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JORNADA 16: BARCELONA 4 ESPANYOL 1

La luz de Messi e Iniesta ciegan al Espanyol y el Barcelona presiona al Madrid | 4-1

La luz de Messi e Iniesta ciegan al Espanyol y el Barcelona presiona al Madrid | 4-1

domingo 18 de diciembre de 2016, 22:38h
Actualizado el: 18/12/2016 23:02h
El argentino diseñó una obra maestra que anegó a los de Quique Flores. Por Diego García

El sistema de Luis Enrique impuso el ritmo de partido durante buena parte de los 90 minutos. El primer acto se disputó en un estándar de revoluciones congelado, en el que los blaugrana pretendían garantizarse el control del envite por medio de posesiones horizontales e interminables. El dominio del tempo local se tornó en el paradigma, pues el Espanyol, que sólo pudo oponer resistencia durante el primer cuarto de hora y por la vía de salidas sostenidas de pelota, prefirió aguardar en su cancha, ordenado, a presionar.

Avisó Iniesta de su magnetismo y jerarquía, renovadas tras su regreso de la lesión, en el minuto siete. Se jugaba en la medular, obviando las porterías, hasta que el manchego descerrajó un envío rasante, desde la cueva, que Suárez tradujo en un contragolpe certero con un cuerpeo y un túnel sublimes. La pelota voló hacia Neymar, que centró para el remate de Messi que se enredó en el lateral de la meta visitante. Dicho chispazo marcaría el camino a recorrer por los vigentes campeones y la estrategia que condicionaría el derbi catalán: la pausa y apariencia inofensiva de la asociación local constituía un cebo. Sólo contemporizaba hasta que su rival se confiara y subiera líneas.

Los pupilos de Quique Flores se afanaban en corroborar lo granítico de su cierre, con un 4-5-1 versátil que colapsaba el centro y neutralizaba el arma preferida del Barça en estático. Iniesta y Neymar se escalonaban para buscar superioridades con Jordi Alba, pero los pericos lo sabían y se anteponían. Además, el bloque blanquiazul no renegó del debate sobre la posesión y empezó a testar la paciencia del coloso con Caicedo, Gerard Moreno y Jurado como faros y nexos para la incorporación de los carrileros. Empezó a sentirse cómodo con la ganancia de peso un Espanyol que materializó tal percepción con una apertura del ecuatoriano para el centro de Aaron y el testarazo desviado de Piatti.

Por si fuera poco, los centrales ejecutaban salidas efervescentes que amarraban los intentos de Suárez y Messi entre líneas y el despliegue obtenía coherencia ofensiva. Pero en el minuto 18 emergió, desnudo, el plan de Luis Enrique. Con la defensa adelantada de un equipo visitante cada vez más ambicioso, Mascherano cortó un envío y cedió a Iniesta para que el jugador determinante de la medular culé dibujara un pase de 50 metros que rompió la cohesión visitante con precisión quirúrjica. El envío conectó con su destinatario, Suárez, que elevó el nivel de la acción con un control orientado de terciopelo y abrió el marcador de derechazo cruzado. Un relámpago de verticalidad fracturó el compás y encendió el electrónico. La diana recalcaba el peso de la calidad individual sobre el resto de factores.

Si antes del gol el termómetro del duelo rozaba la congelación, con el 1-0 el guión de Luis Enrique trató de efectuar un soliloquio caminando. Radicalizó la circulación perenne e inocua, reguladora. Lo aliñó, eso sí, con un ascenso de vatios en su presión tras pérdida, ahogando la sensación de fluidez en las salidas espanyolistas. En torno a la media hora, a pesar de no fabricar una tormenta de llegadas al área de Diego López, el Barça gestionaba su ventaja con autoridad. Y los de Quique mantuvieron la hoja de ruta y no aceleraron ni subieron líneas, con voluntad de no salirse del renglón a pesar del contratiempo.

Se disparó el enfrentamiento, por tanto, hacia el descanso con un plomizo bostezo. Messi bajó metros para combinar con Iniesta y despertar a Denis Suárez, convirtiendo el ajedrez en una combinación tan prolongada como intrascendente. Sólo Neymar se movía para amenazar el apagado devenir de centrocampismo, con el Espanyol como sujeto pasivo. Fue el brasileño el peón que desperezó el ritmo como otro chispazo en aceleración. Nació la jugada de una contra lanzada por el Barça tras una falta lateral botada por el Espanyol. Las botas del carioca se desplazaron, verticales, hasta atisbar la llegada de segunda línea de Messi. La Pulga chutó demasiado cruzado en el minuto 30. Todo ello aconteció con David López en el verde. Busquets le regaló un manotazo y entre protestas quedó desguarnecido el balance visitante.

Se clausuraría el primer acto de densidad con un disparo de Javi López muy desatinado, sin fortuna ni ángulo. Diop aprovechó el dolor de Busquets, que se tendió sobre el campo después de chocar con Ciacedo, y dejó aislado al lateral con un bello pase de exterior que recorrió el área culé. Sin más producción que reseñar, y con un solo disparo entre palos en 45 minutos (cinco llegadas locales y tres visitantes), el colegiado decretó el camino a vestuarios con un 65% de posesión azulgrana. El derbi se estaba compitiendo al trote y en campo de un Espanyol expectante.

Lejos de reclamar una explosión de intensidad en el camarín, Quique asistió a una reanudación que supuso la prolongación de la estepa previa. La pelota fue jurisdicción del segundo clasificado, que aceleraba el toque y lo frenaba a su antojo. Neymar volvió a asomar para probar suerte en varias opciones de remate antes de la fluida combinación que encontró el desmarque de Luis Suárez en el interior del área. Diego López salió con valor y sostuvo a los suyos al tapar el remate del uruguayo -minuto 52-. Y se lesionó en dicha parada providencial, dejando su escaño a Roberto.

Quemados 20 minutos del segundo tiempo se confirmaba la escasa floración en estático del Barcelona, desprovista la asociación de una velocidad adecuada. Tal circunstancia mantuvo en supervivencia a un Espanyol serio, silente, que poco a poco volvía a arriesgar soltando a sus laterales y abriendo ventanas para que la clase del tridente local sentenciara. Luis Enrique ideó una revolución en el velocímetro al sentar a Denis Suárez (fuera de tono, no enmendó la ausencia de Rakitic) y dar la alternativa a Rafinha. El brasileño, iluminado en citas precedentes, debía engrasar el juego entre líneas. Y el cambio le dio la razón (de manera indirecta) al técnico de inmediato.

Una sucesión de regates en baldosas enjabonó la sentencia. Iniesta zigzagueó, con túnel incluido, en la frontal y entre tres obreros. El cuero arribó en la zurda de Messi, que plagió caño y virtuosismo sin espacios para chutar raso. Roberto despejó y Suárez cazó el 2-0 en el minuto 67. Menos de 120 segundos después, el esférico volvía a enlazar los cordones del 10 argentino, que activó, otra vez, su mística en el baile para desnortar a toda una línea defensiva y encontrar a Jordi Alba. El lateral, incorporado en un timing perfecto, cruzó su zurdazo hacia el segundo poste, redondeando un cuadro de paroxismo técnico e individual. Hacía tiempo que el Camp Nou no paladeaba una consecución de dulces tan exquisita (antes discurrían por vías corales) y, con los tres puntos repartidos, disfrutó de una apnea de semejante estatus. El Balón de Plata resplandeció para descorchar el champán y abrir los turrones.

La fiesta no finalizó ahí. Neymar, que quedó descuadrado en la exhibición, imaginó una elástica invertida que situó el registro de caños en el perímetro del área ajena en tres. El apagón de concentración perico le costó el sudor previo y la concepción de seguridad defensiva. La acumulación de peones no evitó la grandeza de los aristócratas de este deporte y los últimos 15 minutos asumieron la definición baloncestística “de la basura”. Así, las rotaciones encontraron hueco precoz y Umtiti dio descanso a Busquets, Reyes entró por Piatti (de más a menos) y Melendo hizo lo propio con Caicedo. Mascherano (imperial, al fin, en el fondo de la retaguardia) pasó al mediocentro y la pelota volvió a ralentizar su paso.

David López, ex central del Nápoles, inscribió su nombre a la nómina de colosales acciones y atravesó todo el terreno, propulsado por su alma de mediocentro todoterreno, para aterrizar en la frontal y colocar en la escuadra una contra sencilla de ejecución del Espanyol. La honra de un púgil noqueado por la improvisación contrincante quedó salvaguardada con un gol de nota que redujo distancias en el minuto 80. La relajación del gigante, que aflojó el rigor táctico en este intervalo final, patrocinó el sensacional esfuerzo que premió la competitividad del sistema construido por Quique Flores. No conseguiría aumentar su fama tras empatar en el Calderón el pasado fin de semana pero sí dejó su impronta guerrera ante su enemigo íntimo. La cesión de Gerard Moreno y el desmarque previo no desmerecieron a la finalización de su compañero.

La recta final amainó la espectacularidad entre el ánimo templado de medio equipo local y la animosidad hambrienta del tridente. Messi sentó a dos zagueros con un amague que frenó el tiempo, dentro del área, y chutó desviado; Suárez siguió fluctuando hacia los costados en busca de balones que enviar hacia el sediento Neymar; y Rafinha ejercía como conector entre líneas, igualmente motivado por subir el volumen de la celebración lo máximo posible. El charrúa terminó encontrando rematador a su muestrario de pases en una contra que Lionel definió con un suave toque que dejó el balance de túneles en cuatro. Roberto pagó el pato, encajando un saco de goles maravillosos, y el Barcelona se reencontró con una faceta que tenía desatendida, la estética. Con los automatismos de la orquesta por afinar, las individualidades facturaron un triunfo que presiona al campeón del Mundial de Clubes y lanza la convicción de los culés en una noche que aclaró su pronóstico a partir del minuto 60. El coliseo culés se despidió de la Liga en este 2016 que se extingue con un sabor distinguido.

Ficha técnica:
4 - FC Barcelona: Ter Stegen; Sergi Roberto, Piqué, Mascherano, Alba; Busquets (Umtiti, min.74), Denis Suárez (Rafinha, min.65), Iniesta; Messi, Neymar y Suárez.
1 - RCD Espanyol: Diego López (Roberto, min.53); Javi López, David López, Diego Reyes, Aarón; Javi Fuego, Diop, Jurado, Piatti (Reyes, min. 80); Gerard Moreno y Caicedo (Melendo, min.70).
Goles: 1-0, min.18: Luis Suárez. 2-0, min.67: Luis Suárez. 3-0, min. 68: Alba. 3-1, min.79: David López. 4-1, min.90: Messi.
Árbitro: Mateu Lahoz (Comité valenciano). Mostró cartulina amarilla a Piatti (min.10), Aarón (min.13) y a Caicedo (min.65).
Incidencias: Asistieron al encuentro 79.370 espectadores en partido correspondiente a la jornada decimosexta de LaLiga Santander disputado en el Camp Nou.

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