinaria calidad poética. En sus páginas, el autor traza el relato en presente de una lucha contra la muerte; la crónica, entre el estupor y el desconcierto, -como ese “ladrido confuso” de su perro cuando finalmente fue capaz de volver a su casa- de su disputa contra el cáncer, primero en el hospital y después en su hogar, donde “la enfermedad adquiere / su condición real de carcelera”, y su figura, antes sólida y rotunda, es ahora “una sombra, un perfil hueco, / un contraluz de sueños que se acaban / disolviendo en la niebla”. Ya no es dueño de ella ni de sí mismo, solo “agua que se sumerge bajo la tierra y deja / a medio terminar / –para que tú, lector, puedas hacerlo– / el último renglón de este [poema/ retrato]”.
Aunque sea un lugar común reflexionar sobre la vida y la muerte, José Luis Morales se enfrenta a ellas con una franqueza (“Desde el dolor te escribo / desde un pulmón sin aire, / desde un brazo invadido de gomas y de aceros, / desde un estoma abierto que palpita”), honradez (“no quiero hundirme en el silencio sin / pedir vuestro perdón, hijos. […] a mi manera / desaliñada y torpe, yo también os amé / No me guardéis rencor”) y desolación (“que la bala / tenga piedad de ti / -y rapidez- y acierte”) que estremecen; cuyo único escape parece haber sido el acto de escribir estos poemas (“sin nada que decir, ni que esperar, / -no sé por qué / no sé ni a quien- / escribo”).
José Luis Morales cuenta con una larga trayectoria como poeta desde 1975, con títulos como Por las deshabitadas arboledas (1991), Par(entes)is (1995), Otoños del amor (2002)…; habiendo recibido reconocimientos a su obra como el Premio Nacional de poesía José Hierro por El aroma del tacto (2000) o el Premio Internacional de poesía Miguel Hernández por El viento entre las ruinas (2009), entre otros. Y ha incursionado en variados géneros como el periodismo, la edición de antologías, (José Hierro y Juan Van Halen), el cuento infantil (Cuentos para niños tristes, 1977), el libro de viaje (El Bierzo y las tierras de Babia, 1990) o el teatro.
Se ha dicho que José Luis Morales es un escritor que escribe “desde la verdad”, “sin hojarasca”, “sin alharacas ni fuegos de artificio”, lo cual sigue siendo cierto para este nuevo libro en donde, pese al tema tratado, se mantiene alejado de toda impostura, valorando, como en su obra anterior, la trascendencia de las cosas sencillas, de lo cotidiano -al estilo del poeta José Hierro al que tanto admiraba- que su experiencia le ha hecho aún más patente. Por eso, la metáfora que utiliza para explicar la vida -con la que abre, a modo de “Hipótesis”, el libro-, se aleja de los tópicos clásicos y busca la imagen de un objeto humilde y servil: “esa servilleta / de papel que te aguarda / en el dispensador de las tabernas, / y en la que sólo pone: / Gracias por su visita”. Pese a ello, o quizá tal vez justamente por eso, piensa que “no hay que perder las formas”, como no lo hace tampoco en estos poemas desbordados y contenidos a la vez:
“no hay que perder las formas
despídete con calma, besa a todos,
sonríeles, si puedes, y no olvides
la buena educación:
aunque duela marcharse,
al salir
da las gracias.”