TRIBUNA
Aznar y las primarias
jueves 05 de enero de 2017, 19:55h
La carta del presidente Aznar renunciando a la presidencia de honor del Partido Popular ha suscitado algunas críticas y, la verdad, pocas adhesiones.
En un país que abusa tanto de la siempre subjetiva memoria y que tan mal estudia la algo más objetiva historia es difícil alzar la cabeza y coger perspectiva. El balance de Aznar es enormemente positivo. Acabó con el fatalismo del paro estructural o eterno, dio el apoyo necesario para la internacionalización de la empresa española, terminó con el aislamiento del centro-derecha nacional en Cataluña y el País Vasco, fue un Atlantista sin complejos (aunque para algunos sobró énfasis en la denominada foto de las Azores), acorraló al terrorismo etarra hasta la liquidación y hasta revirtió los atroces índices que heredó de Felipe González cuando España estaba a la cabeza en todo lo malo ya fuera el paro, el sida, el déficit, el fracaso escolar, la violencia doméstica, el atraso tecnológico y algunos etcéteras más de los que nos hemos olvidado. Hoy me fijaré en su inmensa obra de crear una mayoría política de centro-derecha desde el PP.
Aznar y Francisco Álvarez Cascos consiguieron acabar con lo que parecía hegemónico: una mayoría de izquierdas en España. Lo hicieron uniendo a su proyecto a todo aquel que se acercara, pero sin complejos ni tibiezas. En aquel tiempo nada era fácil. El centro-derecha había sufrido la explosión de UCD y las reticencias de una gran parte del electorado a apoyar a Manuel Fraga. Aznar y Cascos fueron, poco a poco, construyendo una mayoría, política primero y social después, que cristalizaría en la mayoría absoluta de 2000, posteriormente revalidadas o resucitadas por Rajoy en las elecciones generales de 2008 o en los resultados espectaculares en las municipales y autonómicas de aquellos años. Un reflejo muy importante fueron las mayorías del PP en gran parte del “cinturón rojo” de Madrid. Para el PP dejó de haber santuarios de la izquierda. Hoy esa mayoría ha desaparecido por muchas razones, entre ellas el desprestigio de muchos dirigentes del PP (el voto huido a Ciudadanos es un voto de castigo en su gran mayoría) o el abandono del espacio ideológico del centro-derecha.
Se ha criticado que Aznar pida ahora primarias para el PP. Aznar heredó en 1990 un partido que tenía muy pocas opciones de generar una mayoría, y lo práctico, entonces, era embridar el partido para incorporar a todo el centro, incluido el centro-izquierda del CDS. Para ello hacía falta un liderazgo sin fisuras que consolidara el mensaje reformista y liberal que modernizaría España. El mensaje que lanza ahora Aznar pidiendo primarias no desdice al anterior sino que clama por un instrumento, un pragmatismo que no existe hoy en el PP, para reconstruir la mayoría.
Tampoco hay que olvidar que Cascos fundó su partido, el FAC, y todos sus procesos internos han sido mediante primarias.
Quien suscribe este artículo defiende las primarias por convicción democrática; hay que estar muy ciego o completamente ajeno a la realidad social que vivimos para pensar que todo este espectáculo de compromisarios que hemos vivido estos días en preparación del próximo congreso nacional pueda servir para generar, resucitar o recuperar la mayoría de los tiempos pasados. Apenas ha votado un uno por ciento de los más de ochocientos mil afiliados que dicen tener en el PP.
La ciudadanía, los más jóvenes desde luego, pide cada vez más claridad en los planteamientos, y transparencia y honradez en los procesos. También piden inmediatez, que en el caso de la política significa intervenir y sentirse protagonistas.
Tampoco el PP de los noventa es el de hoy. Los dirigentes necesitan primarias para que entre aire fresco y se revitalicen tanto el partido como, y esto es lo esencial, el ideario. Un líder nuevo refuerza el ideario pero también lo moderniza. No es sensato pensar que alguien que lleva toda su vida en política, con la ajenidad que eso supone, sea el más idóneo para decidir quién es su heredero. El “dedazo” sería un error histórico hoy. La petición de primarias de Aznar -todo un presidente honorario- debe de interpretarse en el contexto de ser el mejor instrumento -quizá el único- para recuperar la mayoría social y política que por muchas razones tiene el PP extraviada.
Y aunque hay que felicitarse por el esfuerzo que ha hecho Martínez Maíllo con su propuesta de acercarse al principio de un militante un voto, también hay que proclamar que no es suficiente. El galimatías de una votación inicial por los militantes o inscritos (ya ni la cúpula del PP se cree que existan los más de ochocientos mil afiliados) que luego deben validar los compromisarios -siempre serán apparatichk- es innecesario. El PP es la última fuerza política de España en votantes menores de cuarenta años y ahí es donde está la mayoría. Y esa gente que ya no vota PP lo que quiere es inmediatez, transparencia y sentirse protagonista, no inventos que nacen torcidos.
Y ya puestos, seamos ambiciosos… España -que tan mal copia a Francia en demasiadas cosas- podría imitar las primarias que han celebrado los franceses recientemente. Unas primarias abiertas a todos los que se declarasen de centro-derecha siempre que pagaran una pequeña cantidad de dinero (dos euros). Han sido un éxito absoluto. La energía generada por este proceso ha sido esencial para consolidar una opción ganadora para las próximas elecciones presidenciales. Las primarias son una fuente inmensa de legitimidad en un mundo político cada vez más brutal en el que es esencial el ímpetu y el espíritu ganador. Francia, con sus primarias, ha hecho una completísima encuesta en el centro-derecha que no ha podido salir mejor.
Las primarias no son ni perfectas ni una varita mágica. Son muy saludables si se hacen con limpieza y sin trucos. Para ello es esencial que se articulen de una forma honesta, a dos vueltas y con igualdad de armas para todos los candidatos. Parafraseando una vieja máxima, es el menos malo de los sistemas conocidos para elegir el mejor ideario y al mejor líder de cara a unas elecciones. La recuperación de la mayoría política del PP pasa por ellas. Y Aznar tiene razón.
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Abogado, empresario
Abogado, empresario. Estudio en la Complutense y London School of Economics . Ejerció la abogacía en Londres y a su vuelta, 13 años en la cosa pública: 12 como concejal en Madrid y 1 como Viceconsejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Su último comentario: “Ah y no vuelvo ni a tiros a la política”.
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